Escritor en Allak – Infancias (re)visitadas

Kieron Williamson

es un niño inglés de siete años al que llaman “el pequeño Monet”. En su última exposición, hace un par de semanas, en la galería de Holt (Norfolk) de su ciudad natal,  vendió en menos de treinta minutos 33 de sus cuadros por la nada despreciable cifra de 150.000 libras [1].

Dicen de él que no habla demasiado, que tampoco pregunta, sino que simplemente se dedica a observar, que lo suyo es un aprendizaje visual [2] de los parajes de Norfolk y que más tarde retrata en sus deliciosos cuadros.

Dicen de él que es (o será) un genio.

El niño sólo pinta cuando se siente “in the mood”. Pero, sin embargo, pinta una media de seis cuadros a la semana, lo cual, se mire por donde se mire, es  una barbaridad.

Igual que los bestiales 104 títulos que tiene contabilizados la editorial Planeta y que fueron en su día firmados por Francisco Umbral, amén de los más de 20 mil (sí, 20 mil) artículos publicados en prensa.

Dejó dicho Miguel García Posada en su conferencia El escritor perpetuo que “su brillante facilidad [la de Umbral] no era sino el corolario de un vasto aprendizaje” [3]. Y es que es cierto que en Umbral la escritura se percibe “como forma de afirmación. Como forma de vida” [4].

Por ello, sus memorias de niño, las de la posguerra, que nos cuenta en Memorias de un niño de derechas, son sólo unas memorias entre el abanico posible de todas ellas. En su escribir tanto -y tan bueno-, lo que hace Umbral es ir fijando las cosas según le vienen.

Sigue así el consejo de su maestro Cela: “El viajero tiene su filosofía de andar, piensa que siempre, todo lo que surge, es lo mejor que puede acontecer” [5].

Y eso porque, además, el propósito de este libro es el de inventar su propia infancia. Así, cuando los recuerdos le asedian, lo que hace Umbral es “ atenderlos, transformarlos o dejarlos de lado” [6] según su conveniencia, y esta es lo que él llama la “sinceridad literaria”, el propósito de decir la verdad sobre un asunto, aunque ello implique que, sobre otros muchos asuntos, no se  diga tal verdad y se maneje la resignación, esa “forma última y menor de la libertad” [7].

Si tomamos en consideración la idea que de genio nos propone Umbral en su libro, ésta, la de que “genio es el adulto en quien no se ha atrofiado la capacidad de participación del niño” [8], podemos decir que este libro está escrito por un genio, pues el narrador umbraliano, igual que Kieron Williamson, que participa de la realidad copiándola, (re)cuenta el pasado participando de su construcción.
Lo dijimos antes, a la memoria a Umbral le viene un aluvión de recuerdos y él “participa” en su criba y nueva enunciación, legándonos una construcción artística, y ya, por tanto, literaria.
El libro está estructurado con la voz narrativa de una tercera persona del plural (nosotros, los chicos, “los niños de la guerra”), aunque hay pequeños deslices hacia el yo, como en la página 58 (“el demonio tomaba mi cuerpo, mi carne, y entonces yo no tenía desde dónde luchar” [9]).
Ello produce el efecto de ser una suerte de tratado sociológico de costumbres y usos: la cultura popular de la época de la postguerra, pero con la presencia fascinada del grupo (los niños de la guerra) y la irónica y creativa del individuo (Francisco Umbral).
Todo ello contado a ráfagas: a través de cortos fragmentos autónomos.
Gracias a este pequeño truco de composición, el libro resulta fresco hoy, a pesar de haber sido escrito en 1972.
Con este libro Umbral comienza su proyecto memorialístico, su “círculo de la memoria” y, por tanto, adquiere así Memorias de un niño de derechas la categoria de libro embriónico.
Dicho proyecto puede argüirse que se realiza en parte para vengar la ausencia de un padre desconocido (hasta su muerte nunca sabrá quién fue de veras su padre, siquiera el nombre) y, en parte, para validar su estatuto literario, su biografía de escritor, por así decir.
A su manera, es también un libro pionero, pues anticipa toda una serie de libros memorialísticos que aparecerán tras la muerte de Franco.
Es pues una importante “referencia histórica generacional” y un libro en el que hay “una profunda imbricación de la memoria personal y de la memoria histórica colectiva” [10].
El que también se propone ser un libro generacional es Los príncipes valientes, de Javier Pérez Andújar.
En él, la narrativa no se encuadra exactamente en el terreno de la biografía (aunque narrador y escritor comparten la Barcelona suburbial de los años setenta, en torno al río Besós), sino más bien en el de la novela.
Pero es autobiográfica en el sentido de que muestra cómo “además de una resistencia política existe una resistencia biográfica” [11].
Así el nudo de la novela podríamos decir que se halla en la idea de que “el olvido y la ignorancia son una misma cosa [12]. La novela, pues, sería un remedo para dicho mal.
En Los príncipes valientes nos encontramos con una novela canónica en tres actos, una historia de amistad entre el protagonista/narrador (sin nombre) y su amigo Ruiz de Hita, y que se basa en el amor de ambos a los libros; una novela construida en torno a la premisa de que siempre existirá la justicia poética.
En ella, su autor se propone demostrar que  “aquella gente de clase obrera existía”  [13], y ello, con el transfondo de una ingenua historia de amistad entre dos niños cuyos padres son enemigos irreconciliables.
La novela de Pérez Andújar puede leerse a tres niveles: la novela clásica de amistad infantil, la obra de formación (u aprendizaje, que aquí no son exactamente lo mismo) de aquel que “con fanatismo de niño  se ha prometido hacerse escritor para serle fiel a su paisaje, a su ideología” [14] y una memoria sentimental de la tv, el cómic y los libros que leían los niños en España en los años 70.
Así, su propósito generacional, residiría en el tercer nivel de lectura.
La parte que se podría decir más “auténtica” de Pérez Andújar es aquella donde el narrador olvida su interés sociológico y generacional y donde abandona, además, su negra sombra umbraliana.
Y ello, porque la fuerza de la metonimia umbraliana aquí se le descafeina, por no serle propia, claro; y suena a tropo desvencijado.
En su mejor parte, el libro está lleno de intuiciones geniales echadas al vuelo, y así, reflexionando sobre los otros, el narrador se da cuenta de que “sólo voy a poder ser yo nutriéndome de los otros” [15].
La parte que podríamos considerar “ensayística” es mejor cuando toma el género del dietario y se hace apunte o croquis, y se vuelve un poco morosa y autoindulgente cuando trata de dar explicaciones racionales a las series y cómics que ve y lee, por la razón de que aquí es el adulto escritor quien habla y no el niño.
Por ello, esos mínimos apartes de la narración, suenan impostados.
Por lo demás, se trata de una tierna historia de amistad y amor por los libros, un viaje proletario y sentimental a los años setenta de nuestra España franquista,
no exactamente en la línea de Marsé y Francisco Casavella (más pícaro el primero y canalla el segundo) como opina Masoliver Ródenas [16], sino tal vez más del lado festivo y brioso de Francisco Candel.
Una buena obra sobre la genial infancia del niño-escritor, cuyo mayor acierto es la franca oralidad que desprende (se recomienda ir leyendo extractos en voz alta) y que le hace a uno sentir esa fascinación “participativa” del niño, generalmente perdida en la edad adulta.
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[1] Andy Dolan. Art world goes mad for Britain’s ‘Mini Monet’: Boy aged seven makes £150,000 in 30 minutes by selling his paintings. Daily Mail. 1st August 2010.

[2] Patrick Barham. The boy who paints like an old master. The Guardian. 29-December-2009.

[3] & [4] Miguel García Posada, El escritor perpetuo. Conferencia-homenaje a Francisco Umbral dictada en el Aula de cultura ABC / Fundación Vocento el 27 de Marzo de 2008 (aquí).

[5] Camilo José Cela. El viaje a la Alcarria. Ed. Destino. Barcelona. 1967. [pág 10]

[6] Mariana Genoud de Fourcade. Francisco Umbral: Teoría y Práctica del diario íntimo. Revista de Literaturas Modernas. Nº 36 (2006). [pág. 239]

[7], [8] & [9] Francisco Umbral. Memorias de un niño de derechas. Ed. Destino. Barcelona. 3ª edición. 1986. [pág 84, 126 & 58]

[10] José F. Colmeiro. Memoria histórica e identidad cultural: de la posguerra a la postmodernidad. Ed. Anthropos. Rubí (Barcelona). 2005. [pág 106]

[11], [12], [14] & [15] Javier Pérez Andújar. Los príncipes valientes. Ed. Tusquets. Barcelona. 1ª edición. Octubre de 2007. [pág 42, 146, 233 & 203].

[13] Agencia Efe. Entrevista a Javier Pérez Andújar. Soitu.es. 10/11/2007.

[16] J. A. Masoliver Ródenas. El nuevo realismo urbano. Cultura/s de La Vanguardia. 19-Marzo-2008. Pág 14.

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