Todo lo que quiero

Porque estamos de bajada / Porque estamos confundidos.

Candy Caramelo. Todo está perdido.

1.

Pienso en las cosas que necesita uno para sobrevivir:

el pasaporte y el mac. Algo de dinero.

Y pienso esto porque llevo puesta la misma ropa desde el jueves, he estado de farra y así, descubriendo nuevos bares de rock y bebiendo guiness y voll-damms a contrareloj. E ilusionado ahora mismo (sábado, cinco am), porque mañana tenemos una fiesta en una terraza.

Habrá sol, ¡sí!, y sol, justamente ahora, es lo que más necesito. Mañana, domingo.

Lo que necesito para sobrevivir: el pasaporte, el mac, algo de dinero, y un poco de sol.

Y ni me siento mejor ni peor. Ahora mismo, digo. Porque de veras que he estado en antros, y al entrar en los baños asquerosos he pensado: yo ya estuve aquí antes. Y al ver todos esos rostros pensé: ya he visto estos mismos rostros, idénticos.

Pero el hecho es que me siento vivo, eso sí.

Ahora paso un sábado tranquilo (lo que queda de él) , corrigiendo (destrozando más bien) un relato reciente “La Mort Subite”.

Creo que lo voy a abandonar.

Creo que incluso me voy a olvidarme de mí mismo.

Por suerte el jueves me marcho al Caribe. Again.

Veintipico horas de vuelo tienen que servir para algo.

2.

No les des ninguna posibilidad / porque van a hacerte daño / buscando alguna conexión alrededor

Quique González. Trucos fáciles para días duros.

Pienso, no sé por qué, ahora, en la madrugada del sábado -y me acabo de abrir una botella de Ribera del Duero- pues me da por pensar que el 90% de las chicas con las que he salido eran lesbianas, protolesbianas o bisexuales.

Esto me hizo un daño bastante grande durante unos cuantos años.

Ahora es apenas una certeza.

Si las cosas son así, mejor aceptarlas, mejor no guerrear con el pasado.

Qué le vamos a hacer…

Pues el pasado es una losa, y yo ya estoy acostumbrado a vivir ligero de equipaje.

No soy de los que llevan el pasado en el bolsillo.

Que le jodan al pasado.

No, siempre he comenzado de cero.

Esta vez no será una excepción.

3.

En Barcelona ya no hay nadie como tú

Miqui Puig. Drama.


Por eso del pasado me voy al futuro.

Pienso en la ironía de la vida, hasta hace dos o tres días tenía mi vida organizada perfectamente. E iba a ser así hasta dentro de largos meses. Estaba convencido de ello.

Quiero decir, mi vida era de lo más agradable. Tenía amor. Y un techo donde vivir. Era feliz. Tenía calma y sosiego, una novia hermosa e inteligente; estaba escribiendo con el apoyo de esa persona amada mi segunda (tercera novela), etc

Y, sin embargo, ahora, de nuevo, no tengo nada, estoy en la calle; una vez más.

Por suerte que hay quien me ha permitido compartir cama unos días.

Hasta el miércoles.

Me voy a Bogotá, el miércoles, y creo que voy a retrasar el vuelo de vuelta, de Cartagena de Indias, que es donde estaré la semana siguiente. No tengo nada que hacer en Barcelona. Absolutamente nada.

Detesto esta ciudad, de hecho, desde el primer día que puse el pie aquí, y hará de ello casi tres años… Joder, y ahora que lo pienso, ni siquiera quería venir aquí, desde mi primer viaje a Cartagena de Indias, hace unos cinco años, yo prefería ir a NY, pero me quedé sin un duro…

Lo único que ha pasado es que he ido reculando de un sitio hacia otro, replegándome. Defendiéndome del desastre de la vida, de las putadas, digamos.

Porque putadas, ejem, ha habido unas cuantas en los últimos meses -y años-. Pero, tranquilos, amigos, yo creo en la justicia, y en San Martín. Ya habrá tiempo para tomarse la venganza… esto es largo, largo…  la vida, digo.

Y pienso: total, conmigo sólo traigo mis camisas, algún pantalón (no sé, todavía no he abierto las maletas sacadas a la carrera) y 2666 de Roberto Bolaño y “La novela luminosa” de Mario Levrero. Enough.

Me da pena haber perdido Mireio, de Frederick Mistral. Es el único libro que amo de verdad. El único. El que me sirvió de guía para mi primera novela. El único libro que quiero de toda mi biblioteca. Lo había traído apenas hace dos semanas del último viaje a casa de mi madre, pero bueno…

Esto, que, ya digo, con mi pasaporte, mi mac, un poco de dinero… suficiente.

Puedo hacer como esos soldados que cogen sus intestinos salidos del pecho ametrallado y se los vuelven a meter adentro y contienen la hemorragia con la palma de la mano. Lo he hecho otras veces. No me moriré, lo sé.

Aunque… me duele, no voy a ser hipócrita. Y dolerá más. No me engaño sobre este particular. El duelo va a doler, pero bien…

Pero la vida es lo que es.

Y, sinceramente, ha habido veces que he estado peor, muchísimo peor.

Sobreviviré.

Si me ven por ahí con la mano apretando contra los intestinos, sepan que todo va bien, a pesar de mi rostro constreñido.

– – – – – –  –

Postscriptum:

me he entretenido mucho escribiendo esto -y bebiendo- y ya es de día. De hecho son las 07:15, y hay un sol magnífico.

Y abajo, en la calle, hay unos taxis, gente que se marcha a otro lado.

Y el azul y blanco del horizonte resultan una hermosa promesa.

Me voy a fumar el último cigarrillo…

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized, Vida personal

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s