Ya, de una vez

Sólo la definitiva incorporación a la literatura de los giros copernicanos introducidos por creadores como Duchamp o Godard en el arte contemporáneo pueden permitir que ésta sea leída como tal:

[literatura = arte contemporáneo] [1]

Me asombra que Jorge Carrión diga ésto en el ABC.

Perdón, no me asombra que lo diga sino que tenga que decirlo. Es obvio que, de un lado, ha un paréntesis abyecto que él mismo menciona (Modernismo, las vanguardias y el Posmodernismo) y que la literatura española parece no haber transitado sino eludido este camino y nada más que se regocija en su vuelta a un rancio realismo ensimismado.

Sí, es cierto, es obvio, todo esto es muy obvio. Yo lo sé, Jorge Carrión lo sabe. Jorge Carrión lo escribe en el ABC. Yo lo sé. Y lo leo. Pero leo lo que ya sé: que la única arte que todavía no se ha convertido en arte contemporáneo es la literatura, que la única arte que, digamos tiene todavía una posibilidad de dar cuenta de esta realidad es la literatura, que la literatura no está ni mucho menos muerta ni menos aún agotada (y quizá de ahí todo este temeroso discurso último), sino en proceso de mutación, que la serpiente del verbo hace rato que está sacando su lengua bípeda y tantea el terreno.

Sí, es cierto, todo esto ya lo sabemos.

Lo que faltan son obras. Más obras, una tonelada de obras que no justifiquen sino que consensuen más que lo vivido, lo que nos queda por vivir.

Que lo legitimen.

De ahí tanto exceso por la teoría y la teoría.

Se necesitan obras que sean como mil linternas que apunten hacia delante.

Me parece raro tener que rescatar a Duchamp para este propósito, de todos modos. Más que raro me asombra, porque para mí ya es muy obvio, esta situación actual. Es casi caduco (el hecho de tener que vituperar a los escritores para que se den cuenta -algunos ya lo saben, es cierto, pero unos pocos, muy pocos aún-) y actúen.

Me congratula que Jorge Carrión empuje desde el ABC, pero eso sólo puede significar que todavía quedan muuuuuchas vendas sobre muuuuuuchos ojos. O quizá el descreímento que trae como consecuencia el hastío, no ya el digno spleen sino el apelamazado tedio. No sé. Espero que no.

Pero vaya, me parece que ya Carrión lo dijo en otro sitio, que lo que necesitamos son obras. Muchas obras y menos palabrería y cháchara. Cientos de obras que sean como una celebración de la literatura así tal que la última arte válida que conquistará lo real -sea esto lo que sea-…

Y estoy de acuerdo. Sin literatura efectiva, la teorización es inútil. Es decir, no hay teorización, mejor dicho, sino mera hipótesis.

Siempre ha ocurrido que la obra va delante y la teoría la secunda. Es irónico que nos esté ocurriendo lo contrario. Tiene algo como de vintage retrofuturista, casi de juguetón retroplagio, incluso.

Me hace pensar en eso de “I was there because I was meant to be there. It was meant I should hear it -this is I know

[Jean Rhys “Let them call it jazz”, de Tiggers are better looking].

Sea pues que las palabras de Carrión valgan para que esa música se escuche y llegue a los oídos apropiados.

De todos modos, y si se me permite el apunte, puestos a levantar la bestia desde su gérmen mismo, diría que antes me quedo con ese airado desbastar de Picabia que no con la civilizada destrucción de Duchamp.

Pero esto ya es cosa mía, disculpen la debilidad.

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