un pensamiento breve

1.

Me fumo un Kent (3200 pesos el paquete)

mientras paladeo un ron con jugo de naranja.

Y espero.

Son las tres y cuarto pm.

El avión para Bogotá no sale sino a las 17:20.

2.

Pienso en las facultades de filología, y de filosofía y letras.

Ahora, sentado sobre la cama de matrimonio, las sábanas revuelta.

Unos cables, mi agenda de notas.

La maleta ya está cerrada, sólo resta apagar este mac, darle un sorbo fulminante al ron y decirle adiós al oceáno caribe,

que sigue opulento e incansable detrás de la ventana de la habitación.

De repente he pensado: es una pena, esos claustros, esos pasillos, esas aulas y bares de filología y de filosofía y letras;

sucede que están llenas de tarados.

Y nada puede ni podrá hacerse contra ellos.

Podría argüirse que yo también conformo ese cupo.

Sí, podría decirse…

3.

Pero bueno,

el caso es que devanándome los sesos con argumentos a favor y en contra de este pensamiento, se me ha ido la hora hasta las cuatro

y desde recepción

me alertan de que el taxi está abajo, esperando.

Tengo que irme.

Así que apago el mac. Cojo la maleta. Le digo adiós a Cartagena de Indias.

Y si eso, ya les cuento más tarde.

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