Ocho y cincuenta cuatro minutos

1.

Es negro.

Con los ojos así al biés, está sentado recto ausente, de ese modo en el que los negros miran poéticamente al infinito,

o como diría un rancio cronista: mirando la rémora ociosa de su propia vergüenza.

Hay quien dice que la columna vertebral es un modo del espíritu.

El espíritu del negro es puntiagudo como el de una torre larguísima que se yergue altiva al cielo.

Es negro

y enorme y está sentado en una de las mesas que hay en una esquina, justo al lado de las escaleras de la salida del Metro Diagonal,

viniendo de la línea verde, línea 3.

Está solo, el negro,

y son las ocho y cincuenta y cuatro de la mañana.

Me reconforta y me disgusta verlo.

Pienso en qué estará pensando el negro.

Sobre la mesa no hay un café, ni hay nada;

ni tampoco fuma un cigarrillo, el negro, porque los negros no fuman. El negro sólo mira poéticamente al infinito, desde la solemnidad de su cabeza que se sujeta impertérrita sobre esos hombros de macho macho macho negro.

Trato de pensar sobre las cosas en las que puede pensar un negro sentado en una mesa esquinera mínima del metro de Diagonal a las ocho y cincuenta y cuatro de la mañana.

Y me pregunto acaso qué coño de poético debe tener el infinito.

A lo mejor es que hay un infinito diferente para los negros. O ellos lo crean así.

Pero como tengo prisa pienso poco sobre esto porque de repente salir a Passeig de Gracia, darse la vuelta y la magnificencia de la Diagonal con sus coches y con sus cientos de muchachas en flor.

Y me olvido del negro.

La vida cambia solo cuando tú cambias, cuando decides que el pie derecho se te vaya un poco al adoquín de la izquierda o al revés, te tropiezas, caes y al ver todo del revés, prefieres seguir nuevo rumbo. Y evitas el duelo de continuar bajo la sombra de los tejados y te echas a la luz, a esa luz poética del infinito de los negros.

Por eso tal vez me haya llamado la atención el negro,

porque quizá ambos estemos buscando un infinitio incierto, yo con mi prisa y él con su inquebrantable parsimonia.

Yo lo he buscado hoy evitando el autobús 64,

que es una mierda de autobús, lleno de señoras con cardados horrendos y ese olor a colonia que es colonia de viejos. El autobús 64 es un autobús lento y titubeante y que renquea y que se llena de gente para la que su infinito no alcanza más allá del contorno de sus pies.

El autobús 64 sale de la Barceloneta y rueda por la estatua de Colón y Paralel y Sant Antoni y Aribau.

Y eso es todo lo que hace: ceñirse a una suerte de parábola fija, repetitiva y traqueteante con sus interminables paradas cada pocos minutos.

El autobús 64,

además, muchas veces se estropea y te tienes que bajar y espera al siguiente y aguantar la cara de gilipollas que se te queda.

2.

Las chicas guapas

sacan a pasear a sus cabellos rubios y morenos y cobrizos y hasta pelirojos,

en la Diagonal

Ojos color cielo y color negro como el negro sentado en la salida del metro de Diagonal, y ojos verdes como la línea verde, línea 3 del metro de Barcelona pasean sensatos y chispeantes por Passeig de Gracia y sus aledaños y, sobre todo, por la Diagonal.

Pómulos radiantes,

no de esos de hueso de pollo como los de Madonnna, sino pómulos cruciales y exactos como los semáforos, ribetean las líneas que delimitan la Diagonal y Passeig de Gracia y Rambla Catalunya y la mañana, a las ocho y cincuenta cuatro de la mañana

-bueno, tal vez unos minutos más- se convierte en una fiesta.

Toda la comitiva de caderas y pies, y botas de esas de agua, como las que utilizan los regadores de Barcelona neta y que ahora se han apropìado las chicas guapas de Barcelona

-y las han llenado de flores y dibujos-,

pues manos y hombros y bolsas y bolsitas y maquillaje y un olor de perfume que es signo de posteridad, lo llenan todo, y es una mezcla de absurda y confiada alegría, y del olor desesperado del césped, un poquito rancio ya por la consecuencia de octubre, y la monótona rabieta de los autobuses yendo y viniendo,

a tope de pasajeros que pasean a su vez a ojos color miel y ojos color azabache y ojos que se miran los pies.

Y también ojos negros, negros como un negro enorme y hermoso.

Los autobuses a rebentar, van y vienen por la diagonal.

Autobuses y coches y taxis que, como leales abejas siguen a esa abeja reina que son los autobuses, y los cortejan y adulan.

Y yo, entretanto, me quedo en una de las paradas de bus de la Diagonal,

apoyado en una de esos postes metálicos que sujetan el tejadillo de las paradas.

Y es una parada doble. Con un uno y un dos escrito en carteles blancos con los números en rojo.

Los autobuses van parando de dos en dos. Y son además autobuses dobles,

largos e interminables como el ansia.

Hay un gran trasiego de chicas y autobuses y taxis que los bordean y quiebran.

Pero no quiero subir a ninguno de los autobuses, ni de los taxis ni irme caminando por el lado del carril bici donde bicicletas y más chicas van y van y van a algún sitio que desconozco.

Ni siquiera pienso ahora que tengo un trabajo que atender.

Sólo pienso en que no quiero hacer realmente nada.

Quieto,

dejando pasar a todo el mundo;

quieto, mirando el infinito de mi cuaderno de notas:

las letras -sin mi consentimiento- van llenando las páginas en blanco del cuaderno y crecen como las flores de colores de las botas de agua de todas las chicas guapas.

Y pienso en el negro,

mientras las letras, en su autonomía,

siguen escribiendo todo esto que ahora lees.

Confío en que, en este momento

-en este momento doble en el que también lees esto-,

alguien habrá que me esté mirando a mí.

Me digo que habrá unos ojos curiosos que habrán caído sobre mi tranquilidad y mi parálisis,

apoyado sobre esta barandilla metálica,

ahora, tal vez ya unos minutos después de las nueve

-y también ahora, sea el momento que sea, en el que lees esto-,

un cuerpo deseoso y un alma de chatarra me estarán mirando ahora mismo,

preguntándose qué coño de infinito busco yo en el sosiego de mi bloc de notas,

cuando todos intuimos

que el infinito

es algo tan sencillo como poder pagar el alquiler.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s