Los premios literarios de provincias

Hace pocos meses me presenté a un concurso de relatos.

Un concurso menor, de poco dinero, pero el cual me hacía mucha ilusión ganar. No alabaré las virtudes de mi texto, pues no soy quien para hacerlo (y resultaría feo, además), pero sí les diré el título del relato ganador de dicho concurso menor.

Es el siguiente: “El valor de la amistad”.

Anoche volví a leer el relato “Sensini”, del libro Llamadas telefónicas, en el que Roberto Bolaño habla también de su ritual salvaje de búsqueda de premios menores, la suya y la del famoso escritor Antonio di Benedetto.

La mujer de éste último los llamaba “los pistoleros o los cazarrecompensas”. Y, tal vez, la definición no sea tan desacertada, en tanto que quien gana estos concursos no es la literatura, sino más bien la rudeza descarnada.

A veces, eso sí, surge el milagro, pues el relato “Sensini” de Bolaño, de hecho, ganó el prestigioso premio de narración de la ciudad de San Sebastián (auspiciado por la Fundación Kutxa).

Se podría mirar este hecho igualmente de otra manera: el relato de Bolaño no deja de ser un metarrelato sobre la lógica de los concursos menores (aunque el de San Sebastián, dicho sea de paso, no es de éstos, sino “de los grandes”) y eso, a aquellos que forman parte de ese pequeño mundo de los concursos de relatos, por saberse reflejados, quizá les agrade, o acaso agradezcan que los escritores que se presentan a estos concursos reflejen ese mundo sórdido y misterioso de los concursos de provincias.

De todos modos es un relato tierno, “Sensini”, triste también, que habla de una amistad que surge de las extrañas circunstancias en las que tiene que sobrevivir el escritor novel. Así que, por ello, excede la anécdota de la vida de los “cazarrecompensas” de los premios de provincias, y se convierte, por derecho propio, en un relato digno de ser antologizado.

La diferencia, pues, es de categoría: un pasquín (u hoja parroquial “literaturizada”) que lucha contra una obra literaria.

Bolaño habla en este relato de una amistad profunda (aunque epistolar) pero utilizando un argumento diferente al de la propia amistad: los concursos de provincias.

Así, Bolaño (a pesar de utilizar un registro sencillo) trabaja hábilmente con el subtexto, con diferentes niveles del lenguaje. Utiliza la pragmática del lenguaje. Lo cual es contrario a la moralina o la fábula en la que se transmiten unos valores y que, por definición, no tiene virtud literaria sino  que es simplemente una propagandística de unos determinados valores universalmente aceptados: la amistad es buena, es importante, es noble y es sincera. Lo cual puede ser verdad o puede ser mentira, pero en cualquier caso no es literario sino un ideario programático de las buenas costumbres.

Para evitar esta confusión en los concursos de provincias yo propondría que se les cambiase el nombre, en contra de llamarles Concurso de relato, o Concurso de Narración, los podrían llamar sencillamente Concurso Ilustrado de Valores, con mención especial en cada edición a tal o cual valor (la amistad, el amor, el cariño, la verdad, la honradez, etc).

Así, entre otras cosas, el escritor novel ahorraría mucho dinero en fotocopias y portes de correos.

Y en tiempo, en angustia, y en desesperación e impotencia.

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