Hay fuego en el balcón

IMG00061

1.

En la casa tenemos aire acondicionado,

pero a mí, dejarlo toda la noche en marcha, me produce claustrofobia. Porque ello obliga a mantener las ventanas cerradas, sobre todo las del balcón.

Así que A.

prometió regalarme el ventilador que yo quisiese, y ayer a la tarde nos fuimos a buscarlo.
Irónicamente el que me pareció mejor fue el mismo que ya tuve durante los últimos dos años y que le regalé a mi hermano V.:

un estupendo Taurus Sirocco 14,

que ahora retruena magnífico en el pasillo.

2.

Estaba pensando antes en la orfandad, y su relación con la literatura española contemporánea.

Es cosa asumida en el ámbito anglosajón que las novelas, tanto postmodernas como las más últimas, dialoguen con obras clásicas de su tradición.

El primer ejemplo que se me viene a la cabeza es la novela que leo en la actualidad: “On beauty”, de Zadie Smith. Toma como referente “Howards End” de E. M. Forster. Y lo hace con la mayor naturalidad.

Por qué no sucede esto en la novela española contemporánea es todo un misterio.

Yo me aventuro a decir que es cosa de nuestro complejo.

En otro momento ahondo sobre esto.

Ahora no.

3.

Y es que hay cosas más urgentes.

Me cargué antes la aspiradora de A., unos vasos nuevos (que compramos junto al ventilador), traté de cortarme en los brazos sin éxito.

No sé, lo hacía antes. Proferirme cortes absurdos. Hace años. Todavía me quedan algunas marcas.

Es como la masturbación, que en determinadas ocasiones produce sosiego.

Pues lo mismo, pero no.

No conseguí cortarme, ver la sangre, notar el dolor. La marca roja sobre el brazo… nada.

Juro que estaba fuera de mí, no sé por qué. Hay cosas que todavía no sé controlar. No tengo respuesta.

Pero sé que me empujan a cometer desmanes, desvaríos, tonterías.

Hoy fue raro, me controlé.

Lo único que sé es que estuve en la puerta esta noche,sí, triste como muchas otras noches del pasado, sintiendo la fastidiosa incomprensión… con ganas de pasear en la noche… siquiera sabiéndome yo mismo.

Perdiéndome…

Y la tentación absurda, que algunos tenemos: pensar que la intemperie, la oscuridad, nos darán algún tipo de serenidad, calma, o certidumbre.

Se me pasó. En algún momento. Supongo que es un triunfo del carácter.

O no,

y me di golpes en el cráneo como un primate, y no exagero, porque todavía me duele.

Y sigo sin saber por qué.

Recuerdo algo que me dijo Sergio, un tipo guitarrista que vivía conmigo en Hospital Clínic, dijo:

uno cuando llega a los cuarenta comienza a estar harto de sí mismo.

4.

Me puse a ver “Gomorra”, de Roberto Saviano.

Y me aburrí.

Luego traté de escribir algo, y sí, algo sí escribí. Unos tres párrafos, más o menos.

No hice más que beber ron. Después.

Bebo ahora ron, y son las siete y veintisiete am.

Ya ha salido el sol.

Pues bien.

Y no puedo hacer más que escuchar “El silencio”, y mirar el techo.

Y acordarme de este verso de César Vallejo:

Si he cantado mucho, he llorado más



Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized, Vida personal

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s