Insomnio

Si llevas fumados tus buenos cigarrillos y hace ya sus horas que no te has acostado, te pitan los oídos.

No del modo ese en el que dicen que es cuando alguien piensa en tí, y que resulta un pitido largo, intenso y gozoso en su promesa de deseo.

No, el pitido al que me refiero es otra cosa de menor espectacularidad, y eso a pesar de la sordina ribeteante que de los párpados surge y acompaña tamborilera y marcial. Y ello a pesar del escozor como de trompetas de la piel y el crujir de washboard table de las rodillas.

El pitido a que me refiero es más el pitido fúnebre de quien se siente agotado y , aun a sabiendas de tener la batuta en la mano, le ruega a la orquesta que se detenga, pero la orquesta no le oye. O no le quiere hacer caso.

Es el pitido como el de alguien en coma, pero todavía con actividad emocional, que ruge en su interior porque se detengan las máquinas, pero el botón de las máquinas sólo queda al alcance de los otros. Esos otros que no vemos. Ni sentimos.

Y es que cuando estás tan excitado, por la nicotina y las horas largas de sueño, todavía puedes dormir menos.

Y la paciencia se te vuelve histeria. Y la histeria sinrazón. Y la sinrazón taquicardia.

Y los ojos una nebulosa atravesada por cuchillos. Y la punta de los cuchillos roza, casi llega, pero nunca con suficiente fuerza como para presionar el botón de la máquina que te mantiene todavía en la duermevela.

Y en la duermevela fumas ese último cigarro arrogante, y con el destello de las sombras grises, te dices confiadamente, tan seguro de ti mismo:

-Claro, hombre, pero qué tontería, pero seguro que hay cientos de personas pensando en mí en estos mismos momentos…

Y milagrosamente los pitidos cesan. Y son las 12:23 minutos (pm) de la mañana del miércoles.

Y ríes, te levantas, das vueltas por la casa.

Y te vas a la cama y descubres el magnífico techo inmensamente blanco, igual que un cielo prometedor.

Pasan los minutos. Y tú sigues sin poder dormir… y miras a tu alrededor;

así que te levantas, vuelves a la mesa de trabajo, a la otra habitación.

Mientras piensas es los casi diecises o diecisiet esoldados del sueño que surgen del paquete negro de John Player Special suena el teléfono.

Es un número de móvil.

Lo coges extasiado, pensando que puede ser… que tal vez, que.. que hay alguien que sí está pensando en tí…

Una voz femenina anuncia:

-Hola, soy Encarna…

Y la dejo hablar, escuchándola gozosamente.

-Sí, sí, dime…

A los pocos segundos se me va borrando la sonrisa.

Enciendo otro maldito cigarro y soltando furiosamente el humo digo “gracias, gracias, muchísimas gracias, muy amable”.

Es del banco, dice que ya tiene la tarjeta que le pedí hace tres semanas.

Antes de colgar le preguntó: ¿qué día abrís por la tarde?

Dice: ya hasta agosto nada.

Qué bien.

La conversación apenas ha durado 40 asegundos.

Son las 12:47 pm.

Fantástico.

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