Todo tiene -algún- sentido

Tal vez lo que estaba pasando era un aviso para él, una alerta para que prestara atención a las cosas importantes de su vida [1]

1.

La maleta está ya hecha,

el taxi avisado para que llame al timbre en dos horas y nos lleve al aeropuerto.

Esta curva que ahora se inicia marca el clímax del verano, su punto álgido y, a la vez, el  cataclismo oportuno del mismo.

En la calle hoy aparecieron las primeras brisas anuncio de septiembre. Las nubecillas de una oscuridad que pronto se transformará en otoño.

Y digo yo que por mí está bien. Las cosas deben seguir su curso.

Ya hay suficiente de verano, para mí.

Una fiesta no debe alargarse más allá de su apoteósis.

2.

No sabe uno por qué la memoria es tan caprichosa,

por qué recuerda lo que ella quiere [2]

Toda actividad,

así la más nimia, viene regida por un complejísimo mecanismo.

Cortarse el pelo, por ejemplo.

Yo supe que debía cortármelo hoy.

Ni ayer ni hace un mes ni hace cinco semanas, siquiera hace tres días.

No, cortarse el pelo tenía sentido sólo hoy.

Un largo proceso de aprendizaje del ser humano ha concluido hoy para alertarme de que la mesiánica ley de cortarse el pelo debia cumplirse sin dilación: hoy

Atender a estas simbologías,

prestar cuidado al devenir sensato de las cosas es lo que marca la diferencia;

siempre, me digo. Siempre.

Y me conduzco envalentonado hacia la nevera, la abro, y veo una botella de vino blanco y una lata de cerveza.

Y pienso: cómo es que voy a plantarme en dos horas en una terminal de aeropuerto sin sentir esa peleona gallardía del beodo… y me parece tan raro…

Pero, sin embargo, lo más curioso es que alargo la mano y toco la fría lata y el sudoroso cristal del vino

y devuelvo con convencimiento ambas cosas al interior de la nevera.

Y me digo: sí, esto también es una clara señal inequívoca.



3.

Nos asusta lo que no conocemos [3]

Del mismo modo que Harold & Blúm debía tener diez capítulos,

ni uno menos ni uno más.

Del mismo modo que

“Nos vamos a París” tenía que acabarse hoy y ya está.

así pienso,

así

la misma ley es la que rige el hecho ineludible de saber que no podíamos escoger otro hotel en París que

Le Chat Noir,

ese famoso cabaret parisino de Montmartre reconvertido hoy en encantador hotel que aún conserva toda su poesía.

Allí estaremos hasta la semana que viene.

Emborrachándonos de poesía simbolista.

Sean felices.

ChatNoir



[1] & [2] & [3] José Morella. Asuntos Propios. Ed. Anagrama. Barcelona. 2009.

[págs. 72,  112, 117]

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