Influencias -breve introducción-

Memorial de Santa Helena. Emmanuel de Las Cases.

Memorial de Santa Helena. Emmanuel de Las Cases.

1

El jueves pasado,

Jordi, que es un encanto, nos cerró su bar, el Astrolabio,

en Gràcia,

y charlamos de política y literatura y las ambiciones y la suerte y el talento y la constancia y mil cosas más y tomamos mucho ron y en un determinado momento me preguntó específicamente por las influencias de mi primera novela

Se refería a Alytzia Abbondanza. Y lo tuve claro:

1. Frederick Mistral “Mireio”

2. Danilo Kîs. “La Buhardilla”.

Me pidió que le contara más influencias, en general, y la verdad que no supe qué más decir. O es que simplemente ya nos fuimos derrapando hacia otros temas, y hablamos del realismo sucio, la provocación, la risa, la necesidad literaria y los aeropuertos. O es que era ya hora de irse a casa.

No sé si busqué un taxi y no quise encontrarlo, pero el caso es que caminé placenteramente por la ciudad nocturna y después de un tiempo indeterminado entre 30 minutos y una hora y pico, llegué a la casa donde me alojaba, cerca de Glories.

Por la ciudad tranquila escuché mi ipod, canté, pensé, y disfrute gloriosamente de las delicias de la noche, la conversación y los rones.

Pensé en mis influencias, llegué a la conclusión de que uno no se influencia sino que entra en comunión con las cosas y, por lo tanto, se mancha. Es decir, que las influencias le encuentran a uno, a veces por canales disparatados, y no al contrario.

Pensé si es posible que uno elija las influencias.

Dice Carlos Ann:

“Creo que es necesario que todos tengamos enemigos, gracias a ellos nos perfeccionamos […] el día que no haya enemigos, no sabré caminar con los ojos cerrados por el desierto”.

Pues eso es lo que parecen ser las influencias: los enemigos a batir.

Si no existen, entonces nos los creamos.

2.
Lo que sí puedo decir en este sentido es que sucede -a mí me sucede- que un libro de otro autor atraviesa el propio libro que uno está escribiendo.

Tomando ese criterio diré que en la novela corta, “Tal vez sea la culpa de Mozart” está el “Don Juan” de Zorrilla. Que es una presencia que se menciona y se siente.

Diré asimismo que en la novela que ahora escribo tengo como punto de apoyo, misal o simple refugio, El Memorial de Santa Helena, de Emmanuel de Las Cases.

Me gustaría que en la novela quedase dicho libro como agua de fondo.

El caso es que este tipo de cosas funcionan -creo- desde la intuición.

Supongo que pesa también el recuerdo de la lectura de “Rojo y Negro” de Stendhal. Pero también tienen relación estas cosas -creo- con un estado anímico preciso que te lleva hacia un tipo de lecturas y no hacia otras, la misma ubicación desde la que uno escribe o el tema profundo del libro. No sé.

El caso es que llevaba tiempo con la idea de este libro (El Memorial de Santa Helena), lo he buscado en librerías de viejo (ediciones carísimas y además en mal estado de conservación), lo he buscado nuevo (descatalogado) y lo he encontrado en francés.

Y mi francés da, pero no para tanto.

Pero esta noche, ya rendido, sin esperanza, en uno de esos momentos muertos, se me ocurre echarle un vistazo a la Wikipedia.

¡Y allí estaba el enlace al texto íntegro en inglés!

Para que luego digan que no vale para nada la Wikipedia. Y pienso ¿cómo no se me ocurrió antes?

Lo cual me lleva a decidir que a veces consideramos que las influencias están remotas, que nos son esquivas y caprichosas, pero realmente debo afirmar que no.

Las influencias tienen que ver con la oportunidad, como todo.

Y si no se nos da la circunstancia o nuestra puntería yerra, pues uno se la crea, la oportunidad y la influencia.

Ahora mismo, por ejemplo,

mi mayor influencia no es la montaña de libros sobre la mesa de trabajo sino el dolor de cabeza que me produce tener la casa toda llena de polvo por las obras,

esa astringencia horrible del polvo seco, y el café recalentado al microondas que me veo obligado a tomar y el piar grácil de las golondrinas a las 07:23 del jueves 30 de abril en esta ciudad caduca y casi muerta.

Mis influencias son las cosas cercanas al tacto, ahora, y no “El sentimiento trágico de la vida” de Unamuno, o la “Trilogía de Los sonámbulos” de Hermann Broch que es lo que de verdad me gustaría que hubiese en este post.

Así sucede que en este preciso instante es más necesario el olor cansado del polvo sobre mis fosas nasales.

Corolario: las influencias son volátiles e imprevisibles y casquivanas, como los buenos asesinos, como los peores enemigos

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Archivado bajo El ejercicio de la escritura, Vida personal

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