Difusa deontología del escritor [7]

1.

No es labor del escritor

juzgar la extrañeza de la vida o sus relaciones sinérgicas, sino ameritar su comprensión, pues contra lo que se piensa, que una vida se nos destile “comprensiblemente” es labor que debemos merecer.

Dicho esto,

se entenderá que habitar la casualidad como forma de vida es cosa que sólo se le debería permitir a las personas menores de siete u ocho años.

Porque lo hemos dicho cien veces: la casualidad no existe,

aunque tampoco es cierto su contrario.

O sea, no hay una causalidad estricta, pero sí una casuística con reglas de repetición o probabilidades.

Y así se me reveló esta idea el miércoles, que los sensacionales errores de la vida son como un premio que no es un premio,

como una confirmación de la sospecha: la sospecha de que la vida no tiene por qué ser peor que la ficción.

2.

Yo diría que la cosa empezó mal

porque hasta las once y media de la mañana -del miércoles- no conseguí dormirme (me distraje con una incomprensible tertulia radiofónica).

Me desperté a las dos del mediodía

titubeando a tropezones contra los muebles y sufriendo la inteligibilidad del habla entrecortada,

y es por ello que no me quedó más remedio que ducharme con rapidez y vestirme y salir a la calle a hacer unas gestiones que tenía pendientes

(Gestiones que conseguí resolver parcialmente).

Me fui después a un par de bibliotecas a devolver un montón de libros que ya tenía leídos y a sacar otro montón (que, obviamente, tengo sin leer -todavía-).

A este respecto

leo ahora (jueves de madrugada) unos versos de Philip Larkin,

del poema A Writer, que dicen:

“He knew, of course, no actions were rewarded” [1]

verso que en aquel momento de la tarde del miércoles no tenía el menor sentido, pero que  fue cogiendo sensatez según pasaban las horas.

Leí con placer las crónicas inventadas que de Barcelona hizo Vila-Matas en los años noventa [“Desde la ciudad nerviosa”] mientras estaba, como cada miércoles por la tarde (según es mi costumbre), en el Lletraferit.

Es obvio que todo lo que cuenta Vila-Matas es inventado y que jamás salió de su gabinete (supongo que tendrá gabinete y no despacho) para comprobarlo; y es que, de hecho, no le hacía falta.

Y esto lo supo quizá sabiendo aquello de lo que alertaba Larkin.

Le contestaría Larkin en el poema A writer, diciendo:

“He lived for years and never was surprised” [2]

Lo que significa que en la vida hay lo que ponemos nosotros.

Y esto depende de nuestros ojos. Otra vez Larkin:

“It was a gift that he possesed alone:

to look the world directly in the face” [3]

Claro que Vila-Matas lo pone en otros términos.

Él dice que:

“la realidad imita a la literatura” [4]

3.

Todo esto se comprenderá más fácilmente si seguimos con los hechos:

De vuelta a casa descubrimos que la muchacha no había venido la casa y que todo estaba habitado por el justificado desorden de los días anteriores.

La muchacha no había llamado, ni avisado, ni nada.

Como andaba muy cansado me acosté una media hora y a las siete y media volvimos a salir de casa.

Ángela me aseguró que había que coger le autobús 41 para llegar a una presentación de una revista a la que nos proponíamos ir, al lado de la Diagonal.

Y cogimos el autobús 41, que fue subiendo por Plaza Universidad y luego por Plaza Urquinaona y más tarde se adentró por Arc de Trionf (exactamente la dirección contraria) y nos apeamos.

Ángela, preocupada, me dijo que cogiésemos un taxi.

Yo me detuve y pensé en un verso de Miquel Partí i Pol que había leído esa misma tarde:

“Mireu-me bé: sóc l´altre” [5]

Entonces cogí a Ángela de la mano y nos quedamos parados en una esquina. Y me imaginé a mi y a Ángela, a esos dos que la realidad designa y que se iban a una presentación de una revista de poesía y dije en alto:

“no, qué va, para qué vamos a ir…, ya irán los otros, los de mentira…”

Ángela me miró, pero no con la preocupación de observar las consecuencias del equívoco sino con una extraña magia en los ojos.

Y sin tener que decir nada caminamos de la mano, en silencio.

Y subiendo una calle, sin querer, me detuve. Levanté la vista.

Y vi esto:

IMG01532

Ambos fuimos conscientes entonces claramente de cómo no es una cuestión de azares en la vida, ni de premios ni  favores, ni recompensas, ni milongas, ni chácharas ni recelos.

Todo eso es la excusa del idiota. Y del mal escritor. Y de las malas personas, las que no confían ni someramente en sus propios recursos y por ello recurren a la responsabilidad ajena, echándole a la vida la culpa de todo.

Sucedió entonces no que nos hubiésemos confundido, sino que habíamos obligado a la realidad a que se equivocase para complacer a nuestros deseos.

Porque algo he de decir, y es que cuando volvimos a casa

(después de haber estado bebiendo varias jarras de cerveza para celebrar la sapienza del talento de los ojos que saben acertar qué es lo mejor)

y miramos el portátil, mis ojos no se extrañaron al comprobar que claramente en la web del TMB (transportes públicos de Barcelona) decía que el autobús que tendríamos que haber cogido era exactamente el 41,

el mismo autobús que justamente habíamos cogido nosotros y que, en contra de llevarnos a una (supuesta) fiesta de la literatura (al simulacro),

nos había llevado a la literatura misma (a la convincente realidad de la vida);

lo que significa que:

el escritor debe tener la mirada bien limpia y las córneas no apuntando a su ombligo sino siempre hacia el cielo,

por si acaso se le aparece el verso, la rima, el símbolo o la (pre)cuela de su novela misma.

IMG01578

CONTENIDO EXTRA:

Hablando de cosas que tienen que ver con los ojos

y que ratifican que es cosa necesaria del artista el tener unas córneas decisivas,

el jueves a la tarde/noche (esta tarde) estuvimos viendo “Imperium Karnaval”, la inauguración de la exposición de las nuevas pinturas del pintor francés Stephan Guillais, en el Setba Zona d´art,

un espacio precioso con inmejorables vistas en la Plaza Real (nº 10, 1º, 2ª)

IMG01568

Ya sólo con la declaración de principio de Stephan debería quedarles todo claro:

IMG01572

Transcribo (por si acaso no se lee bien):

Pintar como uno descarga un camión lleno de muebles antiguos y frágiles. Pintar como cazar con arco y flecha en su jardín.

Meterse deliberadamente del lado equivocado para poder volver con regalos y un relato que ya no es más una historia pero que sin embargo cuenta algo. La delgada melodía interior que se desliza entre lo que llamamos dos instantes.

Pintar como se pintaban las cavernas o acaparándose de todo, poco importa.

Quedaremos frente a la imagen para por fin hablar con nosotros mismos.

Subrayen en sus cerebros esta idea: se crea desde la tradición, y se crea para revelarnos a ese otro que somos nosotros mismos. Es el único modo de ser modernos, tomando en consideración a los clásicos.

Aquí, un ejemplo, el autoretrato de Guillais que a mí me ha impresionado profundamente:

IMG01559

Lo de que el arte nos acompaña, refleja e ilumina es totalmente cierto, ningún cuadro me ha impresionado de tal manera como este

(y ruego disculpen la baja calidad de la foto, tomada con la Blackberry, pues no consigue mostrar la hondura del cuadro)

desde que vi en Santander el autorretrato de Basquiat hace dos años.

Y no es gratuita la mención porque ambos tienen una marcada filiación por lo ancestral, lo profundamente humano y esa severidad gozosa del saber que uno está vivo.

Hay muy pocos pintores proteicos y que se fijen en lo fundamental, y Stephan es uno de ellos. Por suerte.

Y si quieren más razones para ir a ver la exposición, fíjense qué detalle tan de Harold & Blúm,

una antigua ducha de mármol blanco haciéndole la fiesta a uno de los cuadros:

IMG01563

IMG01564

Y ahora algunos de los cuadros:

IMG01551

IMG01555

Y la gente:

IMG01556

IMG01557

IMG01558

[1], [2] y [3] Philip Larkin. A Writer, de Early Poems (1938-45), incluido en “Collected Poems”. Marvel Press y Faber & Faber. London-Boston. 1990.

[4] Enrique Vila-Matas. “La agenda de la mujer doble”, en Desde la ciudad nerviosa. Ed. Alfaguara. Madrid. Octubre de 2000.  [p. 119]

[5] Miquel Marti i Pol. Poema sin título, de Vint-i-set Poemes en tres temps (1970.1971), incluido en “Poesía completa”. Edicions 62. Barcelona. Marzo de 2008.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Deontología del escritor

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s