Walah Walah (XXV)

Al contrario de lo que dicen, uno puede resistirse tanto al amor como a la obsesión, no es más que una cuestión de voluntad, igual que uno decide caminar o no hacia el borde del precipicio, entregarse al arbitrio de fuerzas ajenas, el vértigo, la gravedad, las veleidades de otro ser humano. No debería permitirse poner cara de sorpresa en la caída.

J. Alvargonzález. La gente terrible.

Y sucede que, además, es verdad.

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