Difusa deontología del escritor [2]

¿Qué más se le puede pedir a las palabras? ¿Acaso vamos a exigirles más que a la realidad, más que a la propia vida? [1]

Pues yo creo que sí,

a las palabras deberíamos exigirles -por sobre todo- la verdad.

Incluso cuando nada entendemos.

Esta frase, por ejemplo, de Jorge Riechmann que me ha asombrado hace un rato:

De lo que se trataba era de restituir la sabia a los exhaustos [2]

No consigo entender qué demonios quiere decir y, sin embargo, me asombra, porque intuyo que algún tipo de saber la fecunda.

Una reflexión al vuelo: la verdad es todo aquello que se nos resbala de los dedos.

Una consecuencia: sólo los clásicos están llenos de verdad.

Una obviedad: la literatura veraz, la que perdura, no nos refleja, sino que nos evade. Por ello nunca conseguiremos agotar un clásico.

Esa es la razón primordial por la que la mayoría de los libros se nos caen de las manos.

Pienso en una certeza que me dijo A. esta noche: la desmesura.

Dijo: ¿te das cuenta de que tu mente va cien veces más rápida que la del resto del mundo?

Me apené, he de confesarlo. Me sentí idiota. Me sentí en falta.

Dije: sí, supongo…. supongo que sí.

Pero para mis adentros, pensé: ¿yo? Yo que me tengo por el más bruto de los hombres, lento con mis disquisiciones, torpe con mis humoradas, bravo con mis filiaciones…

Pensé y no pensé… mientras la melancolía me abatía.

Consumí el resto de la noche en la lectura de libros que al poco tuve que arrojar ferozmente al suelo.

Hasta que hace apenas un segundo

(y son las seis y cincuenta y ocho minutos de la madrugada del viernes)

la luz me sobrevino.

Se trata de un verso de M. Tsvietàieva, dice:

¿Que hace el desmesurado

en el mundo de todas las medidas? [3]

Y ahora lo entiendo todo:

la verdad eso tras lo que corremos brutalmente.

Me digo:

ajá, Pepe, esa es la virtud de todo escritor, correr sólo, exclusivamente tras la verdad.

Lo demás… bah, lo demás es una triste borrosa fotocopia del mundo.

Y, además, además, tú no puedes cargar solo con la aceleración del movimiento del mundo todo, me digo,

no sin sentir cierta aflicción me lo reprocho… sí, es verdad.

He de confesarlo.

Sí.

– – – – – – – – –

Canción del día:

Someday Someway – Robert Gordon

– – – – – – – – – –

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[1] Ana María Moix, del prólogo a “Retratos (con flash) de Jaime Gil de Biedma“, de Luis Antonio de Villena. Ed. Seix Barral (colección Únicos). Barcelona. Abril de 2006.

[2] Jorge Riechmann. “Mas cera de la que arde”, del libro Conversaciones entre alquimistas. Ed. Tusquets. Col. Marginales. Barcelona. Mayo de 2007.

[3] Marina Tsvietáieva. “Poeta”, incluido en Antología Poética. Traducción de Lola Díaz. Poesía Hiperión. Madrid. 1ª reimpresión. 1998.

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