No borres las pistas

Nunca es tarde
para tener una infancia feliz
Ramon Buenaventura. Teoría de la Sorpresa.
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Li Yu & Liu Bo

1.

Pensando en los beatniks,

y esto por la  película “The beatniks” (1960) [Una burla de Keoruac y sus compinches], de Paul Frees, me brinca en la cabeza esta frase de J. Ernesto Ayala-Dip a propósito de Fogwill,

dice:

“Es posible que los seres o las realidades parodiadas sean ellos mismos los únicos responsables de la parodia de que son objeto” [1]

Y esto también a propósito de la pelicula “La maman et la Putain” que vi el otro día en la filmoteca.

Es una película de Jean Eustache.

También es pura parodia de la nouvelle vague. Su defunción y defenestración. Un verdadero tonelaje que no es que no le deje a uno indiferente, es que te deja tocado, tres horas y casi cuarenta minutos de puro aprisionamiento dialéctico.

2.

A veces, pienso que nosotros, o mejor dicho la imagen que tenemos nosotros de nosotros mismos es justamente eso, una parodia de la verdad.

Sentir con demasiado éxtasis la ventura de nuestros actos, nos lleva indefectiblemente al desasosiego;

sí, es ciclotimia esto de lo que hablo, ¡pues claro!, pero la ciclotimia, en fin, es una parodia de la falsa estabilidad que creemos gobierna nuestras vidas.

Su legado artístico, si se quiere.

Sin saberlo, nuestra mente hace arte de nuestra vida infame. Porque sino, tal vez, nos quedaría sólo el llanto o el suicidio.

Es exactamente esto que dice Ángel González:

“[yo soy] el éxito de todos los fracasos,

la enloquecida fuerza del desaliento” [2].

3.

“Una burbuja es sencillamente una situación en la que los inversores creen que una subida momentánea en el precio de algo va a ser permanente”[3]

Supongo que sucede lo mismo con nuestra personalidad,

que se comporta como una burbuja.

Y es que a veces pienso si la personalidad no es sólo un truco de la cultura para mantenernos bajo su yugo.

Una negligente artimaña de la vanidad.

Porque un éxito nos hace pensar en interminables sucesiones de éxitos. Y ello no suele suceder y, sin embargo, un día y otro es esa nuestra esperanza y convicción.

A ella, de hecho, solemos apostar casi todos nuestros recursos.

Es lo que nos vende la publicidad actual: la identificación a través de la tenue sonrisa provocada por el chiste barato. Una parodia más. Los prosumidores no son nada más que eso: una forma de falsificar la volición utilizando la simulación en modelos aparentemente actanciales.

Es por ello, imagino, que no nos queda sino la estética.

Fíjense en la proliferación infame del diseño gráfico y la cocina de autor, por poner dos ejemplos rápidos en esta nuestra Barcelona más actual.

Javier Marías lo dice en otros términos:

Lo malo de nuestro país es que la realidad siempre acaba imitando a su caricatura, y aun la deja pálida [4]

Sin estética

el ser humano no es más que un simpático esqueleto con piel y vello y enfermedades.

Irónicamente, sin estética, no hay poesía.

Y, sin poesía, no hay vida que merezca la pena ser vivida.

4.

Creo que con toda probabilidad,

nuestro problema radica en esos mismos modelos de representación

(las obras de arte contemporáneas).

Si la época anterior a la nuestra se caracterizaba por ser una época trágica, y por ello había de ser tratada con el humor,

nuestra época se caracteriza por su creciente desapego, y la forma seria e indolente que tenemos de tratarla y que, justamente, revela su falta de ironía.

La consecuencia es que el ridículo se ha disociado.

Nada es ya ridículo, porque todo lo es.

(un ejemplo de imbecilidad compartida)

Es decir, no hay modelos comparativos, ni criba, ni sistemas de valor. Así, el arte no hace parodia del ser humano, sino que irónicamente, lo vuelve sagrado.

El gran ridículo de nuestra época es, digámoslo de una vez: la solemnidad.

Y ello viene marcado muy de cerca por la ignorancia.

5.

Por ello,

debido a la falta de distancia crítica con la realidad,

las obras de arte actuales suelen nacer ya casi muertas, fatalmente ligadas a un momento histórico tan preciso y particular (en el que son creadas),

que en un suspiro su vigencia ya ha pasado.

Y esto tiene un correlato insoslayable en nuestra personalidad, que no acepta el fracaso, y lo disfraza, y crea en torno a él una burbuja, y la dialéctica se utiliza para suavizar los rastros y no para enfatizarlos.

Pero sin rastros, démonos cuenta, sin las piedrecitas que se van dejando para marcar el camino, lo que quedan son livianas y fútiles migas de pan,

y, ya lo sabrán Vds. que este mundo está lleno de buitres disfrazados de pajarillos que no dudarían un instante en comerse todas las miguitas.

Este es el gran problema de nuestra sociedad,

que queremos que todas las cosas sean iguales, pero si invertimos el aserto, fíjense: si todos somos iguales, significa que necesariamente no hay nadie ni nada diferente.

Si cada cual no marca su propio camino con las piedrecitas que son sus fracasos,

y sustento propio de su personalidad, la consecuencia es sencilla:

que la burbuja cada vez se vuelve más irrespirable.

Y muchas burbujas juntas, atropellándose, acaban pareciéndose bastante a una ciudad sitiada.

[1] J. Ernesto Ayala-Dip. “Una argentina soviética”. Babelia (El País).04-07-2009.

[2] Ángel González. Para que yo me llame Ángel González.

[3] La crisis financiera. Guía para explicarla y entenderla. Juan Torres López, con la colaboración de Alberto Garzón Espinosa. Editado por ATTAC. [Pág 20]

[4] Javier Marías. Caricatura del jefe español (o no tanto). En La Zona Fantasma. 5-Julio-2009.

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