Archivo de la etiqueta: Javier Marias

Remolino(s) [en un estanque soñado]

1.

El pasado, al menos aquel pasado que queremos olvidar (o que acaso ya hemos olvidado), suele tener siempre el rostro de un pedigüeño enfermo y el alma de una guitarra desafinada, normalmente acústica, sin amplificación.

Pensaba en esta brava –y quizá algo pueril- metáfora el otro día, mientras en las playas de Barcelona se formaba una tormenta de arena, un pequeño tornado y, al tiempo, a media tarde, nos vimos sorprendidos en el medio de Plaza Catalunya por un severo remolino de aire que se encarnizó con nosotros, los transeúntes, echándonos las hojas sucias de los árboles contra los rostros, provocando el revoloteo pringoso de una tarrina de helado mal abandonada en una papelera y fumigando de vuelta las cáscaras vacías de insectos porta-enfermedades contra nuestros ojos, nuestras bocas y nuestros oídos.

En eso pensaba el otro día, ya digo, cuando al llegar a casa encontré unas líneas que vinieron a poner coto a mi reflexión. Decían así: “porque no siempre quieres saber ciertas cosas debido a que lo que sabes se convierte en algo de tu propiedad, y hay ciertas cosas que tú no quisieras poseer nunca” [1].

El pasado (el pasado malo, el gravoso y el que aparece como una hipoteca imprevista), visto por un autor argentino que vive en España, como el solar de una casa que se derrumba y sobre el que ya han caído probablemente los rastros de la degradación más putrefacta, esa que viene con el olvido vituperante del transcurrir de los años silenciosos, y así: polvo, polillas, polen, polímeros industriales cargados de mala electricidad puede que algo peligrosa y quizá incluso (filo)plancton pútrido, se han cebado ya con él.

2.

Leo el último número de la revista Ínsula, dedicado a Javier Marías.

Incluye éste un texto del propio Javier Marías que presumo inédito. Lleva por título “Para empezar por el principio”. En él dice, “Cada vez que oigo o leo eso [Basado en hechos reales], lejos de sentirme tranquilizado, o atraído, o intrigado; lejos de pensar que no se me van a contar disparates y arbitrariedades, baraturas y caprichos y coincidencias increíbles; lejos de considerar que se ha añadido prestigio o verosimilitud a lo que me dispongo a contemplar o a leer, me invade una sensación de pereza y de aburrimiento previo, de desconfianza y rechazo, de suspicacia y hasta de escepticismo”.

Y más adelante, prosigue: “Soy de los que opinan […] que la única manera de contar algo verdadero es bajo el elegante y pudoroso disfraz de una invención, precisamente porque el que inventa o fabula […] nunca va a plegarse a las groseras  rocambolescas imposiciones de la realidad” [2].

3.

Pues bien, el último libro de José Antonio Moreno Jurado (Sevilla, 1946), Últimas mareas (Vaso Roto, 2012), explora justamente –pero a su modo, claro- los dos niveles de interpretación apuntados en los apartes uno y dos.

4.

Últimas mareas surge como un milagro después de Las elegías del Monte Atos, de 1997, cuya consumación hubo de sugerir a su autor que su pasión por la poesía se le había terminado.

Sin embargo, diez años después, la poesía volvió a brotar, en forma de breves –pero esperanzadoras- mareas, que vinieron de ese mar “que nunca se pregunta”.

5.

El volumen se concibe como un homenaje sincero al poeta griego Odysseas Elytis (cuya obra ha traducido Moreno Jurado). Y así, en los poemas más largos, se utilizan –igual que Elytis- los asteriscos que separan las diferentes partes del verso, al igual que los espacios versales, éstos para los poemas menos extensos (que vienen numerados). Igualmente, se distribuyen los poemas más breves en parejas, para que queden completos, al modo pictórico, frente al lector.

6.

De un lado, impone Últimas mareas una realidad con su cara más asténica, pero furibunda, pues como se repite en los versos finales de los poemas largos, todo va “hacia la muerte”. Y es por ello que una de estas dos líneas funciona no específicamente como un testamento, pero sí como un recuento de severas dolencias (del alma, se entiende), y que podrían ser expresadas de la siguiente manera: “sentir la atracción impronunciable de la plenitud y, al mismo tiempo, la perplejidad de la renuncia”. Son también estos poemas largos un estudio de la muerte.

Sin embargo, no se piense que es un libro de senectud.

Para nada.

7.

Pues pareja se despliega la segunda línea y que discute contra las baraturas de la realidad y las desoye, re-inventando para ellas “un gesto a la intemperie  / una cierta / utopía un algo para nada”.

Una línea (esta segunda), sin embargo, efímera.

Lo dice Moreno Jurado de la siguiente manera:

“Pienso    con frecuencia   en la vana

intención   de nuestros propios actos  her-

mosos si se quiere   pero inútiles  marchitos

de cara a lo real que nos fue dado  la fragili-

dad imperdonable    de lo perecedero.”

8.

Y una ars poética que lo resume todo:

“He cantado con insistencia * casi en prosa * más el resultado sorpresivo de la acción * que el sentimiento embustero de la lírica”.

9.

Los poemas largos, con su coda final repetitiva, acuerdan una forma de espiral (impulsada muchas veces por un recuerdo); de remolino, en tanto que los poemas más cortos funcionan de modo especular, el poeta tiene de frente al poema (y se da una tendencia a que este suceda en el presente de la escritura), al tiempo que el poema se le enfrenta.

Es por ello que se puede hablar de una estructura bimembre, con dos pilares enfrentados (prosa y poesía / realidad y ensueño / el yo ciudadano pasivo, pero enconado y el yo poeta belicoso, pero grácil), por entre los que un torbellino, a veces apenas una súbita explosión de humo ascendente, a veces un perfecto tornado airado que todo lo trastoca y hace desaparecer, atraviesan las mareas que se le acercan entorno, echando beatífica agua salada en el rostro del lector.

Así, en este libro, escrito en “las órbitas eternas de mi círculo”, “conmigo mismo * a ciegas y palpando“, se muestra “lo que cabe exactamente en el abrazo”; un abrazo hecho de las intransigentes “últimas mareas de la tarde” a las que el poeta dedica su canto jubiloso, a pesar de saber(se) incapaz de doblegar a su sombra disconforme (la incontestable acumulación del tiempo y la estupidez humana y también las injusticias del mundo).

Del resultado de tal precario acuerdo queda como prueba “una bola inmensa de ternura en las manos”, después de que las marcas identificativas del yo sean borradas periódicamente, al modo de la resurrección diaria (o de un bautismo repetido ad hoc), por las mareas, y el yo del poeta no aguarde sino en estos breves versos que nos ofrecen los poemas contenidos en Últimas mareas.

11.

Unos versos que, sin embargo, están hechos de “las palabras más hermosas   las que penetran y encienden la llama de los sueños”.

Porque, lo que se desea, nos dice Moreno Jurado, por mucho que no vaya a ser posible ya, “aún sigue siendo hermoso”.

Así este libro, del que no se puede escamotear su doble vertiente, el de ser una “dura coz * del caballo invisible * que me empuja sin alma hacia la muerte” y, al mismo tiempo, un pertinaz reclamo de la fortuna de haber vivido “como viven los libros”. Esto es: “confundiendo la realidad * con la pasión y el miedo vespertino”.

Pues no es este el libro ni de un cínico, ni de un epicúreo, ni de un cirenaico, como el mismo Moreno Jurado nos dice en el poema con el que se abre el libro y que lleva por título “Confesión personal”, sino el de un hombre idealista y torpe. Es el libro pulcro de un ser humano perdido adentro de sí mismo a quien la ventura de las buenas olas y el chispazo mejor de la poesía más clara y franca, la de los dioses antiguos surgidos de ese gran y viejo estanque helénico  del que hablaba Platón, nos trajeron de vuelta.

El libro pues de un mediterraneista convencido, en cuya garganta enferma –y sin él esperarlo- ha estallado un volcán precioso (obstinado en reavivarle las ascuas).

 - – -  – - -  – - – -  – - – - -  — -

[1] Patricio Pron, El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, Ed. Mondadori, Barcelona, 2011 (p. 53)

[2] Javier Marías, “Para empezar por el principio”, Revista Ínsula (nº 785-786, monográfico: Javier Marías. La conciencia dilatada), Madrid, Mayo de 2012 (p. 6)

Comentarios desactivados

Archivado bajo Crítica literaria, Vida personal

Leyendo (sin aliento) a Javier Marías

Comentarios desactivados

Archivado bajo Uncategorized

La vanguardia era esto

1.

He leído antes una frase que ha venido a constatar cierta aprensión que he venido sintiendo desde antiguo sobre la potencial hermosura que habita en todos los seres humanos aún sin germinar;

a la poesía, pues, me refiero.

La he leído -la frase- en un libro de Fernando Aramburu (nunca había leído antes a Fernando Aramburu, el nombre me suena a político del país vasco, quizá esta intuición fuese suficiente para mi alejamiento).

Bien, decía la frase:

“En cada ser humano se esconde, en potencia cuando menos, una maravillosa poesía” [1]

Esto ha confirmado mis sospechas, las de que, al menos, una frase hermosa, un destello de sabiduría bella y verdadera yace en todos y cada uno de los seres humanos, hasta en los más tontos, zafios y petulantes.

Pero esto, además, me ha hecho pensar en la proliferación en la red de los así llamados (y autoproclamados) poetas -y poetisas-, todos ellos rozando o apenas superando los veinte años.

Y es que hoy, le da uno una patada a un bit y surgen tres poetas enfebrecidos dominados por su ímpetu juvenil y su verborrea de acné.

 

2.

Buscando más frases, me encuentro con una entrevista de 1977 a Ángel González, en la que el poeta dice:

“La vanguardia es una maravillosa tentación, siempre lo ha sido: hacer lo nuevo, lo nunca hecho… Pero lo nuevo hoy no es copiar a Apollinaire, ni pintar como un cubista, esta muy bien hacerlo si a uno le apetece y le divierte, pero sin creer nunca que se es vanguardista. Hacer lo que otros produjeron hace 40 años no es más que ser un pompier[2]

El art pompier se refiere al academicismo francés de la segunda mitad del siglo XIX, pero, en el fondo, es una denominación peyorativa que denuncia el arte hueco, sin contenido; un arte de pretensiones oficiales y afecto al poder.

No es baladí, pues, que el tema predilecto del art pompier, cuyo más abyecto paradigma está simbolizado por la figura de Ingres, fuese el desnudo y que primase el diseño por sobre la fuerza del color.

Si tuviésemos que ponerle un nombre hoy a esto, a mí se me ocurre que casaría bastante bien con el postporno et al.

3.

A este respecto, a la de la fuerza idiosincrásica del estilo de un autor, en una conversación reciente con Umberto Eco, dice Javier Marías:

“La palabra estilo desapareció del vocabulario, ni los críticos la usan” [3]

4.

Y para acabar de rematar el estado de cosas en la producción literaria actual, me encuentro (incrédulo) con la siguiente confesión de Micah P. Hinson, y que, me parece, deja bien claros los valores de lo que hoy se considera nuevo:

“No sé mucho sobre literatura. Estudié un poco en la escuela antes de dejarlo, pero aparte de eso… He leído “Miedo y asco en Las Vegas”unas 200 veces, “En el camino” unas 90, “El diario del ron” unas 300… Otras personas habrían leído 300 libros diferentes, pero para mí todo consiste en estudiar aspectos muy particulares… ” [4].

Acojonante, ¿que no?

- – - – - – - –  - – -

[1] Fernando Aramburu. El artista y su cadáver. Ed. Tusquets. Barcelona. Febrero de 2002. [pág 41]

[2] Jorge A. Marfil. Ángel González: presencia de un poeta mayor. El Viejo Topo. nº 11. Agosto de 1977. Se puede leer aquí.

[3] Javier Marías en conversación con Umberto Eco. Diálogo politeísta. El País / Babelia. 22-01-2011.

[4] Micah P. Hinson en entrevista con Marc García García. Algunas cosas sobre el sr. Hinson. Revista de Letras. 17-11-2010.

- – - – - – - –  - – -

Comentarios desactivados

Archivado bajo Citas cruzadas

Cartografía Sentimental (LXV) – Qué es el Qué

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

 

1. This is Visual Poetry -aquí- es un proyecto capitaneado por Dan Waber quien, según confiesa alegremente, después de haber solucionado todos los restantes problemas mundiales, ya tan sólo le resta la cuestión de dilucidar qué demonios es eso que llaman Poesía Visual. Para ello se propone ir publicando breves piezas en las que diferentes artistas visuales dan su visión del tema. Su intención a largo plazo es crear el más amplio catálogo impreso que exista sobre el tema.

Como el lenguaje visual de la poesía es universal, aceptan envíos para valorar su publicación desde todas las partes del mundo.

Todos los libros tienen el precio unitario de 10 dólares y constan de 16 páginas a todo color.

La cosa comenzó el 06-Marzo-2010, cómo no, con el primer libro del propio Dan Waber y ha seguido con publicaciones periódicas

Obviamente, la calidad de los textos es bastante desigual, e igualmente así es su variedad estilística.

La cosa es que llevan un montón de libros publicados y seguro que alguno hay entre su enorme pluralidadque no les desagrade o incluso les fascine.

A mí, uno de los que más me ha llamado la atención, por razones puramente intuitivas, es el del cineasta y poeta Klaus Peter Dencker -aquí-, publicado en Octubre de 2010.

 

2. Y ya que ayer hablábamos de la promoción de la literatura en los tiempos actuales, a la editorial norteamericana Blak Ocean -aquí- no se le ha ocurrido otra cosa que ofrecer una suscripción de por vida su catálogo (y esto implica la recepción de un ejemplar gratis de todos y cada unos de los libros que publique desde hoy y hasta que desaparezca la editorial Black Ocean) a todo aquel que se tatúe alguna referencia literaria en su cuerpo y que tenga relación directa con los libros de la editorial.

De momento parece que muchos candidatos a la suscripción anual no hay, pero uno de ellos, uno de los pocos valientes es Robert Alan Wendeborn (desde ya nuestro americano favorita del mes de Enero). El tipo no sólo se ha tatuado una referencia al libro With Deer, de Aase Berg, sino que este tatuaje es ya su séptimo tatuaje (el tercero literario) y, ¡agárrense! uno de ellos consiste en las últimas palabras y la imagen de Los detectives salvajes de Roberto Bolaño.

En la revista Uncanny Valley el propio Wendeborn lo explica todo -aquí-.

 

 

 

3. El archivo visual del Arsenal – Institute for Film and Video Art (Berlín) -aquí- está finalmente accesible online (sólo en formato database, desgraciadamente). Más de 6000 películas y vídeos que vienen atesorando desde el año de su formación, en 1963,  y que contienen video experimental, performances, video instalaciones, etc.

 

 

 

4. En estos tiempos locos en los que todo parece decantarse por el valor cero, por la implosión ruidosa y el descrédito de todo razonamiento coherente es -de una vez- imprescindible poner un poco de orden sobre ciertos puntos.

Los siguientes -de momento-:

“En primer lugar, la fuerza de la palabra y su capacidad para producir realidades y causar efectos; y en segundo, y relacionado con la potencia performativa del decir, la imperiosa necesidad de un tiempo de reflexión antes de cualquier acto de habla. A estos dos puntos me gustaría sumar un tercero, también urgente y preciso: la necesidad de una ética de la recepción y de una escucha activa y comprometida” [1]

Y es que, por si no se habían dado cuenta, tan importante es la ética de quien dice que la de aquel que escucha acríticamente. Y, en estos tiempos, me atrevería a decir, más importante la del segundo que la del primero, porque de chalados el mundo está lleno, y es obligación de quien escucha la de discriminar la validez del discurso de tanto soplagaitas.


[1]Miguel Á. Hernández Navarro. La responsabilidad de la palabra: para una ética del decir –pero también del escuchar. Salon Kritik. 23-Enero-2010.

 

 

5. Que la delación es propio de regímenes totalitarios es algo que todo el mundo intuye o sabe, o teme, excepto los líderes del gobierno del partido socialista y los que encuentra el perverso gusto de acatar sin demasiados remilgos tales procedimientos.

Y que “hay que señalar en seguida todo indicio de autoritarismo, por baladí que sea el asunto” [2] nos lo recuerda con firmeza Javier Marías.

Y otra cosa todavía más importante que nos recuerda, y cuyos efectos son particularmente sangrientos en la Internet, y es lo que piensan quienes albergan los procedimientos totalitarios, pues que” si alguien se opone a algo, no es porque esté en desacuerdo, sino porque está “comprado”” [3]. Y esa “compra” la cifran los totalitarios tanto en envidia, como en interés editorial/es o personales, así como en estrategias de visibilidad, tanto da la razón que se esgrima para el descrédito y la delación.

Lo dice Javier Marías, que son signos propios del totalitarismo intolerante de los individuos que esgrimen dichas afirmaciones, y son, a la vez, cosas muy sencillas, muy muy básicas, y contra las que deberíamos estar alerta, porque suceden igual en el mundo de la política como en el mundo del arte.

Estemos bien alerta, pues, y nombremos las cosas por su nombre, tan pronto veamos los primeros indicios.

Porque si no, luego nos llevaremos muchas sorpresas, como los murcianos, por ejemplo, que de ejemplo de crecimiento idílico han pasado al desplome absoluto. Y todavía siguen sin creérselo.

 

[2] & [3] Javier Marías. Delaten, no se priven. La zona fantasma. El País semanal. 24-Enero-2011.

 

 

 

Comentarios desactivados

Archivado bajo (Nuevas) Cartografías sentimentales

Cartografía Sentimental (LX) – Benditos anacronismos

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

 

 

1.  A pesar de todas las monsergas apocalípticas de la digitalización, y que se traducen en esa “preocupación verde” por cuidar por encima de todas las cosas los bosques de la amazonía y todo eso, un número todavía elevadísimo de concursos literarios en España prefieren seguir cargándose bosques y talando árboles.

De otra manera no se entiende pues que apenas un porcentaje ínfimo (digamos menos del 5%) prefiera el envío de las obras via e-mail y que el totalizador 95% restante siga obligando al autor que quiera concursar en sus certámenes a mandar sus obras en papel, tres cuatro o cinco copias de su novela, por supuesto encuadernadas y por el sistema de correo certificado.

Aquí en La Soledad del Deseo, debemos confesar que encontramos en este vetusto acto cierto goce perverso, un trasunto moderno de ese arcano “mensaje en la botella”. Y que nos gusta, vaya, aunque dicho sea de paso, los envíos para concursos literarios deberían contar con una rebaja del IVA para el concursante anónimo, lo mismo que sucede con cualquier otra actividad cultural.


 

 

2. Pone blanco sobre negro Javier Marías esta semana en su columna La Zona Fantasma la preocupación (que aquí en La Soledad del Deseo compartimos) acerca de “Esa gente que señala lo inadvertido” y cómo parece ser que ” está de sobra, y su tiempo ya ha pasado” [1] y es que resulta casi nefasto para la obra literaria que el crítico señale cómo está ésta a la altura de algún genial predecesor, Proust en este caso particular que señala Marías.

Se refiere, Marías, cómo no, a los escritores que, fieles a su gusto por la excelencia y la alta consideración que les merece la calidad literaria, se esfuerzan por crear obras perdurables, que apelen a la inteligencia del lector y que, por ello, se tornen memorables para la cultura de una época.

En su opinión, la de Javier Marías (y también en la nuestra) “casi ningún tiempo pasa nunca enteramente, sino que casi todos tan sólo se esconden para regresar” [2].

Es decir, que queda esperanza para la literatura de calidad, para los buenos críticos que sean capaces de detectarla y también para los cualificados lectores que la disfrutarán.

Por cierto que la frase que abre el comienzo de su artículo viene de una crítica del Guardian a la tercera parte de Tu Rostro Mañana -aquí-.

[1] & [2] Javier Marías. Mirar lo inadvertido. La Zona Fantasma/El País Semanal.02-01-2011.

 

 

3. La terca actitud de la industria editorial española por seguir aferrándose “a un modelo de negocio caduco en el que los grandes editores, que viven todavía del libro de papel, no quieren superar la cadena tradicional de venta del libro ni modificar el horizonte del sector librero” [3].

Pero es que pasa lo mismo con las librerías que ” también mantienen una tímida oferta de máquinas que parece más encaminada a satisfacer la curiosidad de los clientes que a la venta” [4].

En fin, que esa cosa tan antigua que es el libro en papel seguirá y seguirá y seguirá un rato largo entre nosotros.

Y, por si les quedan dudas, échenle un vistazo al estudio de OnCampus Research titulado College Students Prefer Print Over Digital Textbooks.

+ info: aquí.

[3] & [4] Ana ZarzuelaLa industria editorial española repite los errores de la audiovisual, lastra al e-book y pierde otro año para el libro electrónico. Intelligence & Capital News Report. 31-12-2010.

 

 

4. Son un clásico ya los reportajes sobre el por qué de la escritura, recurso socorrido para tiempos en los que a los directores de los periódicos y los suplementos no se les ocurre nada mejor para rellenar el espacio de sus revistas. No obstante, nos gustan, nos gustan mucho, y no nos importa que nos vengan con el enésimo reportaje sobre por qué escribir, sobre todo cuando nos procura genialidades tales como las de Enrique Vila-Matas, cuando dice que:

“Ah, ya veo, vuelve la vieja y pérfida pregunta. Pero también podrían ustedes preguntarme por qué acabo de hacer una lazada en mis zapatos. Y también por qué no me he contentado con un nudo que, para el caso, me habría servido igual. Este tipo de habilidades no nos llaman la atención, por ser muy familiares. Pero, en algún tiempo remoto, un antepasado hizo la primera lazada. Nosotros no somos más que sus imitadores, un eslabón en la cadena ininterrumpida de la tradición. De modo que a quién habría que preguntarle por qué escribo es a ese antepasado, preguntarle por qué quiso ir más allá del nudo.” [5]

[5] Jesús Ruiz Mantilla. Por qué escribo. El País Semanal. 02-01-2011.

 

 

5. Y es que, al final, lo único que necesita un escritor (y esta necesidad la ha sabido leer perfectamente PapaNoel) es un bolígrafo, funcional, práctico, diligente.

Y muchas muchísimas ganas de escribir.

Lo demás son todo excusas.

+ info: aquí.

Comentarios desactivados

Archivado bajo (Nuevas) Cartografías sentimentales

Cartografía Sentimental (LVI) – Los artistas y la economía de mercado

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

1.

La memoria parece que sea algo que a la industria editorial le produzca eccemas, y así, parece que sea mejor vivir una nostalgia de una época mejor en la que la literatura era tenida en estima, apreciada y querida, como si hubiese sido algo que realmente existiese. A este respecto es bueno recordar las palabras de Juan Benet en 1989 cuando, sobre el estado de la industria editorial, decía que

“la narrativa actual [está] diseñada para el mercado, las listas de ventas y las políticas editoriales” [1].

[1] Carlos Galán Lorés “La novela”, incluido en Letras Españolas (1989), edición al cuidado de Rogelio Blanco Martínez. Ed. Castalia. Madrid. 1991. [pág 26] Se puede consultar aquí.

Diez años después, en 1999, lo ratificaba además Javier Marías, su pupilo, al decir que:

“de haber empezado a publicar en los años noventa, probablemente no habría llegado a publicar ni Corazón tan blanco, ni Todas las almas, ni siquiera El hombre sentimental. No habría habido oportunidad para mí” [2].

[2] Javier Marías en entrevista con Michael Pfeiffer. El destino de la literatura. Ed. El Acantilado. Barcelona. 1999. [pág 100]

Más de veinte años después, diríamos que el estado de cosas es quasi análogo, si no peor.

 

2. La intención (loabilísima) de la nueva revista digital sobre arte contemporáneo hecha desde Los Angeles (Cal / USA) East of Borneo -aquí- de dejar a las claras que ellos sí pagan a los colaboradores.

¡Bravo!

 

 

3. Viene a colación recordar hoy la negativa (por tres veces) de Apple de aceptar un app de Issuu para iphone [La historia completa -aquí-], que explica como las empresas se oponen frontalmente a todo lo que sea intercambio de información y cultura y que no esté manejado por ellas, y esto porque hoy tuvimos un certero golpe de justicia poética al verse rechazada en la Comisión de Economía y Hacienda del Senado la Ley de Enonomía Sostenible de González Sinde -aquí-.

Joan Rosell, el nuevo presidente de la CEOE, ha sido definido como “un liberal clásico pero con rostro humano”, vamos a ver si consigue hacerles entender a las empresas que el qué no lo justifica todo, sino que se ha de atender al cómo se hacen las cosas.


4. Sin obra que mostrar el artista no existe, pero este factor previo es irrelevante si no se cuenta con un espacio físico o un soporte que sirva para mostrar esa obra que legitima al artista, Así, tradicionalmente el artista plástico se ha servido de las galerías para tal fin. Pero, aun contando con una obra, un espacio físico y un artista, si el público no se entera, a los ojos de la sociedad y del mercado el artista sigue sin existir. Para este fin se utilizan las invitaciones a las exposiciones temporales de las galerías.

El artista y fotógrafo italiano Osvaldo Sanviti se dedica a recopilarlas en su blog Art paper invitations -aquí-.

Mis favoritas, sin duda, son las de la galería Claudia Groeffin de Zurich,

Una delicia absoluta.

 

 

5. El listado público de firmas Save the arts -aquí- que han puesto en marcha en Inglaterra para protestar contra el recorte de hasta el 30% en los presupuestos para Cultura. Ya llevan 62.753 firmas.

Y es que los malos augurios dicen [3] que podrían cerrarse hasta 1000 bibliotecas en todo el país.

Con lo embalado que va Zapatero con los recortes, no les extrañe si aquí acabamos con una situación parecida, o peor.

[3] Benedicte Page. Arts Council takes over libraries, with budgets slashed. The Guardian. 9-December. 2010.

 

 

Comentarios desactivados

Archivado bajo (Nuevas) Cartografías sentimentales

El vuelo libre de los pájaros

1.

Son horas de sueño, las que precedieron a la escritura de este texto; o más que de mucho sueño, de múltiples sueños, porque se me llenó la mente de incontables aventuras; literarias, las más.

Hoy, que es domingo, de un puente inusual, quebrantada su normalidad por la salvaje afrenta de unos controladores aéreos, es un día idóneo -¡perfecto!- para el sueño.

Y es que, además, no queda otra.

Las calles de Barcelona andan silenciosas, frioleras y casi ausentes, en su neutralidad.

Todo hace pensar en el desencanto.

Y ese desencanto, trae -para mí- la necesidad de subrayar “el carácter novelesco de la realidad” [1]

2.

No sé por qué nadie se ha detenido a observar durante algo más de un segundo esa imagen que ayer y anteayer nos ofrecieron los informativos:

la de un mapa de Europa en el que los aviones fluían y se deslizaban por todo el aire europeo excepto en el territorio español.

Esa soledad, esa incomunicación, ese inconcebible recogimiento silencioso del espacio…, la península ibérica (excepto por el borde luso) era toda ella un remanso de paz, durante horas y horas y largas horas…

Nadie, absolutamente nadie, ha dedicado un sólo segundo a mencionar la belleza poética de esa imagen. España: una isla autónoma, sin contacto con el exterior, replegada sobre sí misma.

Todo ha versado en datos, amenazas, ilusiones frustradas, y lágrimas, lágrimas y lágrimas de impotencia.

Pero nada más. En eso quedó todo: en las lágrimas.

En la CNN destacaron la madurez de una ciudadanía que ha sabido mantener el control frente a las circunstancias adversas, como si ello fuese un ejemplo de cosmopolitismo moderno, actual y ejemplar.

Yo no le veo así.

A mí, por contra, me parece que esa imagen de la península ibérica, cerradas sus fronteras a cal y canto,  es un fantasma simbólico de la intolerancia del carácter español: yo sólo me preocupo de lo mío, ya correrán los demás.

La presencia silenciosa de la sombra de un pasado terrorífico que no habrá de acabar nunca.

Y la respuesta de la ciudadanía, la de siempre: lágrimas de impotencia.

3.

Ha llorado el gobierno, en las largas horas del viernes, atónitos, rogando (¿rogando?) a los controladores aéreos que volviesen a sus puestos, hasta que se decidieron a actuar (y no ha concederse el menor mérito al decreto del estado de alarma, no se trata de una decisión, sino de algo inevitable, de no haber actuado el gobierno hubiera intercedido Bruselas-si es que no lo ha hecho-).

Vimos también a una de las controladoras aéreas, desquiciada la pobre, y ya se daba cuenta el espectador de ello, con esa melena desordenada y sucia con la que compareció ante los medios, los ojos fuera de sí, la piel tersa, estirada, neurótica… apesadumbrada, sí, pero no inculpándose, pero no pidiendo perdón, pero no disculpándose; su presencia mediática no fue la de alguien que pretende buscar el acuerdo o justificar su acto voluntarioso (y ególatra), sino que, encima (¡encima!) salió para que la ciudadanía la compadeciese, a ella y a sus compañeros, porque, claro, resulta que un señor con una pistola (un Guardia Civil), se presentó en su puesto de trabajo.

Ay, pobre, pobre chica…, pero me gustaría recordarle que esos señores que van con pistolas, sucede que están por todo el país, de eso va su trabajo, de amedrentar a los delicuentes y de proteger a los ciudadanos honrados.

Llore, llore, querida mía… llore.

4.

La imaginería literaria debería sernos útil para dar cuenta de una realidad que, explicada sólo en base a datos, razones y desacuerdos, se nos queda corta, lastrada.

Por ello pienso en esa imagen poética, la mencionada con anterioridad: una isla (España) con las fronteras selladas, icono de las sombras que todavía caminan victoriosas, funestas y libres en nuestra sociedad del siglo XXI.

Pensando en esa imagen, me vienen a la cabeza unos versos del poema The Poets, de Nabokov, que dicen: “the sunset´s beauty, its look of reproach / all that weighs upon one, entwines one, wounds one”.

En castellano (traducidos por Javier Marías): “la belleza del ocaso, su mirada de reproche; / cuanto a uno pesa, entrelaza a uno, hiere a uno” [2].

Este fin de semana, lo que se proponía un plácido y largo puente de felices vacaciones, ha acabado siendo la pesadilla de más de 300.000 viajeros, y el bochorno del resto de españoles, que impotentes, no podíamos hacer sino que mirar esa imagen en la pantalla, con todos los avioncitos pululando libres por Europa, mientras en España la única libertad de movimiento era la de los pájaros, los del cielo y esos otros a los que llaman controladores aéreos.

La imagen de ese mapa virginal era hermosa, poética, potentísima, sí, pero traía igualmente consigo un mensaje ineludible, fatal:

su impenitente mirada de reproche, inquina y vergüenza.


- – - – - – - – -

[1] Juan Antonio Masoliver Ródenas. “La actual novela española”, incluido en Voces contemporáneas. Ed. El Acantilado. Barcelona. 2004.  [pág 43]

[2] Javier Marías. Faulkner y Nabokov: dos maestros. Ed. DeBolsillo. Barcelona. 1ª edición. Mayo de 2009. [pág 149]

– - – -  – - – -

Comentarios desactivados

Archivado bajo Uncategorized

Cartografía Sentimental (L)

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

 

1.

La tajante afirmación (necesaria), gallarda y orgullosa del escritor francés Michel Houellebecq, reciente premio Goncourt 2010, cuando dice que:

“pienso que lo que digo es verdad” [1]

[1] Michel Houellebecq en entrevista con Karim Asry. Lo que escribo es peligroso. El País. 08-11-2010.

2.

La video instalación Taped Project (1975) de Jaime Davidovich.

Su obra puede verse actualmente en el Artium (Vitoria) -aquí-.

3.

El proceso de escritura (como conocimiento) visto por el joven Marías de los años 80, cuando en su novela El hombre sentimental (1986), dice:

“un hombre que escribe puede empezar a entender lo que escribe a partir de una frase casual que le hace saber -no de golpe, sino paulatinamente- por qué todas las anteriores fueron así, por qué fueron escritas de aquella manera (que aún no verá intencionada pero ya tampoco casual) cuando él creía estar tanteando tan sólo, jugando tan sólo con tinta y papel por matar el tiempo, por un encargo o por el sentido del deber que sienten los que no tienen ningún deber” [2]

[2] Javier Marías. El hombre sentimental.Ed. DeBolsillo. Barcelona. Enero de 2010. [pág 121]

4.

La propuesta de explicación del arte contemporáneo llamada  off-modern (que supera los post, sub, trans, y todo tipo de ismos y que huye del mito pre-moderno), teoría propuesta por Svetlana Boym y que se basa  en la asunción biológica de la “adaptación lateral” del científico Stephen J. Gould, según la cual mejoras evolutivas creadas para una función en particular, con el paso del tiempo pasan a desempañar una función nueva (ella utiliza como ejemplo las alas de los pájaros, cuya utilidad original era la de regular la temperatura corporal, pero que pronto pasaron a servir las utilidades nuevas del vuelo).

Sería, pues, algo así como una propuesta del tanteo artístico.

A Svetlana Boym se le ocurrió la propuesta durante la creación casual de sus ruined prints y ellos debido a que su impresora barata se había quedado sin tinta negra y trató de forzarla a continuar imprimiendo, a ver qué pasaba. Así le surgieron una serie de fotografías únicas, algo psicodélicas, y es que ese error les otorga a las fotografías, como ella misma dice, cierto aura.

Un ejemplo de ruined print, Leaving New York (2003):


Me gusta especialmente cuando dice que:

“The off modern has a quality of improvisation, of a conjecture that doesn’t distort the facts but explores their echoes, residues, implications, shadows. The off modern is not ashamed of unconventional aesthetic judgment that puts the world off kilter.”

&

“The off-modern artist plays with the “human error,” making it into a cognitive operation, a new form of passionate thinking”

Pero, sobre todo, cuando vuelve la vista atrás al humanismo y dice que:

“Artistic exaptation is ultimately a practice of human freedom.”  [2]

Además, propone a Antanas Mockus como uno de sus miembros, qué más se podría pedir…

[2] Svetlana Boym. The Off-Modern Mirror. E-Flux # 19. October-2010.

5.

La obra de la artista americana Meredyth Sparks Extraction (2009).

+ info: aquí

Comentarios desactivados

Archivado bajo Cartografía Sentimental

Cartografía sentimental (XLV)

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

 

1.

La siguiente declaración de Enrique Vila-Matas respecto al fracaso inherente de la profesión de la escritura, cuando dice que:

“Querríamos que nuestros libros y artículos contuvieran la verdad de nosotros, o por lo menos la parte de esta que puede ser transmitida mediante el lenguaje. Pero escribir sabe a traición. Ese fracaso lo conocen todos los escritores serios” [1]

[1] Enrique Vila-Matas. Fracasa otra vez. Babelia/El País. 30-10-2010.

2.

Las obras 2 formas de escribir del ilustrador argentino Andrés Casciani.


+ info: aquí.

3.

La obra de net art de David Clark 88 constellations for Wittgenstein, basada en la vida y obra del filósofo austriaco -aquí-.

4.

Ese raro escritor de una sola novela “que  no se parece a ninguna” [2] (El traductor) que fue el argentino Salvador Benesdra y su creencia (like myself) en la cualidad mágica del título de una novela, en este caso de su segunda novela, título que solo compartió con su hermana Julie, y novela que quedó para siempre inconclusa debido a su salto mortal desde el piso 10 del nº 456 de la calle Solís 456 (Buenos Aires), en 1996.

[2] Raquel Garzón. Mapa de un tesoro oculto. Revista Ñ/Clarín. 30-11-2002.

5.

La perfecta caracterización que hace Javier Marías de las necesidades de los odiadores profesionales cuando dice que:

“La principal necesidad de los odiadores es creer que ellos son igualmente odiados por aquellos que odian: con idénticas intensidad y obsesión, con idéntica destilación de espuma.” [3]

[3] Javier Marías. “¿Por qué no nos odian?, incluido en  Salvajes y sentimentales (Letras de Fútbol). Ed. DeBolsillo. Barcelona. 1ª edición, septiembre de 2009. [pág 31]


 

Comentarios desactivados

Archivado bajo Cartografía Sentimental

Cartografía Sentimental (XLIII)

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

1.


Las declaraciones del editor Jacobo Siruela, de la selecta editorial Atalanta, en las que se define como un “amanuense electónico” y donde, con cristalina sensatez, confirma que:

“una de las declaraciones de intenciones de Siruela [es] no publicar e-books.” [1]

[1] Jacobo Siruela en entrevista con Helena Hevia. Nobleza obliga. El Periódico. 24-10-2010.

2.

Una entrevista más -la enésima-,

(al parecer, indédita) de las últimas que le hicieron a Fogwill en Montevideo y que publica el diario Adn -aquí-.

3.

La deficinición que da Javier Marías sobre el prototipo de individuo que conforma la Generación PowerPoint:

“No era muy inteligente, sólo hábil. Y vanidoso hasta la suela de los zapatos, como suelen serlo cuantos se saben valorados por encima de su talento, por motivos espúreos o por sus empellones y su insistencia. No toleran no quedar bien, o por encima como el aceite, y en ellos todo es tan frágil y falso que los descompone cualquier tibieza, o el más mínimo reparo” [2]

[2] Javier Marías. Tu rostro mañana. (2. Baile y sueño). Ed. DeBolsillo. Barcelona. Noviembre de 2009. [pág 273]

4.

La noticia de la publicación de la correspondencia inédita del premio Nobel Saul Below. Sobre el volumen dice Eduardo Lago que las cartas son:

“De una coherencia y solidez asombrosas, su aparición es comparable al descubrimiento de una nueva obra del maestro. “ [3]

[3] Eduardo Lago. Suyo afectísimo… Saul Below. El País. 24-10-2010.

5.


La actuación acústica de Joan Colomo en eel programa de radio Gladys Palmera donde interpreta su canción El abismo de uno mismo, brindado ya ni pues por el capitalismo ni por el comunismo, sino por el fin del honor, por lo que único que queda ya:

¡el abismo de uno mismo! -aquí-.



 

 

Comentarios desactivados

Archivado bajo Cartografía Sentimental

Cartografía sentimental (XXXIX)

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

1.

El número especial (Estampa 2010) de LAISLA Revista-Objeto dedicado a las Palabras.

+ info: aquí.

2.

La siguiente fotografía de Joan Brossa,

obra de 1957 de Leopoldo Pomés.

*Visto en el blog de Antón Castro, aquí.

3.

La serie de obras del artista italiano Matteo Rovesciato The Short Life (2006) donde trabaja la técnica mixta con libros en papel.

 

+ info: aquí.

4.

La siguiente afirmación de Javier Marías sobre la terrible cruz que viene asociada al reconocimiento del artista:

“A un director de cine, a un escritor, a un músico empieza a llamárselos genios, lumbreras, reinventores, gigantes, y no es difícil que acaben por admitirlo todo como posibilidad. Se hacen entonces conscientes de su valía, y les entra el miedo a defraudar [...] a no estar a la altura de sí mismos, es decir, de quienes resulta que fueron [...] en su tan elevada obra anterior” [1]

[1] Javier Marías. Tu rostro mañana (1. Fiebre y lanza). Ed. DeBolsillo. Barcelona. Noviembre de 2009.  [pág 229]

5.

La siguiente frase de Marcel Proust y que me ha dado la clave (¡por fin!) para resolver el final de mi novela Nadie se enamora en Noviembre:

“ya era hora de saber lo que pensaba escribir [...] en cuanto me lo preguntaba e intentaba encontrar un tema al que pudiera infundir un significado filosófico infinito, mi mente dejaba de funcionar, ya sólo veía el vacío ante mí, sentía que no tenía genio o tal vez una enfermedad cerebral le impedía nacer” [2]

[2] Marcel Proust. Por la parte de Swann (Combray). Traducción de Carlos Manzano. Ed. DeBolsillo. Barcelona, enero de 2003. [pág 185]

Comentarios desactivados

Archivado bajo Cartografía Sentimental

Fundamentos de la Nada

Si uno se da una vuelta por la página de Monitor Talent -aquí-, verá que se pueden contratar 57 personas que responden a la categoría de Provocateurs, entre los que destacan el escritor de ciencia ficción Cory Doctorow, el filántropo Iqbal Quadir o la profesora del MIT Sherry Turkle.

Tradicionalmente, un agent provocateur era una persona contratada por la policía cuyo cometido era inducir a un tercero a cometer una acto delictivo.

Hoy día, estos 57 provocateurs profesionales que lista la página web de Monitor Talent se ofrecen igualmente para su libre (y pública) contratación, solo que, en este caso, se trata de garantizar que los provocateurs más que inducción al crimen, produzcan una  suerte de conato de convencimiento al cambio positivo.

Y aquí yace la trampa lingüística de la compañía Monitor Talent, porque simplemente lo que ellos ofrecen es “el efímero y nunca enteramente satisfactorio sucedáneo del verdadero producto, que es el nombre” [1].

Así, las empresas que contratan a estos individuos se aseguran de que el nombre (el provocateur) siga “emitiendo” ininterrumpidamente su discurso y funcionan como canales de transmisión, en tanto que el sucedáneo (el “productor de directo”, en palabras de José Luís Brea) prosigue con su secuencia vital (y necesaria para la perpetuación de su “nombre”) de vómito/deglución de su propio discurso.

La empresa, fundación, holding o centro cultural contratante funcionaría a modo de aparato radial y que sirve de amplificador para que el ininterrumpido “decir” del provocateur no se extinga jamás, creando un continuo en el tiempo y en el espacio. Una suerte de falso ready-made interminable, en cuya tramitación colaboran además twitter, los blogs, las newsletters, formspring y facebook.

Una radiación interminable en el que los así llamados provocateurs/gurús o simples bocazas se dedican a “molestar con [su] nada/ [reivindicar] el insulto de [su] inexistencia [2] “ hasta acabar formando un océano donde nadan “pequeñas nadas odiándose […] plurales nadas idiotizadas […] cuerpos reconocidos a partir de cenizas” [3].

Por la sencilla razón de que lo que se publicita (el “nombre”) no es un genuino producto del pensamiento, ni tampoco una idea revolucionaria que pueda realmente provocar un cambio en las actitudes, y esto porque “lo único que importa es que el emisor, el nombre, siga emitiendo más que produciendo, siga siendo él mismo el producto y siga, por tanto, vivo” [4].

Esto sucede igual con Monitor Talent como con provocateurs que van por libre, y así dichas sesiones radiales (y, hasta cierto punto, radicales -en el sentido de forzarse el acomodo en el canon a fuerza de atacarlo-) son públicas y en streaming via Internet, en los casos en los que la empresa contratante sea una fundación perteneciente a una empresa privada, pero con ínfulas de funcionalidad pública (las obras sociales de los bancos y las cajas sociales, por ejemplo) y estrictamente privada (a veces previo pago de la entrada por parte del público) en los casos de que se trate de empresas del sector de la tecnología, las nuevas energías o macroholdings con diferentes intereses tanto aquí como en otros ámbitos.

Así, de alguna manera, en su modo de mirar hacia la dialéctica utilizada en el  pasado, digamos los años ochenta del siglo XX (esa “época de recreo”), Monitor Talent, lo que hace es enfatizar -como sugería Jameson- la situación espacial en la que el discurso se instaura,  porque en ese momento en el que el provocateur está en el púlpito, frente a la impresionable audiencia, se produce un instante de cambio, cierto, pero que se regenera y troca en variante del mismo discurso en la siguiente aparición pública del provocateur en cuestión.

En ese sentido, Monitor Talent, al vender a sus provocateurs, lo que está vendiendo es humo, al igual que hizo el postmodernismo durante gran parte del último tercio del siglo XX.

Porque se les ofrece con la garantía de que en cada una de esas conferencias el público presenciará uno de esos momentos performáticos  ”when-it-all-changed” como decía el escritor William Gibson.

Y es que es obvio que desde una perspectiva sintáctica del discurso, sí, claro, cada una de esas performances de los provocateurs es diferente en sí misma (y es presentada, además, como un ready made que operase en el ámbito de lo económico), pero, ello, por la pura función ineludible del tiempo, que garantiza que siempre serán diferentes las intervenciones del provocateur justamente por suceder en diferentes espacios, y en diferentes días.

Pero es que, aunque las volutas de humo formen caprichosas formas imprevisibles, hoy, ayer y mañana seguirán siendo eso: humo.

- – -  - – - – -

[1] & [4] Javier Marías. “La edad del recreo”, incluido en Pasiones Pasadas. Ed. Anagrama. Barcelona. 1991 [pág 100]

[2] & [3] Andreu Navarra Ordoño. “Palabras a la nada”, de Canciones del Bloque. Ed. Paralelo Sur. Barcelona. 2010. [págs 62 & 63]

- – -  - – - – -

BOLA EXTRA:

En su columna semanal Mínima Molestia, el crítico Ignacio Echevarría se refiere esos otros actos nadaístas que son las conferencias y las presenciones de libros, también lugares propios para la Nada y que generan la siguiente extraña paradoja y es que:

“El periodista cultural no actúa como informante de un acontecimiento real, sino más bien como portavoz o publicista de ese acto. La convocatoria del acto genera una noticia o una crónica, pero el acto mismo no constituye propiamente la noticia o la crónica, sino su pretexto” [1]

[1] Ignacio Echevarria, “Periodismo Cultural” (de la serie Mínima Molestia). El Cultural/El Mundo 24-09-2010.

Comentarios desactivados

Archivado bajo Lecciones de...

Viernes de (casi) ceniza

Regalos del día:

Comentarios desactivados

Archivado bajo Mi semana de cumpleaños

Vidas futuras

A todos nos dan a menudo ganas de largarnos de este país [1]

1.

De este país o del universo,

le dan ganas a uno de largarse.

O callarse y quedarse bien quietecito, dormirse a base de somníferos y basta.

Beber vino, cerveza, aguarrás, lo que sea que se tenga a mano.

Claro que sí, es la fiebre humana que a veces ataca nuestra sensibilidad

y que alerta a nuestras piernas del probable calambre en el que ha caído -y aún caerá más- nuestro cuerpo.

Claro, y el desánimo crece hasta esos límites intolerables que obligan a la planificación de extremas maniobras de escapismo.

Pero es una creencia absurda, la de que todo-lo-que-está-más-allá

(sea donde sea este más allá) será mejor, más conveniente, apropiado, excitante e inspirador.

Porque lo que demonios sea que haya más-allá, no depende tanto del más-allá, sino de lo que nosotros mismos veamos en ese más-allá.

Y es que por mucho que vayamos a ese más-allá, iremos probablemente con nuestra frustración, desánimo y encono, y así no nos quedará otra que ceder a la desesperada indulgencia.

Y creo, además, que pensar que cualquier cosa habrá de ser mejor que la nuestra simplemente porque no es la nuestra es una hipótesis arriesgada; una torpeza casi pueril, diría.

Una inelegante proeza del subconsciente nauseabundo que nos traiciona, convenciéndonos de que no, de que seguro que lo otro, cualquier cosa, lo que sea, será inexcusablemente mejor.

La consecuencia de esto para mí es clara (y me sirve para balancear a la contra las demandas de la desdicha): el mar, vivir en una ciudad con mar.

Es imprescindible, para mí.

La sola posibilidad del infinito azulverdoso a la mano actúa como irremplazable bálsamo ante la tentación de salir por patas.

2.

Los que se enfadan suelen perder

“Cosas que suelen ser”, del blog El rincón de Pintón

Porque no gana quien corre sino que corre más quien gana.

Y ese triunfo se consigue con paciencia, esmero, trabajo, dedicación y sí, suerte, también suerte.

El que acaba pronto acaba mal, porque no selecciona las oportunidades sino que va agarrando las que primero le vienen, sin discriminar. Así su vida futura no será más que la apariencia de una mejorada vida futura;

ese disfraz de aire consumido, lego de su propio descrédito.

Y es que para la buena realización de las cosas se necesita tanto el oportunismo como el buen juicio de saber qué tren es el adecuado.

Y no siempre es el más vistoso o el que carga con más vagones o el parece que corra más.

El tren que llega más lejos, normalmente, suele ser el más precavido, no necesariamente el que menos paradas tiene, pero sí el que más tiempo se detiene en cada una de ellas.

Javier Marias, “El folklore de los huesos indignos”. La Zona Fantasma. 22-Noviembre-2009.

Comentarios desactivados

Archivado bajo Vida personal

Aparejados

Son apáticos, indolentes [...] Ahí está la razón de por qué comen y duermen tanto [1]

1.

Leo a pares

las novelas de Javier Marías

(Mañana en la batalla piensa en mí & Negra espalda del tiempo)

y las de Henry James

(The Tragic Muse & Roderick Hudson).

El primero, à-la-inglesa, describe el carácter de los españoles.

El segundo, à-la-inglesa, describe el carácter de los americanos.

2.

Si se fijan

en la aseveración de Mussolini que adorna el comienzo de este post, se darán cuenta de que Benito, à-la-española, describe a las claras el carácter de los italianos.

“Y así suceden las cosas siempre que haya intención por que sucedan” [2]

3.

Dice Leonardo Sancho Dobles que

El poeta y el místico buscan una comunicación/comunión con la alteridad” [3].

Y sucede que convertirse en un remedo del otro (los jirones del autor que trasudan fríamente en la figura narrador) es quizá la forma única en la que podemos describirnos a nosotros mismos.

De esta forma pues es que necesitamos una distancia jactanciosa con el dolor, para poder comunicarnos con él y, hasta cierto punto, hallarle no tanto el raciocinio del místico, pero sí el denuedo lúdico del poeta.

De ahí que la buena narrativa exude liricismo y chirigota, aun cuando el numen del artista provenga de los más ponzoñosos abismos de la abyección y la ignominia.

4.

“los hombres nuevos no le temen a la deconstrucción” [4]

Pero

volvamos de una vez a Marías y James.

De alguna forma, cuando lee uno a grandes autores los deconstruye.

Y lo hace -si es listo- para su provecho.

Hay entonces una clara distinción entre el plagio más o menos encubierto, la solazada imitación del estilo o los temas, y la asimilación de la verdadera poética de un autor, como acicate para la creación de la propia.

O incluso iría más allá y utilizando la terminología de Genette tal vez hablaría de transtextualidad o (re)apropiación.

A mi entender, es lo que sucede en el estadio primerizo de los escritores, tal vez cuando hablan en voz baja con sus maestros, les piden consejo y/o perdón.

Por ejemplo, leer a Marías es ver cómo éste ha ido deconstruyendo novela a novela  y asimilando a Bernhard y a Sterne, pero también Nabokov y, quizá tangencialmente a Faulkner, seguro gracias a Benet.

El estilismo narrativo de Heny James le debe tanto a los mosaicos dickensianos, pero también a Merimée y Balzac, así como, oblicuamente, pensamos en un diálogo de éste con Hawthorne en sus novelas cortas.

Pero, sin embargo, tanto James como Marías, son puramente James y Marías y nada más que eso;

ambos con sus preocupaciones artísticas

(el lenguaje y cómo contar en el segundo y la tentación apasionada que nubla la rigidez filosófic0/religiosa del artista en el segundo),

sus temas y su mundo.

Ambos sofisticados  y cosmopolitas.

Ambos preocupados por las ligerezas de su tiempo y sus estilos y tonos

(Marías con la novela de espías e intrigas y James con su investigación neogótica).

Ambos parte de una tradición y, sin embargo, únicos.

Los dos con un intacto sentido del fracaso, del deber, pero, sin embargo, de la necesidad de seguir jugando.

Como reza la tumba de Henry James: “interpreter(s) of his generation”.

5.

Es una paradoja que no deja de asombrarme.

Y me refiero a la secreta ambición de la vida por reagrupar lo que teníamos desperdigado.

Esa “sensación de que los libros me buscan” [5]

El mismo James que hacía tiempo no leía, o Marias, al cual detesté aviesa y gozosamente por culpa de su fallas en el idiolecto de sus personajes y que, contra todo pronóstico, reapareció saleroso y peleón en los últimos tiempos

[y Ángela tiene gran culpa de ésto].

Pero -y lo digo en mi descargo-

también a James se le achacaba la irrealidad de sus diálogos.

Y qué, además, me pregunto. Qué, qué importa.

Porque es que ficción y realidad aunque vengan aparejadas no son partes constitutivas de lo mismo.

No son hermanas, sino primas.

6.

El gran escritor

es aquel que -a sabiendas- pone su escritura al borde mismo del abismo de su estilo y sale airoso.

Es aquel

que presenta sus cartas sin más demora y va anexionándoles a estas apéndices,

glosas y el martirio de un razonamiento que se va vistiendo de interminables tropos y disquisiciones,

digresiones y hasta algún paso en falso y que,

sin embargo,

consigue que no solo el cuerpo del delito (la obra) salga rejuvenecida de la experiencia, sino doblemente el lector -al ser participe de ambos logros: el suyo propio y el del escritor-.

Tanto al escribir (cuando redoblamos -si se me permite la expresión- las campanas del otro, el maestro), cuanto al leer (desvelando el complot secreto del escritor),  la experiencia es doble y, por ello, rica.

Así, la pareja Lector/Escritor y Escritor/Maestro conforman un vínculo preciso, a la vez doloroso y feliz,  como el que sucede en estos versos de diferentes poemas del poeta contemporáneo de Rilke, George Trackl,

el niño que:

Peacefully  looks into the night

With eyes that are completely truthful [6]

y la musa nocturna a la que se le espeta:

There you feel: it is good! in painful exhaustion [7]

7.

El hombre nuevo,

en fin, es aquel que, de la parte del lector, no teme ser a un tiempo niño y musa y, del otro lado, de la parte del escritor, no teme realizarse como autor inspirado por las Gracias y ser consecuentemente después sólo noche oscura que es observada con la crueldad de la mirada sincera del niño.

O resumiendo mucho más:

el buen lector exige a su autor preferido que este sea uno, pero consecuencia de muchos,

y el buen autor le pide a sus lectores que sean una multitud que escruta siempre por propio egoísta interés.

Ambos (autor y lector, maestro y discípulo) son tesoreros de un secreto milenario que es (re)dicho cada vez que la pareja se (re)encuentra,

y esto sucede siempre en la tranquilidad de una cena con velas y buen vino,

en esas veladas

en las que se presiente siempre el colofón glorioso de la alcoba.

************************************

Extra,

EXtra;

———————–EXTra…. EXTRa ….. ¡¡¡¡EXTRA!!!!!——————

Tercera acción (o intento de destrucción del lenguaje):

Comprar -a crédito- vidas múltiples (e inacabadas) de un objeto y que se superpongan en el tránsito gozoso de la utilización práctica del mismo.

Fíjense en los precios:

1. Precio de Alcampo

(lugar inexistente): 9.50 euros.

2. Precio de la Fnac

(contubernio gafapasta-generación mutante): 9.95 euros.

Corolario del experimento:

a) Francia nos invade.

b) la (post)modernidad es un presupuesto neo-volteariano.

Addenda (de Ángela):

“Imagine … a neurosurgeon … deliberately stimulating a patient’s brain to induce a thought -he is merely doing clumsily and invasively what a novelist does from a distance. Some outrageous comparisons: Shakespeare was a better psychologist than Freud, Jane Austen has more to say about human nature than Margaret Mead, Dostoevsky than Pavlov, Proust than Piaget. (An exception: the philosopher-psychologist William James was at least the equal of his novelist brother Henry in terms of insight into the human mind.)”
“Ian McEwan and the Rational Mind,” Matt Ridley, Foreword to Ian McEwan, Sebastian Groes (ed.). London: Continuum, 2009, viii.

- – - – - – - – - – - – - – - -

Canción del día:

We used technology but technology let us down – Maus Haus

- – - – - – - – - – - – - – - -

[1] Benito Mussolini (hablando sobre el carácter indolente de los españoles), recogido por su amante Claretta Petacci, en sus diarios. Artículo de Lucia Magi para El País (17-11-2009).

[2] Miquel Urmeneta, en su blog Natural born Majadero, hablando sobre la gestación de Kukuxumusu.

[3] Leonardo Sancho Dobles (Universidad de Costa Rica). “Misticismo/Erotismo: algunos ejes de la poética de Octavio Paz, en Revista Espéculo (UCM). Número 35. 2007.

[4] David Puente“Vuelve el hombre nuevo” (sobre Colin Newman). Revista Lamono. Especial EnMasculino. Noviembre de 2009.

[5] Javier Marias. “Negra espalda del tiempo”. Ed. DeBolsillo. Barcelona. Octubre de 2006. [pág 205]

[6] & [7] George Trakl. “Romance in the night” & “Evening Muse”, de Poems. Ed. Kurt Wolff. Leipzig. 1913.

Comentarios desactivados

Archivado bajo El ejercicio de la escritura, Para acabar con el lenguaje

Quejas improcedentes, y tardías

Lo que sí creo que es decadente e inmoral es la literatura de masas

Heidi James. VideoChat en ABC.es (24-Marzo-2009)

"Don´t complain" (LED panel). Hüseyin Bahri Alptekin (2007)

Me ponen particularmente de buen humor los lunes.

Al menos, hoy.

Imagino todos los lunes por venir y ello me produce una indisimulable satisfacción.

Es signo de los tiempos, ojalá pienso, porque recuerdo lunes terribles de irredenta resaca y autodindulgencia,

y cama todo el día y cancelación de citas.

Y tampoco hace mucho de esos lunes… qué va, no tanto.

Así que ahora, hoy al menos, sentir la feliz versatilidad del lunes, con toda su frágil rareza empero, es cosa bien buena para mí.

Salir a la calle,

apenas en mangas de camisa, pasear por el barrio, a la carrera, y caminar silbando una de esas canciones pizpiretas de B.J. Thomas, tararear risueñamente  “crying´s not for me” como quien viese en ese amasijo de personas los flecos florecientes de una fértil pradera,

y hablar con unas señoras que habían perdido unas llaves, y comprar tabaco y seguir tarareando y… y… y…

Embriagarse de una frase sabia:

“las vidas son a menudo traición y negación continuas de lo que hubo antes” [1]

Llegar, pues, al fin a esta conclusión:

lo inmoral no es la literatura de masas, amiga Heidi James, qué va, lo inmoral es la buena literatura, la que convierte la vida en una tautología.

Y esto porque la literatura es la más alta traición, en eso consiste la sublimación, amigos, en hacer arte de la barbarie que es siempre el pasado de uno.

Porque toda revolución es necesariamente un aniquilamiento de todo lo otro, lo anterior.

Quien no tenga arrestos para clavarse un puñal en el estómago y remover…, en fin, mejor que lo deje estar y se dedique a otra cosa,

a persistir en sus magras convicciones decadentes, por ejemplo.

Y que bien le aproveche.

Eah!

+- – - – - – - – - – - – -

Programa de TV del día:

Mapa Sonoro – RTVE

- – - – - – - – - – - – - -

[1] Javier Marías. Mañana en la batalla piensa en mí. DeBolsillo. Barcelona. enero de 2009. [pág 220]

Comentarios desactivados

Archivado bajo Uncategorized

Sobre la posibilidad… en la literatura


“No es tan importante hacer las cosas como saber que puedes hacerlas. La posibilidad es excitante, aunque no la uses” [1]

En efecto,

totalmente de acuerdo con las palabras expresadas arriba de Karl Lagerfeld;

sería mostrenco no felicitarse por la libertad que concede lo posible.

Aunque el mero regocijo sería también cosa de necios.

O sea, que, como ya se preveía, la posibilidad es una paradoja en sí misma.

Una exageración, pues. Porque todo, absolutamente todo en el mundo, trae como punto de partida una posibilidad.

Y no, tampoco hace falta concentrarse en justificaciones de la filosofía existencialista, ni en la especulación de la materia de los presocráticos, ni en la filosofía del lenguaje, ni…

No, lo demostraré con un ejemplo histórico bien elocuente.

Veamos, vamos a escuchar a Pere de Vaux de Cernais, celebrando -exageradamente- la muerte del conde de Tolosa, y duque de Narbona, visconde de Besiers i de Carcassona,

don Simón de Montfort:

“La seva mort fou la mort de tota cosa, perquè era el consol dels afligits, el coratge dels febles, el refugi dels dissortats” [2]

Y, en efecto, fue Simón considerado un mártir de las cruzadas del siglo XIII, sí, pero su gloriosa muerte se debió a una tonta muerte provocada por una piedra lanzada desde una catapulta que le arrancó los dientes, el cerebro, la frente y lo dejó literalmente negro.

¿Saben quién fue el feroz contrincante que le sacó de cuajo la cabeza a nuestro valiente guerrero?

Una púber jovencita occitana de la ciudad de Tolosa.

Como lo oyen.

¿Ven, pues, qué maravillosa resulta la posibilidad aplicada a la literatura?

En fin, en términos morales, sería algo así como lo que sigue:

“Nuestra idea de la justicia va variando según nuestras necesidades y siempre consideramos que lo necesario puede ser también justo” [3]

De lo que se concluye, pues, que lo que nos excita de la posibilidad es su capacidad de ser adaptable a nuestras convenciones éticas.

Porque:

“Lo único seguro sería no decir ni hacer nunca nada, y aún así: puede que la inactividad y el silencio tuvieran los mismos efectos, idénticos resultados, o quién sabe si todavía peores” [4]

Lo cual demuestra de nuevo la paradoja,

pues la posibilidad, finalmente, se ve doblegada sin remedio a nuestro ideario sentimental, político y estético.

¿existe entonces realmente la posibilidad?

En otros términos:

a pesar de ser totalmente libre (al menos en su punto de partida), al escritor le gobierna la ineludible carga de su individualidad.

Así no veo cómo podríamos hablar plausiblemente de posibilidad.

Un apunte final: si tomamos en cuenta el látigo de Truman Capote… (ya saben, aquello de que Dios le da al artista un don que es a la vez un castigo),

y le damos la vuelta al enunciado, no nos queda más remedio que preguntarnos si es posible que un escritor no escriba.

Mi respuesta es un NO rotundo.

- – - – - – - – - – - – -

Videoclip del día:

Un solo botón – Nu Niles

- – - – - – - – - – - – -

[1] Karl Lagerfeld, en entrevista con Eugenia de la Torriente. “El último superviviente”El País Semanal. 01-11-2009.

[2] Jordi Ventura. “Pere El Católic i Simó de Montfort”. Ed. Selecta-Catalònia. Barcelona. 1996. [pág 294]

[3] & [4] Javier Marías. Mañana en la batalla piensa en mí. DeBolsillo. Barcelona. Enero de 2009.  [pág 143 & 147]

Dejar un comentario

Archivado bajo Lecciones de...

Idénticos planes, nuevas estrategias


Haring

Marlene Haring "Lickingglass"

Lo del encanto es un decir

Javier Marías.  “La gratitud”, en La Zona Fantasma, 20-sept-2009

1.

Este fin de semana

vino parte de la familia desde Castellón a vernos en nuestro estreno en directo con “Harold & Blúm”.

Estamos contentos. Francamente. De que vinieran y del espectáculo.

Fue un fin de semana emocionante, en todos los sentidos.

Y creo que lo mejor es que los más sorprendidos por la solución de todas las cosas fuimos Ángela y yo.

Y es que sobre el papel, siendo uno el propio juez de su trabajo, se suele pecar de optimismo o de vanidad. No creo, de todos modos, que fuese nuestro caso.

Hemos sido bastante humildes, precavidos y minuciosos con la preparación tanto teórica como formal del espectáculo “Injertos”.

Aunque sí es cierto que careciendo de opinión ajena sobre el espectáculo, pues nos tenía un poco nerviosos la materialización del resultado encima de un escenario.

Era la primera vez que lo hacíamos, claro.

Y es que sucede pues que debe ser el criterio de los otros lo que nos da tanto la confianza y seguridad como la necesaria validación de lo que hacemos.

Porque, claro, todo espectáculo, igual que toda obra artística, se hace para un público, que es al fin quien lo juzga, disfruta y sanciona.

El resultado, pues, parece justificar todo nuestro trabajo.

De todos modos, lo importante fue que Ángela y yo disfrutamos con ello. Caso contrario carecería del menor sentido.

Aunque si he de hacer una confesión, yo creo que estuve mucho mejor el sábado que el viernes. Ángela estuvo esplendorosa los dos días.

Prometo mejorar para la próxima vez que vengan a vernos.

Y, por supuesto, muchísimas gracias a todos los que estuvisteis allí. Sin vosotros, esto no tendría el menor significado.

2.

Es curioso, llevo tiempo observándolo.

Me refiero a la mecánica del insulto y el oprobio.

El vilipendio anónimo y el grito cáustico.

Lo mencioné el otro día, como al pasar, respecto a lo que sucede en Facebook, que un poco viene a evidenciar esta tendencia, si es que así se pudiera llamar, o estado de cosas.

El caso es que el Macba propone ahora una exposición llamada “Modernologies” que parece querer (re)situar las ilusiones nunca alcanzadas del modernismo, sugiere no tanto su recuperación sino su continuación.

Yo ya escribí un ensayo y varios textos críticos al respecto hace varios años al hilo de haber conocido en Valencia los trabajos sobre la transmodernidad de la filósofa Rosa María Rodriguez Magda.

Mi punto de vista es muy sencillo: el postmodernismo no es una solución sino tan sólo un paréntesis. Una parada para tomar aire, si se quiere. Y así deberíamos valorarlo. Algo necesario pero forzosamente coyuntural.

El problema, a mi modo de entender, es que el (post)modernismo teórico es fascinante y provocador, pero no así sus prácticas. Sus prácticas son miméticas. Y una teoría no puede seguir con los mismos diseños que perpetra destituir de la vigencia artística.

Es muy sencillo: las aplicaciones (post)modernas han resultado decepcionantes respecto a sus postulados.

No es raro entonces encontrar una vuelta a las vanguardias.

Es algo que ya formuló Frederick Jameson: que el postmodernismo copia la lógica del capitalismo, por lo tanto no es apto para la confrontación, que es la tarea primera del arte.

Si les interesa el tema, el 23 de Septiembre el Macba organiza un simposio sobre el particular

(aquí toda la información).

Ojalá nos sirva ésto para repensar la histeria actual consecuencia de la inanidad postmoderna.

3.

Y hablando de nuevas estrategias,

dicen por ahí los chicos de Inverso que la poesía en Madrid importa, y mucho.

Vamos a ver si conseguimos lo mismo en Bcn.

¡Venga,

que entre todos podemos!

cartel_amarilla_small

4.

Y hablando de lo lírico en Barcelona,

ayer estuve en la librería Bertrand en la presentación del libro de Fernando ClemotEl golfo de los poetas”, publicado por Barataria.

Atentos al comienzo:

Siempre hay un tiempo en que todas nuestras expectativas parecen prestas a colmarse; está ahí, guardamos una estación hermosa en cada uno de nosotros, un lienzo de paraíso, una edad feliz en que cada paso parece destinado a lo sublime.

A esto le suceden 288 páginas que se prometen puro deleite para los sentidos.

Ya les iré contando… pues se prevé enjundia de la buena.

Y ahora el testimonio gráfico:

IMG01285

Foto0476

IMG01292

IMG01293

CONTENIDO EXTRA:


Dos placeres más para los próximos días (regalo de mi mamá):

IMG01289

Dejar un comentario

Archivado bajo Harold & Blúm: Lecturas a grito pelao, Uncategorized, Vida personal

No borres las pistas

Nunca es tarde
para tener una infancia feliz
Ramon Buenaventura. Teoría de la Sorpresa.
liyu_liubo_03

Li Yu & Liu Bo

1.

Pensando en los beatniks,

y esto por la  película “The beatniks” (1960) [Una burla de Keoruac y sus compinches], de Paul Frees, me brinca en la cabeza esta frase de J. Ernesto Ayala-Dip a propósito de Fogwill,

dice:

“Es posible que los seres o las realidades parodiadas sean ellos mismos los únicos responsables de la parodia de que son objeto” [1]

Y esto también a propósito de la pelicula “La maman et la Putain” que vi el otro día en la filmoteca.

Es una película de Jean Eustache.

También es pura parodia de la nouvelle vague. Su defunción y defenestración. Un verdadero tonelaje que no es que no le deje a uno indiferente, es que te deja tocado, tres horas y casi cuarenta minutos de puro aprisionamiento dialéctico.

2.

A veces, pienso que nosotros, o mejor dicho la imagen que tenemos nosotros de nosotros mismos es justamente eso, una parodia de la verdad.

Sentir con demasiado éxtasis la ventura de nuestros actos, nos lleva indefectiblemente al desasosiego;

sí, es ciclotimia esto de lo que hablo, ¡pues claro!, pero la ciclotimia, en fin, es una parodia de la falsa estabilidad que creemos gobierna nuestras vidas.

Su legado artístico, si se quiere.

Sin saberlo, nuestra mente hace arte de nuestra vida infame. Porque sino, tal vez, nos quedaría sólo el llanto o el suicidio.

Es exactamente esto que dice Ángel González:

“[yo soy] el éxito de todos los fracasos,

la enloquecida fuerza del desaliento” [2].

3.

“Una burbuja es sencillamente una situación en la que los inversores creen que una subida momentánea en el precio de algo va a ser permanente”[3]

Supongo que sucede lo mismo con nuestra personalidad,

que se comporta como una burbuja.

Y es que a veces pienso si la personalidad no es sólo un truco de la cultura para mantenernos bajo su yugo.

Una negligente artimaña de la vanidad.

Porque un éxito nos hace pensar en interminables sucesiones de éxitos. Y ello no suele suceder y, sin embargo, un día y otro es esa nuestra esperanza y convicción.

A ella, de hecho, solemos apostar casi todos nuestros recursos.

Es lo que nos vende la publicidad actual: la identificación a través de la tenue sonrisa provocada por el chiste barato. Una parodia más. Los prosumidores no son nada más que eso: una forma de falsificar la volición utilizando la simulación en modelos aparentemente actanciales.

Es por ello, imagino, que no nos queda sino la estética.

Fíjense en la proliferación infame del diseño gráfico y la cocina de autor, por poner dos ejemplos rápidos en esta nuestra Barcelona más actual.

Javier Marías lo dice en otros términos:

Lo malo de nuestro país es que la realidad siempre acaba imitando a su caricatura, y aun la deja pálida [4]

Sin estética

el ser humano no es más que un simpático esqueleto con piel y vello y enfermedades.

Irónicamente, sin estética, no hay poesía.

Y, sin poesía, no hay vida que merezca la pena ser vivida.

4.

Creo que con toda probabilidad,

nuestro problema radica en esos mismos modelos de representación

(las obras de arte contemporáneas).

Si la época anterior a la nuestra se caracterizaba por ser una época trágica, y por ello había de ser tratada con el humor,

nuestra época se caracteriza por su creciente desapego, y la forma seria e indolente que tenemos de tratarla y que, justamente, revela su falta de ironía.

La consecuencia es que el ridículo se ha disociado.

Nada es ya ridículo, porque todo lo es.

(un ejemplo de imbecilidad compartida)

Es decir, no hay modelos comparativos, ni criba, ni sistemas de valor. Así, el arte no hace parodia del ser humano, sino que irónicamente, lo vuelve sagrado.

El gran ridículo de nuestra época es, digámoslo de una vez: la solemnidad.

Y ello viene marcado muy de cerca por la ignorancia.

5.

Por ello,

debido a la falta de distancia crítica con la realidad,

las obras de arte actuales suelen nacer ya casi muertas, fatalmente ligadas a un momento histórico tan preciso y particular (en el que son creadas),

que en un suspiro su vigencia ya ha pasado.

Y esto tiene un correlato insoslayable en nuestra personalidad, que no acepta el fracaso, y lo disfraza, y crea en torno a él una burbuja, y la dialéctica se utiliza para suavizar los rastros y no para enfatizarlos.

Pero sin rastros, démonos cuenta, sin las piedrecitas que se van dejando para marcar el camino, lo que quedan son livianas y fútiles migas de pan,

y, ya lo sabrán Vds. que este mundo está lleno de buitres disfrazados de pajarillos que no dudarían un instante en comerse todas las miguitas.

Este es el gran problema de nuestra sociedad,

que queremos que todas las cosas sean iguales, pero si invertimos el aserto, fíjense: si todos somos iguales, significa que necesariamente no hay nadie ni nada diferente.

Si cada cual no marca su propio camino con las piedrecitas que son sus fracasos,

y sustento propio de su personalidad, la consecuencia es sencilla:

que la burbuja cada vez se vuelve más irrespirable.

Y muchas burbujas juntas, atropellándose, acaban pareciéndose bastante a una ciudad sitiada.

[1] J. Ernesto Ayala-Dip. “Una argentina soviética”. Babelia (El País).04-07-2009.

[2] Ángel González. Para que yo me llame Ángel González.

[3] La crisis financiera. Guía para explicarla y entenderla. Juan Torres López, con la colaboración de Alberto Garzón Espinosa. Editado por ATTAC. [Pág 20]

[4] Javier Marías. Caricatura del jefe español (o no tanto). En La Zona Fantasma. 5-Julio-2009.

Dejar un comentario

Archivado bajo El ejercicio de la escritura, El yo y sus aledaños, Lecciones de...

Cartografía Sentimental (VI)

<<<<<5 cosas

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

1. El documental

Henry Miller (Asleep & Awake),

de Tom Schiller[1975].

MIller

2. Este proverbio japonés que abre la novela de

Junichiro Tanizaki (de título homónimo):

A cada gusano su gusto;

los hay que prefieren las ortigas

Tanizaki

3. Esta frase de Salvador Dalí:

Yo soy metafísicamente monárquico

4. Haber visto por fin “La noche americana” de Truffaut en la Filmoteca.

la noche americana

5. Javier Marías diciendo en su artículo semanal de La Zona Fantasma (28-Junio-2009) lo que es más que obvio: que los españoles son imbéciles y que el estado es de un pusilánime que da ganas de llorar.




Dejar un comentario

Archivado bajo Cartografía Sentimental, Uncategorized

Bloomsday

¡Claro que me interesa la autoficción!

Patrizia de Souza

1.

Una calavera.

Vale, no es demasiado grande y además muerta, por ser calavera, claro, porque todas las calaveras deben estar necesariamente muertas, eso sí, pero era (es) una calavera, estoy seguro, y aun con su forma de troquelado era (es) puntiaguda.

La miro: me rasco el gaznate…

Me pincha, me pincho, o acaso sea la barba, que resuena como las cuerdas vocales que hay adentro del gaznate, pero no puede ser porque yo creo que estoy dormido… la barba me pica, sí, y en los sueños no hay picores.

¿Y la calavera?

Me pongo en pie, y no me mareo. Entonces digo, sí, puede que sea un sueño.

Meto de nuevo la mano en el bolsillo, mientras camino no sé si en dirección a la cama, o en dirección a la cocina, o en qué dirección, lo único que sé es que soy consciente del movimiento mismo, ese interés expectante por la propia acción de desplazarse. Sé que camino en alguna dirección, sin precisar cuál.

Y ahí está, al sacar la mano del vaquero: la puñetera calavera, pero que es simplemente un holograma inscrito en una púa de guitarra.

Y pienso: ah, claro, me la regaló mi hermano V. Ayer.

Y el corolario: ¿para tocar qué guitarra?, ¿me la ha dado porque quiere que toque la guitarra? Repito: ¿qué guitarra?

Y aún más:

pienso: ehm, sí, vale, aparte del asunto de la guitarra, el caso es que me regaló otra, otra mejor… otra púa, quiero decir, ayer, una púa donde salía dracula mordiéndole a una chica, que se movía si jugabas con el holograma mismo.

¿dónde estará? Y aún más: ¿porque mi hermano va por ahí regalando(me) púas?

La púa perdida era mejor que la púa que conservo, además la calavera no se mueve, no hace acción alguna, claro, me digo, las calaveras están muertas… sí, y yo…

Me mareo (constatación inexcusable de que no puedo estar muerto, como la calavera de la púa),

y caigo en la cama, y me llevo la mano sobre las pantorrillas y descubro que llevo vaqueros y me digo: ¿qué haces en la cama con vaqueros?

Y pienso si no será que deliro o que estoy en un sueño.

Angela se gira y sólo lleva unas braguitas, y no abre los ojos y le pregunto y dice: ¡tengo mucho sueño!

Decido que tengo que dormir más. Más. Mucho más.

En el reloj de muñeca pone que son las 08:57. Al que madruga se le llenan los bolsillos de piedras, me digo.

Duerme, es una orden, duerme.

2.

Mientras cierro los ojos

(y no sé si estoy saliendo del sueño o entrando en él), una frase rebota en mi mente: “el entusiasmo es muy mal talante para empezar [1]“.

Me propongo agotar mi bravura en el sueño y despertar solo cuando esté tan cansado que no pueda ni levantarme y entonces me vea obligado de nuevo a dormir, para que hoy, 16 de junio, no pase nada, absolutamente nada.

O sea, que mi plan básicamente es la letargia misma, gozar ese sonambulismo contemporáneo. Y trágico. Y humorístico. Y demencial.

Cierro los ojos…

(pero no, no consigo que se me cierre el alma,no, no puedo ¿por qué el alma no duerme cuando soñamos, puñeta!);

el caso es que le voy dando vueltas al asunto de la emoción, pues la pura excitación me embarga,

así, con los ojos cerrados y el alma turuleta y… que será por eso que sucede una de esas erecciones tácitas, de esas causadas por la misma alteración penosa del ánimo. El deseo mismo por sufrir una erección.

Pum, y ahí está, satisfecha y fatua como toda erección…

Ahora no, pienso. No. Me digo: quédate quieto, que pasará…

Y abro los ojos, miro el techo, pienso en esta frase:

Me tapé con una colcha gruesa hasta la nariz y me concentré en la mancha del techo para evitar pensar en la noche anterior [2]

Ah, sí, pero qué hice yo anoche… La púa. Ah, ya.

Y recuerdo… todavía sin poder ni salir de la vida ni meterme en el sueño…

recuerdo…

tenía 14 años cuando formé un grupo que se llamaba “Los Rockin´ Cadillacs”. Tocábamos rock and roll, claro. Y queríamos triunfar muchísimo.

Mis papás me construyeron una sala de ensayo insonorizada en la parte de atrás del jardín, en el chalet que teníamos antes de arruinarnos y tener que venderlo.

Los Rockin´Cadillacs… yeah! por puro orgullo me pagué mi primera guitarra con todo lo que trabajé durante un verano en un chiringuito de playa.

Yo tocaba la guitarra, y cantaba, y escribía canciones de desamor…

No, no quiero volver a tocar la guitarra nunca más, tocar la guitarra, ser músico, escribir canciones de desamor… duele. Duele.

Duele.

Además nunca fui buen guitarrista, mi tío Antoine decía que era igual de excitante que un palo de escoba, como cantante, como guitarrista.

Mi hermano V. simplemente dice que soy un sosainas.

Vale, nunca tocaré la guitarra como él. Pero la melancolía me habita.

Oh, sí, yo os digo… amigos, en verdad os digo que mi único pecado es esta alma mía melancólica que me martiriza desde la cuna…

Una maldita alma melancólica que no dormita siquiera cuando uno sueña, y que ahí sigue, ale, ale, percutiendo como una mala pécora.

3.

-Calla, calla, quieto! calla, que tengo mucho sueño… -me recrimina Ángela.

Será que hablo en alto, o no, será que ya esto no es ni vida ni sueño, sino muerte.

¿Será así el purgatorio?, pienso… así un lugar en el que todo el mundo tiene ganas de dormir…? eh?

Dice Javier Marías:

Seguramente sólo se pierde de veras lo que uno olvida o rechaza, lo que prefiere borrar y ya no quiere llevar consigo, lo que no queda incorporado a la vida que se cuenta uno a sí mismo.

Me llevo la mano al vaquero, con atemorizada presunción y, por suerte, ahí sigue: la púa.

La miro.

Entonces todo queda claro: hay que levantarse.

Al trastabillar por el pasillo, y comprobar en el reloj que son más de las doce me entra la angustia: tengo que coger un tren esta tarde. Vuelvo a Castellón.

Y la angustia significa no querer hacer lo que se sabe que se debe hacer.

4.

Por ello abro la maleta verde, rígida, prístina, y tiro prendas adentro, y luego las saco, y las vuelvo a tirar, y me tropiezo con los armarios, y me pongo unos zapatos y luego otros, y le pido a Ángela que ponga música en el Spotify, y cuando ha puesto una canción le digo: “no, quítala, no me gusta”.

Y le doy otro título, de otra canción. Y otra vez lo mismo. Y ella, en un determinado punto, desiste. O la hago desistir.

Entonces me acuerdo que deberíamos comer, y no estoy seguro de si vamos a comer o si quiero comer. Esto es una duda que me asalta a diario: si quiero dejarme morir o sigo alimentando pérfidamente la maquinaria del cuerpo.

Ésa es mi duda.

Pero bueno, pongamos que ella sale a la calle, pongamos que ha caminado por Sant Antoni, y tal vez por Pelayo, y que está en el Carrefour de Las Ramblas y me llama por teléfono

(en tanto que yo me pongo zapatos y me los vuelvo a quitar y empalmo cigarrillos)

y me dice: qué.

Y yo: pues nata para cocinar, mushrooms, cebollas de girona… y, y vino. Ribera del Duero. Y ella: qué.

Y yo: vino, Ribera del Duero.

Y pongamos que antes le he dicho: he sacado un sobresaliente en la asignatura X, (una asignatura que es de indios y chicanos, básicamente).

Y pongamos que por eso ella ahora responde: oh, sí, sí, lo celebraremos. Con vino, claro. Ribera del Duero.

Cuelgo el teléfono y vuelvo a la habitación donde está la maleta.

Es una habitación pequeña, con dos armarios (uno a cada lado). Y mi maleta en el medio y todo el resto de espacio está ocupado por los zapatos de Ángela.

Vuelvo donde el ordenador y chequeo el mail.

compruebo que mi tren sale a las 19:30. Y saber que mi tren va a salir a las siete y media y no a las siete y veinticuatro ni a las siete y cuarentayocho ni a las siete y dieciseis, me llena el corazón de alegría.
Así que me digo que ya podré hacer más tarde la maleta y me siento en la silla verde, y cierro los ojos,

pongo una canción en el Spotify y, a pesar de saber que estoy muerto

(o en un sueño de aceptable calidad),

me siento feliz.

Pongamos que suena Be my Yoko Ono.

Todos los muertos felices… pienso. Pensar es una forma de estar muerto.

5.

Lo celebramos, claro. Yo cocino.

Comemos los dos.

O ha cocinado ella. O a medias. Bueno, digamos que mientras Ángela hizo los preparativos yo estaba trasteando por Internet y probándome zapatos

(lo cual es marciano porque ella gasta un 37 y no me caben sus zapatos -a veces me he puesto algunas braguitas suyas, pero esto es otro tema-).

Lo celebramos, sí, ya lo he dicho.

Y ella habla por teléfono después mientras me deja metiendo (y sacando) ropa en la maleta. Y me harto y la lanzo al cesto de la ropa sucia y le digo: lávamela, por favor, cuando puedas. Para mi vuelta.

Ella dice: claro. Hecho. Y lo dice sin dejar de hablar por teléfono.

Así comenzamos a hablar los tres por teléfono (o sea, que ella habla con otra persona al otro lado del hilo, pero yo le hablo a ella, y así cuando ella me transmite lo que su amiga le dice por teléfono, pues es como si los tres conversáramos).

En uno de estos momentos ella me dice que la avise cuando tengamos que irnos. Así que empalmo tres cigarros y cuando veo la última colilla retorcerse en el cenicero, digo: ¡ya!

Voy a recoger la maleta para irnos, pero al verla todavía abierta y tan vacía, agarro rápidamente algunos libros y los arrojo dentro.

Pienso: bien.

Cierro los cuatro cierres de la maleta y no la bloqueo con la combinación ni con la llave. Sólo los cuatro cierres.

Bajamos, y me acuerdo de un MG descapotable que vimos hace dos o tres días.

En el pakistani de la esquina imprimo el billete de tren y me hago un lío con las calles y le digo a ella que quiero ir en autobús

(y argumento convincentemente mil razones por las que es mejor ir en autobús), pero ella, Ángela, serena y dulce dice: no, vamos en taxi.

Entonces me llevo la mano al bolsillo, por buscar no sé …calderilla, un mechero… y sólo encuentro la púa, la saco, se la enseño a Ángela y ella se ríe.

Y dice: no te preocupes, pagaré yo.

Estar sin dinero es otra forma de estar muerto, pienso.

6.

Me pongo nervioso en la sala VIP de Renfe, ya en la estación de Sants.

Es la primera vez que estoy con Ángela en esta sala y ello me produce una suerte de excitación pecaminosa. Ella se sienta en un sillón blanco y yo en uno de los puffs negros.

La miro y pienso que la veo desde fuera,

pienso: qué mujer. Y luego me miro a mí y pienso: qué hombre.

Y esto no significa nada, pero sin embargo, tiene un significado preciso y concluyente. Lo intuyo.

Y pienso de nuevo: qué mujer. Qué hombre. Y lo pienso como si no fuéramos nosotros mismos los que estamos aquí, sino que esta representación fantasiosa de nosotros mismo fuese una suerte de regalo que la vida le hace a los muertos, para engañarlos, para que vuelvan, para que coman y produzcan dinero, para que no piensen…

Al salir me tropiezo y tiro una mesa. La recojo. Suerte que era de plástico.

No se ha roto.

7.

Ya con el traqueteo infame del tren pienso en el infierno, y en los trenes Alaris; a pesar de que vayas en preferente no te dan cena, ni copa de bienvenida, ni un vaso de agua, ni periódicos.

Nada.

Me llevo la mano al bolsillo del vaquero y lo único que encuentro es la púa de la calavera.

Cojo un libro en cuya primera página pone: Para Ángela y Pepe, con mucho cariño.

Cierro los ojos.

El traqueteo del tren me recuerda que tengo costillas. Los trenes nunca van a ninguna parte, pienso. Los trenes también tienen costillas, pienso. Yo ahora mismo, no voy a ninguna parte. Esto último es un apriorismo.

Cojo uno de los libros que he traído. Leo. Leo en una de sus páginas:

“la desesperación es bella” [3].

Cierro de nuevo los ojos, me preparo mentalmente para la aridez de los próximos días, estaré hasta el día de San Juan en Castellón. Solo. Sin ganas de estar. Ni solo ni en Castellón.

Si esto no fuera un sueño, ja… si esto no fuera un sueño…ejem, sé que podría llorar… y lo sé porque con la púa con forma de calavera que me regaló mi hermano V. me rasco la tripa, y no se escucha ninguna canción más que el chirriar de dos superficies mórbidas.

El lánguido susurro cándido de cuando actúa la metempsicosis…

8.

En la vida uno puede apearse de los trenes que quieren llevarnos lejos, pienso, esos mismos trenes que no van a parar a ninguna parte, pero que siempre van lejos de los deseos de uno, siempre hacia el infinito… o hacia Levante.

El deseo es solitario, sí, lo dice el título de este mismo blog.

El deseo es otra forma de estar muerto

(o soñando).

Escribir la tragedia de no poder ser la reencarnación de Ulises en este día de Bloomsday de 2009, sé que es una forma de redención, o así lo espero,

porque este tren no me lleva a Ithaca, y por las ventanas sólo se ven sombras.

Y las sombras nunca dicen la verdad.

Y lo que es más verdad que la verdad, siempre es mentira, o autoficción.

Es decir, que afortunadamente, sólo podemos reencarnarnos en nosotros mismos.

O sea, que este Bloomsday que me lleva a ninguna parte, en verdad,

me lleva al fondo de mí mismo, al corazón de mis tinieblas.

Puede que sea un mal lugar, pero al menos se está calentito allá adentro.

[1] Luis Magrinyà. “Conformidad” en Los Aéreos. DeBolsillo. Barcelona. 2006. [pág. 139]

[2] Andrés Felipe Solano. Sálvame Joe Luis. Ed. Alfaguara.Bogotá. 2007 [pág 61]

[3] Ramiro Lapiedra. “Epifanía: un rodaje porno”. Ed. Mountainsoft. Madrid. 2ª edición. Junio de 2009.

02-06-09_1659

Dejar un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Soñar con libros

Del sueño

lo único que importa es su calidad.

Esto lo sabe cualquiera.

La ausencia de ruido, la oscuridad que resguarde el tranquilo letargo de las pupilas, la buena conciencia… un cuerpo adorable que le acompañe a uno…

Sí, sí, estos son cosas que ayudan, pero no garantizan la calidad de una buena soñada.

Del mismo modo ocurre con un libro,

pero a la inversa: el estilo, la originalidad, el dominio de los recursos son -de normal- garantes de la calidad.

Pero la calidad en un libro, contra lo que sucede con los sueños, no lo es todo.

Porque un libro, a pesar de ser un libro bueno, bien escrito, de un buen autor, a pesar de ser de calidad, no garantiza (per sé) una gratificante leída.

Pues así está resultando con los pésimos sueños que estoy teniendo estos días por culpa de los obreros y sus violentas herrramientas y golpes y gritos, demenciales obreros que me tienen invadida la casa.

Pues así con “Los dominios del lobo” de Javier Marías

(Su primera novela, circa 1971).

Lo abandono en la página 192 (de un total de 338).

Justo aquí:

Se abrió una puerta de vaivén y un hombre gordo con un gorro de cocinero entró con una fuente llena de carne muy frita, y dijo:

-Ya está, señor Wainscott -Y la depositó sobre la mesa [1]

Pues ya está.

Aquí me planto yo también. Dejo el libro sobre la mesilla de noche.

Abandono.

Y eso que llevo semanas soñando con leerlo. Lo rescaté en mi último viaje a Bcn, y me lo traje y comencé a leerlo con placer e interés, con inenarrable placer e interés;

lo había comprado hace meses y tenía unas insoportables ganas por desmenuzarlo y poseerlo y aprender de él y con él solazarme.

Pero nada,

del mismo modo que me es imposible tener un sueño de calidad en esta casa de mi madre (y que, por tanto, no es mía),

del mismo modo me sucede con este libro de Javier Marías, porque sucede que no es del enorme escritor Javier Marías que conocemos por sus obras geniales, sino otro, uno que está en otro sitio,

en este pretérito Marías no hay alma, porque todas las almas habrían de venir después.

Por ello no consigo disfrutarlo:

igual que ahora (a las 09:30 11:13 de la mañana) intento infructuosamente dormir y me atormenta el ruido infalible de los obreros, así me pasa con el libro de Marías, que está preñado del ruido de otros muchos autores que no son él.

Y la calidad del sueño sólo se alcanza cuando hay sueño solo y nada más.

Así con los libros. Así con Javier Marías.

[1] Javier Marías. “Los dominios del lobo”. Ed. Alfaguara. Madrid. 1999.

Dejar un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Walah Walah (VIII)

1.

Cuando una cultura ha relegado al desván de las cosas pasadas de moda el ejercicio de pensar y sustituido las ideas por las imágenes, los productos literarios y artísticos pasan a ser promovidos, y aceptados o rechazados, por las técnicas publicitarias y los reflejos condicionados en un público que carece de defensas intelectuales y sensibles para detectar los contrabandos y las extorsiones de que es víctima

Mario Vargas Llosa. La civilización del espectáculo. En Letras Libres. Edición de febrero de 2009.

2.

Numerosos cineastas y narradores actuales, normalmente los que se creen más innovadores y modernos y se permiten tachar de anticuado cuanto es un poco más viejo que ellos, hacen películas y escriben novelas rancias, repetitivas, trilladas. Con una mezcla de ingenuidad y soberbia, han decidido que no tienen que aprender lecciones de nadie y que la literatura y el cine van a nacer o a renacer con ellos. No se molestan en ver qué se ha hecho antes, porque piensan que lo que se les ocurra ha de ser por fuerza “nuevo”, tanto como lo son sus vidas.

Javier Marías. “Visitar la prehistoria” .En La Zona Fantasma, 22 de Febrero de 2009.

Y sucede que, además, es verdad.

Dejar un comentario

Archivado bajo Walah Walah