Escritor en Allak – Expectativas frustradas

Las estaciones de cercanías no son apeaderos, sino bisagras que nos devuelven hacia algún lugar conocido, sobre el cual no dejamos en el pasado que nuestra mirada se posase.

Así, en uno de estos miniviajes por las baldas de libros de la biblioteca, como una mariposa tímida, sin vuelo todavía, recién salida del capullo, aleteando en un chispeo  débil, me encontré con Cartas de un cartero casi enamorado, del escritor Pablo Caballero.

Igual que Javier Goñi, finalizo yo también la lectura de esta novela en una “sofocante tarde de julio” [1], sólo que cuatro años después que él.

La historia es la de un cartero adolescente, un así llamado “cartero del banco”, que viaja cual tren de cercanías con su carrito naranja chillón y su polo naranja chillón , por las calles aledañas al Bernabeu, entregando cartas. Circula por Madrid a pie, pero también en metro, en autobús.

“Un tipo más con una cara cualquiera” [2].

Un día decide intercalar entre esas cartas bancarias que él entrega otras cartas con un contenido más personal, cartas donde introduce las hojas que arranca de la libreta de su diario. Fantasea con lo que sentirán, pensarán o imaginarán sus destinatarios al recibir estas cartas, hojas del árbol de su vida.

Hipotetiza la extrañeza de sus interlocutores; se pregunta si acaso no las tirarán directamente a la basura.

Sigue entregando metódicamente esas cartas, una cada día, a destinatarios distintos, llueva o haga frío, calculando las direcciones, estimando cuál será su mejor objetivo.

Y es que estas cartas son el único resquicio en el que se permite una mínima idealización, algún sueño mínimo y pacífico. Acaso un contacto con el mundo. Se diría que estas cartas son su salvación.

Hasta que aparece Eva.

Porque el cartero no tiene amigos, y vive en un piso compartido con un tipo que nunca está, y si está, tiene la puerta cerrada, pues está justamente con su novia: su novia que es Eva.

Una mañana, el cartero se encuentra con Eva, saliendo de la ducha como una sirena, una imponente VenusAfrodita (bueno, así es como quiere verla el cartero, y es que ya nos advierte bien pronto de que es más bien feucha). Pero, sucede que Eva, la novia de su compañero de piso lleva el batín blanco del cartero sobre el cuerpo.

Eso, esa circunstancia, ese simple azar, diríamos, lo cambia todo.

Este momento es el momento en toda la novela en el que más cerca está el cartero de, por decirlo finalmente, comunicarse con otro cuerpo, con otra voz. Establecer una comunicación a tiempo real.

Así que el interés por las cartas, por supuesto, decae. Y el interés por Eva, que no podría considerarse amor sino simple curiosidad (alentada por la facilidad y la cercanía), crece.

Hasta que llega un momento en el que igual que comenzó, el proyecto del cartero, finaliza, sin mayor motivo. Simplemente se acaba.

El cartero, “una hormiga más” [3], continúa con su recorrido diario, su polo naranja chillón y su carrito, y nosotros seguimos a lo nuestro.

La novela se acaba y ya.

Se trata el libro de Pablo Caballero de una narración meritoria, sin duda, aunque desilusionante, por el propio despropósito del personaje del cartero, su incapacidad, su grisura y la mediocridad de un mundo sin fantasía, sin ensueño ni imaginación.

Podría hablarse pues de una antiepopeya del acné. El retrato de un joven viejo incapacitado para el sentimiento, la poesía y el ensueño.

El libro de Caballero, por algunos momentos (y sobre todo debido a la cualidad casi telegráfica de su prosa) cansa, y ello porque el cartero adolescente hace todo “movido por uno de los resortes más poderosos que existen, la rutina” [4].

El protagonista (y se adivina que el propio escritor) pertenecen a esa generación carveriana, sucia, apática y lacónica,  que se construyó en los talleres de escritura madrileños a comienzos del siglo XX (el cartero mismo reconoce estar leyendo uno de los libros de cuentos del escritor americano).

Asimismo resulta muy fácil encontrar similitudes con el libro Voces en el laberinto, de la escritora francesa Céline Curiol (y que se publicó por las mismas fechas). Ambos libros se proponen “que la gente preste más atención a las personas que les rodean” [5].

Como bien dijo Juan Ángel Juaristo en su momento, uno de los mayores méritos de Cartas clandestinas de un cartero… “reside en esa invisibilidad que se quiere último refugio de la dignidad, al modo de un rincón difuso de dicha” [6].

Una interesante primera novela, ya lo hemos dicho, una estación (secundaria)  en la que, desde luego, vale la pena detenerse así sea un instante.

Y en mi viaje de ida y vuelta, buscando la doblez del sentimiento desangelado del perdedor anónimo, me he apeado en una soleada estación, llena de gente y bullicio y tensión y alegría y voces, buscando el verdadero hálito literario, la pulsión vivaz de la escritura, y ello, consciente de que “sin simbolización no hay placer” [7].

Así, me he encontrado con ese enorme fresco contemporáneo y magnífico que es Habitación Doble, del escritor Luis Magrinyà.

Se equivocan quienes dicen que este libro es un libro de relatos; libros de relatos eran Belinda y el Monstruo y Los Aéreos. Se equivocan quienes piensan que este libro es una novela, novela era Los dos Luises.

Pero tampoco hagan caso al propio Magrinyà cuando dice que esto es una instalación narrativa. Este libro no es una instalación narrativa (signifique esto lo que signifique); no puede serlo, puesto que no cuenta con el propósito unificador que tiene un proyecto al que se le pudiese considerar en el ámbito artístico propiamente como instalación.

Tampoco consta este libro de ocho situaciones paralelas que se comunican. Esa definición es instrumental, pero falsa.

No, lo único que puede ser este libro es una forma contemporánea de la miscelánea, no en el sentido de descartes de menor valor, sino en el sentido de que rescata los jirones perfectos de la mesa de trabajo del escritor: pone al abasto del público la caótica producción de un autor que se ve desbordado por una intuición estética, y ya no consigue ceñirse a un género previsto (y preexistente).

Porque leído el libro ateniéndose a los géneros concretos de la literatura, el libro es decepcionante. Y es justo esta su grandeza, que escapa a la catalogación.

Para ello mismo sirve el video que el propio Magrinyà ha elaborado sobre su novela y que se puede ver en YouTube (aquí). El vídeo no es un booktrailer, ni tampoco un cortometraje y sí una pieza de videoarte que tiene valor en sí mismo y que, además, dialoga con la novela Habitación Doble. No es un complemento recreativo; es, de nuevo, una intuición genial de Magrinyà que escapa (otra vez) a la catalogación.

El libro Habitación Doble está concebido sin brújula, es el trabajo del escritor durante un tiempo determinado tras el cual se junta todo el material y sorprendentemente (o no tanto) se da cuenta el escritor de que todo el conjunto guarda una coherencia de sentido.

Lo cual no es tan extraño, porque lo que une los diferentes materiales es el estilo del escritor (y, por ello, este libro sólo lo podía haber escrito un gran escritor, un escritor de estilo: Magrinyà).

Los temas son los de siempre, los propios del escritor: la preocupación por la relación padres e hijos. Pero hay más, hay relaciones sentimentales, hay indagación en el arte conceptual, hay un intento de ensayo (al estilo New Yorker) sobre el hijo/monstruo (el carnicero de Milwaukee visto desde la perspectiva del padre), sobre la adolescencia y su retrato en el arte, sobre las diferencias de edad en el amor y la pasión, sobre el fracaso en el mundo laboral, etc.

Se podría decir que los textos que componen el volumen son una suerte de autorreportajes, en un intento también de dar voz a la autenticidad de lo que el resto de medios no nos muestra, historias peculiares, a veces surrealistas, o más bien estrambóticas. Son historias de ida y vuelta, sí, pero a medias, partícipes más de un proyecto literario que no de una verdadera hilazón argumental o temática, a pesar de que es cierto que se tienden hilos mínimos entre unos personajes y otros.

Esto se concretaría en el intento de Magrinyá (a pesar de que él confiese que es un desastre como dadaísta [8]) de buscar los azares significativos. Se diría, pues que Magrinyà, en su intento de mostrar su “actitud de escritor” [9] pone el acento circunflejo de su particular estilo elegante sobre la cotidianidad.

Su intento es, como él mismo dice, el de “combatir la importancia”, andarse contra la falsa autenticidad fabricada en serie. Rescatar, en suma, el arte de lo infrecuente, de la singularidad y del talento.

El libro de Magrinyá, más allá de las historias que cuenta o los personajes que lo pueblan es un compendio de chispazos de vida, cada uno de ellos solventado con un tono y una estructura diferentes, casi siempre sorprendentes y, encima, harto simpáticas.

Un intento por por demostrar como “los recuerdos sentimentales son una maldición eterna” [10].

Todo el libro, pues, es una desmitificación de la grandilocuencia del arte y la pomposidad y el artificio; su máxima es: “ya conoces la clave, que es hacerlo sin proponérselo” [11].

Se trata pues de un libro especial, único, un libro “que se halla al margen de la moralidad” [12] y que justo por ello, es casi un prontuario ético.

Un libro imprescindible que,

sin aspavientos, pero con la máxima inteligencia,

nos muestra un camino personal para la práctica literaria del nuevo siglo.

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[1] Javier Goñi. Ojo de lupa de los sentimientos. Babelia. El País. 22-07-2006.

[2], [3] & [4] Pablo Caballero. Cartas clandestinas de un cartero casi enamorado. Ed. Caballo de Troya. Madrid. Abril de 2006.  [págs 101, 148, 153]

[5] Virginia Collera. Céline Curiol publica Voces en el laberinto, su primera novela. El País. Cultura. 24-05-2006.

[6] Juan Ángel Juaristo, reseña en Escaparate / El Cultural. El Mundo. 27-05-2006.

[7][10] [11] & [12] Luis Magrinyà. Habitación Doble. Ed. Anagrama. Barcelona. Mayo de 2010.  [págs 126, 240, 140 & 84]

[8] & [9] Luis Magrinyá en entrevista con José Andrés Rojo. Tu vida es siempre la de alguien más. Babelia. El País. 05-06-2010.

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