Walah Walah (XLIII)

Porque cuando finalmente llegan los cambios deseados, los cambios y los acontecimientos que se habían perseguido durante años, uno los acoge con naturalidad y sin sorpresa, como si estuviera predestinado a ellos y fueran inevitables, como si siempre hubiera estado seguro de su llegada, y se olvida uno entonces de lo largo y penoso que fue el camino previo y de tantas veces que estuvo a punto de desistir y arrojar la toalla.

Manuel Pérez Subirana. Lo importante es perder. Ed. Anagrama. Barcelona. 2003. [pág 21]

 

Y sucede, amigo mío, que esto es tan incuestionable y que, además,  es tan verdad como los lucientes muros inviolables de un templo sagrado.

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