Cartografía Sentimental (VII)

<<<<<5 cosas>>>>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

1. El film Control, de Anton Corbijn, documental basado en la figura de Ian Curtis, cantante de Joy Division.

COntrol

2. La versión que Señor Coconut hace del Smoke on the water: Humo en el agua.

senorcoconut

3. El ventilador Taurus Sirocco 14 que me ha regalado Ángela para que pueda escribir por la noche sin morirme de calor.

Taurus4. La canción “Noise!, Noise! (gimme gimme gimme)” de Nuevo Catecismo Católico.

5. Que hoy retomé la novela de Carlota, y que ahora se va a llamar “El beso” y que como me salga bien… ¡guau!

<<<<<<Aquí
un extracto
de la parte quinta>>>>>>:

Quise salir pronto de casa de Carlota.

Apenas abrí un ojo, y por la tenue cortina se colaba el primer destello de subida del sol, me apresuré a acercarme al baño, me lavé la cara mientras me ponía los pantalones, la camisa; esperando al ascensor me di cuenta de que llevaba la ropa mojada.

Tardaba, el ascensor.

Marqué rápido.

Mamá no contestaba, mierda.

Ya en el portal, en la calle, en la acera adoquinada, mientras dejaba que se me acostumbrase la mirada a la luz de la mañana valenciana,

sentí como un gozo inesperado en la calle Cavanilles.

Los soportales todavía tranquilos, algún portero limpiando la acera, con su uniforme azul.

Alguna bicicleta temprana por el carril verde.

Un taxi legañoso y tibio, con ese negro y amarillo que me parece ahora recién pintando, nuevo, extrañamente creado para mí, para consignar que lo sucedido en la noche no hubiese sido un sueño, sino realidad pura, de la que hacía tiempo no me visitaba.

Tratando de convencerme de ello, hago el gesto de levantar la mano, de pedirle que se acerque, al taxista, y el taxista se acerca y pone los intermitentes, se detiene.

Pero justo cuando está a mi lado me asombra un súbito pensamiento: su marido.

Un calentón repentino, tanto de cruel ardor sexual como un aguijón en el pecho, la razonable sospecha y… y, le digo que se marche al taxista, que se vaya, no, porque ese control inesperado y nuevo que adquiere mi voluntad sobre el mundo delata que la historia sobre mi padre que me ha contado Carlota necesariamente debe ser cierta.

Y no, no puedo soportarlo…

Vuelvo a llamar a mamá, pateando el suelo con los mocasines.

Mamá no contesta, mierda.

¡Mamá!, ¡mamá!

Estoy tan excitado que necesito caminar un poco, pienso, y me meto por Juan Martorell y Jaume Roig, pero, sin darme cuenta, o mejor dándome toda la cuenta del mundo, volteo la manzana y me encuentro otra vez en Cavanilles.

Frente al portal de Carlota.

Vuelvo a llamar a mamá, mordiéndome absurdamente los puños de la camisa.

Joder, entonces me doy cuenta de que me he dejado la americana arriba.

Tendré que volver, me digo.

No hay más remedio, tengo que volver a subir y afrontar los hechos. Tengo que volver.

Esa americana me la regaló mamá, la quiero.

Esta inexperta resolución mía me llena de júbilo.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Cartografía Sentimental

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s