Hombres que mean mal

1.

el mar se fue despellejando

José Eugenio Sánchez [1]

Desde mi balcón,

lejitos, lejos,

veo las montañas; sus cúspides solitarias;

poseen esa suavidad característica de las montañas que anidan cercanas a la costa; sus cúspides.

Preferiría tal vez el mar cercano. Tal vez.

Pero tengo enormes bandadas de golondrinas aquí. Las veo como van y vienen, en alegre dispersa formación.

Se unen y se desunen con una facilidad y gracia mayestática.

Su canto es agradable y plácido y neutral.

Su piar ,incansable; su lirismo, educado.

Así que ya me va bien con las golondrinas, las montañas y todo el horizonte casi limpio de edificios y gentes.

Yo ya soy una multitud.

Cada hombre lo es.

(o lo intenta)

2.


y no he podido acostumbrarme / al orden triste de las primaveras

Joaquín Sánchez Vallés [2]

Decía Susan Sontag en sus diarios juveniles que “la única diferencia entre seres humanos es la inteligencia…”.

El caso es que hoy me he encontrado con mi padre.

Dos veces.

Es matemático. No mi padre, que es pintor, lo matemático es que siempre me lo encuentro apenas salgo de casa.

Hace una semana que no salía de casa, escribiendo, y cuando al final me decido a salir, puf! ni quince minutos: zas! ahí está el tío.

Tiene un radar afinadísimo.

Siempre, siempre, siempre, siempre sucede igual.

En fin, que el tío tiene dos perros ahora: un labrador y una perrita pequeña que se llama Vilma. Del perro grande desconozco el nombre, no hemos sido presentados.

Vilma es una perra incontinente, es incapaz de controlar sus emociones, es tan pura en su incivismo que produce compasión; como un niño de unos meses, que no controla lo meramente fisiológico. Lo básico, digamos.

Así Vilma, cada vez que te ve, así hayan pasado años (no importa), se vuelve loca y pierde el control y se mea encima.

No, no sabe manejar sus emociones.

Es un globo salvaje de feromonas. Una lengua iregulable que explota lamiéndolo todo. Y cuando ya su nervio es pura histeria se lame a sí misma y se muerde y se revuelca y trata de producirse el mayor daño.

Y, al poco, vuelve de nuevo a mearse otra vez y te lame y se refriega voluptuosamente… y… hasta que se queda sin líquido que echar y desaparece avergonzada en un rincón.

Al decir de Fernando Aramburu el género humano es un animal de compañía. Igual que Vilma y el perro labrador.

Lo que quiero decir es que la diferencia de los hombres con todo lo demás, no se establece en cuanto a inteligencia ni en cuanto a la humanidad o no de los seres, ni a lo animado tampoco.

Lo que quiereo decir es que lo que distingue a los seres humanos de todo lo demás es que saben dónde tienen que mear.

Por educación, aprendizaje o natural decoro.

Por eso nos parece tan mostruoso encontrarnos a un inglés sacandose la minga por cualquier esquina del Gótico.

Es atroz, nos asemeja a Vilma, la perrita de mi padre.

Y qué decir de esas inglesas orondas con sus ingles tremendas cogiéndose de la mano de alguna amiga menos borracha y… desinflándose en cualquier esquina del Gótico.

Así pues se trata sólo de una cuestión de estética, no de inteligencia; digamos que el snobismo humano -y literario- pasa por el buen control de la bragueta.

Apliquemos esto también al sexo, claro.

Resumiré diciendo que el hombre es el único ser, objeto o sema capaz de encontrar lirismo y tristeza en la primavera.

Y que sabe además donde es adecuado aflojar la vejiga.

3.

y volver a recordar que aquello que ata nuestra carne

proporciona recodos astrales al espíritu

Alberto Zurrón [3]

Y de hombres va la cosa,

porque me he enterado hoy de que el primo de un amigo mío ha muerto

de muerte súbita.

Toma sorpresa,

para que digan que literatura y vida no tienen nada que ver.

Ja!

La literatura siempre es profética o

sino se queda en meado de borracho.

El tipo, un buen tipo, además, 36 años, cayó desplomado a la salida del casino de Castellón. Había una actuación, por lo visto. Cantaba una amiga suya, desconozco el nombre, pero la chica detuvo la actuación y para cuando fueron a asistirle, ya estaba muerto.

Cayó desplomado justamente a la salida del casino de Castellón, en la misma puerta, pero ya en la calle.

En la acera,

descuajeringado. El corazón le dejó de latir.

Estas cosas suceden así, no tienen que ver ni con la inteligencia ni con la estética.

Es cosa del ADN. Ese paraíso insondable.

Lo que sí queda a nuestro alcance es acometer proyectos importantes.

Porque ya lo ven, un día se te hincha el corazón o te explota una venita ridícula y adiós.

Así he estado yo la última semana dedicando todos mis esfuerzos a “Esto es la Muerte súbita”. Luchando contra mi ADN, con inteligencia y decoro -creo, espero-.

El caso es que lo he estado testeando hoy. Al parecer es bastante bueno. Está gustando mucho. Hasta me asombra haberlo escrito yo. Es increíble.

Ya lo verán publicado dentro de unos meses.

Entretanto, pues compórtense, claro, no hagan como Vilma, no dejen todas las alfombras de la casa hechas un asco.

Que ya nos vamos conociendo…

[1] José Eugenio Sánchez. “Hablan de un rencor profundo”, de Physical Graffiti. X Premio Fundación Loewe. Ed. Visor. Madrid. 1998.

[2] Joaquín Sánchez Vallés. “Nunca tuve un jardín”, de El tiempo irreparable. Premio Internacional de Poesía “Barajas-Puerta de España” (1991). Ed. Ayuntamiento de Madrid & Asociación Prometeo de Poesía.


[3] Alberto Zurrón. “Soldados de plomo custodian el paraíso”, de Habitar la onda. Premio “Cebolla de Plata” Villa de Cox (Alicante) 1994. Ed. Pre-textos. Valencia.

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Archivado bajo El ejercicio de la escritura, El yo y sus aledaños, Vida personal

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