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Cartografia Sentimental (CII) – Poesía en acción

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

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1.

El vídeo de Daniel Baur, Gehen (A Thomas Bernhard´s  Perspective):

 

 

+ info: aquí.

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2.

La Real Academia Galega dedicó este año pasado el Día de las Letras a Lois Pereiro, de quien Manuel Rivas dijo que es “el clásico que tiene la literatura gallega sin saberlo”. Para celebrarlo, un par de jovenzanos gallegos decidieron llevar sus poemas al supermercado.

 

 

 

+ info: aquí.

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3.

Que Julio Bustamante es un ente poético ni se discute. Que uno más de los mil agravios de la comunidad valenciana es no haber sabido valorar a este genio de culto es algo que habrá de pesar en la conciencia de todos los valencianos.

Ese infame programa que fue Pop Rápid se redimió -en parte- al reunir al grupo Fred i Son con Bustamante para que Julio se versionease a sí mismo, en particular cantando Avions, una de las canciones de su primer disco. Y una de mis favoritas.

El vídeo:

 

 

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4.

El poema “Capítulo 00. Del nacimiento de la melancolía” de Juan Andrés García Román, incluído en su libro La adoración (DVD Ediciones, 2011) y que el propio poeta recitó en la presentación de su libro en la librería Babel de Granada:

 

 

El poema íntegro (para poder seguir la lectura) y otros extractos del libro pueden leerse aquí.

 

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5.

A Dani Orviz lo conocimos por las ilustraciones que hizo para Tristessa de Jack Kerouac (Escalera, 2011), algunas de las cuales se pueden ver aquí. Ahora Ediciones Escalera le va a publicar su primer libro de poemas “serio”, como dice él mismo, el próximo mes de junio. Así que necesita un prólogo. Dice: “yo quiero tener una intro que sirva de algo, tanto a mis lectores como a mí mismo, y no una mamada verbal a mi ego”. Por ello su propuesta es la siguiente:

“abrir una convocatoria para dar con LA INTRODUCCIÓN QUE DEMUESTRE UNA MAYOR ANIMADVERSIÓN HACIA MI OBRA Y SECUNDARIAMENTE HACIA MI PERSONA POÉTICA. Así, con mayúsculas y todo.”

La convocatoria está abierta a todo el mundo y tienen de tiempo hasta el 31 de Marzo de 2012.

+ info: aquí.

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*La foto es de R. Althea -aquí-.

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Sueños

Amo a la gente. Intento amarla de la misma manera que a mí

Julio Bustamante. Entusiastas.

1.

Al decir de Levrero los sueños se nos configuran como parte fundamental de la experiencia de escritura, o más acertadamente, son los pasos previos que resuelven los nudos que la impiden y nos dan las claves para acceder a la musa.

Son las cinco de la tarde del sábado y me acabo de levantar espoleado por uno de esos sueños, de muy fácil interpretación.

El olor de la yerba mojada, la arena que se hunde bajo los pies y algunas piedritas de estas que uno encentra cerca del mar, piedritas planas de colores oscuros, negro azulado, como las que se lanzan sobre las aguas, para hacerlas saltar.

Me queda muy claro que se trata del territorio de mi infancia, de eso no hay duda.

En el sueño.

Por el olor. Es invierno, en el sueño, como ahora. A mi lado hay un Volkswagen Golf y frente a mi pecho una estufa con dos resistencias abrasivas (cuando iba al instituo tenía una de esas, y era en esas mismas resistencias donde me encendía los cigarrillos, de noche, cuando machacaba rabioso las teclas de una vieja Olivetti que hubieron de regalarme por mi comunión, o sea, una Olivetti que tal vez tuviera ya unos largos ocho o nueve años).

Es una cuesta que hay arriba de una gasolinera. Y hay un chalet. De él sale una chica morena ni guapa ni fea que me habla familiarmente, que se extraña de que no la conozca y dice que no me cree. El caso es que me pregunta qué hago allí y le digo que no sé. Dice: “ya, como todos”. Y sigue sin creerme, pero será que le caigo bien y me deja pasar.

Entonces se organiza una fiesta y veo al final de la estancia una mujer alta con un flamígero cabello pelirojo. No hago mucho caso y entre las caras de la gente creo reconocer a alguien. Es un guitarrista de un grupo de rock menor. Aunque no estoy seguro de si es él, me parece que se llama Juanma. Al resto no los conozco, no sé cuánta gente habrá, pero lo que me queda bastante claro es que todo son chicos excepto la guardiana del palacio (la chica morena ni guapa ni fea) y la chica alta del cabello flamígero.

Así la chica pelirroja (la cual es muy dable a ser identificada como “la musa”) me da algo, una especie de dedal costurero lleno de alguna esencia, cremosa pero consistente.

La fiesta se va volviendo cada vez más agitada y deseo marcharme, para descubrir que en el único camino viable de salidad está “la musa”, sentada sobre una silla, y su flamígero cabello holandés ondeando. Y no me deja salir.

Y el sueño se acaba (o yo quiero que se acabe). Me despierto. Me visto. Corro a la cocina a prepararme el desayuno. Descubro que son las cinco de la tarde.

Pienso: luz, necesito luz.

Cuando A. se despierta y se viste y sale a ver a una amiga le digo que traiga pintura verde, verde como los campos de yerba de mi infancia.

Mañana por la mañana -sino esta misma madrugada- voy a pintar la pared del pasillo de verde, justo detrás de donde queda mi silla y mi computador. La voy a pintar con uno solo de esos pinceles menudos, minuciosamente.

Arriba y abajo, moja el pincel, arriba y abajo.

Es una actividad que sé que me relaja y da confianza, y tiene además el añadido de que es físico, orgánico, limpio y casi definitivo. Igual que un buen relato.

Confío en que resulte, confío en que me valga para terminar “Le mort subite” que es el último relato en el que trabajo y en cuya acometida he venido variando cuatro puntos de vista y he probado con cinco personajes distintos para que cuenten una historia y no ha habido manera. Voy a tratar de hacerlo ahora a dos voces. Creo que ésa es la respuesta, yo y mi musa flamígera contando una historia, sotto voce.

Y es que se me está resistiendo, “La mort subite”. Quizá porque en el relato sale un trasunto de mi abuelo. Y, quizá, también yo mismo, aunque yo siempre salgo en mis relatos, de un modo u otro. Me interesa la ficción especulativa, pero no esa científica, sino la que especula sobre uno mismo, sobre lo que uno mismo podría llegar a ser o ya ha sido.

2.

Mario Levrero trata de rescatar La novela Luminosa que escribió más de quince años atrás. La primera versión que yo hice de “El hombre que se parecía a Glenn Ford” (que es el sustrato de “La mort subite”) data de hace unos seis o siete años, más o menos.

3.

Son las ocho menos diez (pm) del sábado.

Abro el Word, me dispongo a escribir.

En el móvil entra un sms,

dice:

fiesta esta noche en mi casa, habrá chicas de todas razas y religiones. Y comida.
El sms es de Riki.

He de ponerme a trabajar, de una vez, cojones.

¡Ya!

>>>Postscriptum:

Acabo de caer en la cuenta de que la pared de mi anterior casa era verde, verde, de un verde precioso. Verde yerba fresca y espigada.

Y que la otra casa donde escribí mi primera novela “Alytzia Abbondanza” también tenía un pasillo enorme pintado de verde.

Habremos de confiar en el verde, pues.

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