Las mentiras de la literatura [1]

Uno escribe por la más mezquina de las razones:

porque le gusta estar solo.

Lo de los lectores, es circunstancial (o consustancial, quizá), quiero decir, que son el asidero que garantiza al escritor no perderse en los abismos de sí mismo, pero nada más.

La mano tendida de los lectores (pero dígase que con uno sólo ya basta) permite al escritor no abandonarse a sí, contra sí mismo.

Los lectores le salvan la vida al escritor, no se puede soslayar este punto, pero no por lo que se cree: no por los royalties de las ventas, ni siquiera por la admiración o el status que se le procura con dicha veneración; qué va.

Los lectores (un sólo lector) representan el puente abierto que sabe el escritor puede cruzar cuando las cosas se ponen feas.

Los lectores (un sólo lector, pero bueno, atentísimo) es lo único que requiere el escritor: una pequeña tabla de salvación enmedio del océano funesto y terrible de su inmenso ego.

Cualquier escritor que le arguya lo contrario, le esta mintiendo.

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