Vivir la vida a ritmo de Rock & Roll

Emma Fitzgerald "Warpsichord Still"

Emma Fitzgerald "Warpsichord Still"

1.

Yo quería ir a ver el concierto de jazz.

Tocaba un grupo neoyorkino. El jueves por la noche.

No recuerdo su nombre (el del grupo); pero yo quería jazz, esa noche, necesitaba ver y escuchar jazz, justo esa noche.

Pero sucede que la vida tiene sus propias normas y deseos y sucede que el contrabajista (no el del grupo de jazz sino mi amigo) esa misma noche del jueves había huído con una sola maleta de la casa compartida a la de su madre.

2.

Ya lo hemos repetido aquí mil veces,

que la vida suele observar sus propias necias leyes, que son las siguientes:

la vida funciona por mimetismo y repetición, y cuando en la órbita de uno sucede algo, ese algo comienza a replicarse a sí mismo. O sea, la vida se cree a sí misma, con tal convicción que no admite réplica

Y lo peor es que uno, además, la legitima, creyéndoselo también. Sin oponer pelea.

Pues bien.

J. y el contrabajista vienen a buscarme. El jueves por la noche.

Tenemos vino blanco, Tamaron (Ribera del Duero) -mi preferido- y pizzas. Y un buen montón de latas de Carlsberg.

Se diría que es una noche de chicos, en el chalet de J.

Hacía un año que no me veía con J., así que teníamos algunas cosas que solucionar. Tuvimos nosotros también una trifulca que nos acabamos creyendo obstinadamente.

Pero con los amigos sucede que a los tres minutos las cosas, con feliz buena voluntad, se solucionan. Si los dos quieren.

Así con J., que los dos hacemos un esfuerzo por acercar razones. Y por olvidar.

El hombre sensato, a partir de cierto momento de su vida, debe estar más pendiente de borrar cosas que de almacenarlas. A pesar de que esto contradiga la misión misma del novelista. El novelista no es un hombre sensato, sino que su lógica desafía toda racionalidad.

Esto es lo que le hacemos saber al contrabajista, que hay que olvidar. Parece estar calmado, gozoso de nuestra compañía. Sabedor de que no está solo.

En fin, que luego, como todos tenemos cosas que olvidar, pues intentamos tomar una droga que, al parecer, no sirve para nada.

O no de momento. En ese mismo momento. Aunque, pensado ahora, se me antoja que el puro placebo ya restaba útil y suficiente en aquel momento.

Pues bien, luego jugamos a la Wii (es la tercera vez que juego en mi vida). Al tennis. Pero la tv es muy pequeña, y yo estoy muy lejos o deliberadamente disfruto con el desastre y la pérdida y el contrabajista me gana siempre hasta que me harto y nos vamos por ahí.

Además, prefiero que él me gane.

Esto le pone de buen humor.

3.

A partir de aquí, y no puedo discriminar la hora exacta, ya lo único que restaba era perdernos en la felicidad y el dulce sopor de los alcoholes.

Disfrutar del reencuentro y tratar de crear el solaz inestimable para acometer con buen ánimo lo que ha de venir en los próximos días, meses y años.

Hacernos fuertes en la amistad, por así decir.

porque digámoslo ya, los tres protagonistas de esta historia estamos jodidos. Quiero decir, estamos bien y somos felices, pero razones mayores hay que nos preocupan.

Y bien.

Pero tenemos ilusión, joder.

4.

Desde que entramos a un bar que tiene nombre de isla y hasta el día siguiente podría precisar poco.

A la tarde siguiente J. me llama:

-Oye, ¿anoche metimos el coche en el garage?

Digo con total convicción.

-Oh, sí, por supuesto…

(aunque en realidad no estoy para nada seguro)

Y J. me cree porque además no vuelvo a recibir ninguna llamada suya hasta el día siguiente.

Lo cual significa que todo va bien, que las cosas siguen su cauce normal.

Significa esto que la vida es pura repetición,

sí, pero del mismo modo que escuchamos incansablemente una canción durante toda un tarde y a la noche y al día siguiente y así una semana entera y nos hace la mar de felices… Pues así la vida.

No es malo que las cosas se repitan,

siempre que sepamos que en nuestro corazón habita la colección de un melómano, siempre que sepamos que el rock and roll nos habita,

siempre que sepamos darle al forward en el momento adecuado, y le impongamos nosotros el ritmo a la vida, convenciéndonos de ello, creyéndonoslo como si nos fuera en ello todo… siempre que esto se cumpla nos irá bien.

Lo malo es cuando la vida es quien manda sobre nosotros en la reproducción de las canciones… y no nos damos cuenta. y, además, suena un pobre machacón reggeaton todo el tiempo y nos engañamos pensando que quien suena es el gran Elvis Presley.

+More drawings and illustrations of Emma Fitzgerald are to be found here.
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