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La timidez en/y la escritura

Patrick Carpentier – somewhere (2012)

1.

Dice Javier Moreno:

“los escritores fragmentarios tienen pulmones débiles o, quizás, sean tímidos, incapaces de secuestrar la atención del lector durante mucho tiempo. Ante todo, no desean molestar”.

Javier Moreno, Alma, Ed. Lengua de Trapo, Madrid, 2011 (p. 16)

*

2.

Y dice Juan Carlos Onetti:

“Releía viejos libros como si estuviera logrando unirme de verdad a los autores y el placer se mezclaba con la tristeza de sentirme ausente, tal vez para siempre, del mundo de verdad, del mundo que yo había conocido y donde en la adolescencia fui formando con días y noches mi personalidad”

Juan Carlos Onetti, Cuando ya no importe, Ed. PuntodeLectura, Madrid, 2008 (p. 59)

*

3.

De lo leído se puede sacar una conclusión rápida y una objeción.

La conclusión primero: que los escritores fragmentarios viven en la realidad del mundo palpable, afuera de la literatura. Y es por ello por lo que pierden la atención del lector con rápidez, por la razón de que el lector ya vive en la realidad y justamente lo que busca en un libro es que le saquen de esa realidad, aportándole una visión nueva o un prisma diferente desde el que mirar lo ya de sobras conocido. Lo último que quiere el lector es que le recuerden lo que ya sabe.

Y ahora la objeción: la timidez no tiene nada que ver con la gallardía, pero sí con la ambición.

Lo que les falta a los escritores fragmentarios hoy es precisamente tal ambición.

*

4.

Un ejemplo palmario de que la fórmula fragmentación + timidez no está obligada a producir los resultados que pronostica Javier Moreno es Enrique Vila-Matas.
Aprovechemos, pues, para verlo en una entrevista de 2001 en el programa Off the record.

Si pinchan en la foto (que le tomó Vasco Szinetar en Venezuela ese mismo año, justo cuando le dieron el Rómulo Gallegos) y de la que el propio Vila-Matas dijo que su rostro era “joven todavía en 2001″, podrán acceder a la entrevista íntegra que le hiciese Fernando Villagrán cuando -como se dice en la web del programa- todavía no le habían dado ningún premio, más que uno en el colegio y por la razón de ser el único que se había presentado.

Aprovechamos además para felicitar al sr. Vila-Matas por esa crítica tan contundente que firma Jacqueline McCarrick para el Times Literary Supplement y que nosotros ya adelantamos aquí.

Sacado del blog El ayudante de Vilnius, aquí.

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Cartografía Sentimental (CXVIII) – Mejor con imágenes, por esta vez

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

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1.

El cortometraje del escritor Enrique Vila-Matas “Fin de verano” (1970), que tenía en propiedad la Filmoteca de Catalunya, pero que, por fin, se ha puesto a disponibilidad del público de la web.

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2.

El proyecto experimental El hombrecito, comandado por nuestro poeta dominicano favorito, Frank Baez, y Homero Pumarol y que, a falta de mejor definición, se autodenomina como “la primera banda de spoken word dominicana”. En la base del proyecto se halla la idea de sacar la poesía de Baez y Pumarol de sus libros y comunicarla de una manera diferente, sirviéndose de la música y la proyección de imágenes y videos que, de alguna manera, sirven para (re)interpretar los textos.

Pensando en tal proyecto, aquí en La soledad del deseo no podemos dejar de acordarnos de lo que hacían Experimentos in da note con los versos del poema de Manuel Vilas “Audi 100″ -aquí-.

Aquí les va uno de los vídeos de El hombrecito, que lleva por título “Modern times”; y a ver qué les parece.

+ info: aquí.

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3.

Los propietarios de la librería Shakespeare & Co están preparando un libro sobre la historia de la librería y para este verano tienen pensado distribuir un pequeño folleto previo a la futura publicación.

De momento nos adelantan -para abrir boca- la pizpireta fotografía que ven aquí arriba, donde se ve cómo era antiguamente el local donde hoy está la librería.

+ info: aquí.

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4.

Spidertag es un artista urbano que mezcla el graffiti con el vetusto arte de tejer con hilo de lana (y con los clavos).

Y consigue resultados sorprendentes.

Como ejemplo, su obra Spaghetti con clavos, que realizó hace un par de meses en Cagliari.

O el Blues de la Playa, una colaboración con On_ly y Hyuro

+ info: aquí & aquí.

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5.

#Plaza Crítica es un proyecto de alumnos de crítica del Master Universitario en Historia del Arte Contemporáneo y Cultura Visual de la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad Complutense y el Museo Reina Sofía.

Uno de los apartes de su web está dedicado a preguntarse Qué es la crítica de arte, y para ello han entrevistado a una serie de personas relevantes en el mundo de la crítica de este país.

A Fernando Castro Flórez, Montse Badia, María Virginia Jaua y Gloria G. Durán les han entrevistado y dejado constancia de ellos en vídeo (below), y las entrevistas a Alberto Santamaría, Peiro Aguirre y Jorge Luís Marzo han quedado registradas como texto en su web -aquí-.

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+ info: aquí.

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Dylaniana (III)

FURTHER VIEWING:

Dylaniana / 14-Marzo-2012

Dylaniana (II) / 14-Marzo-2012

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Dylaniana (II)

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Dylaniana

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Cartografía sentimental (XCVI) – Nihil fit sine ratione

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

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1.

 

Pensando en la frase latina Nihil fit sine ratione, que viene a significar algo así como que nada es sin una razón para que sea y para que sea tal y como es, leo una entrevista de 2010 que le hizo Diego Gándara a Enrique Vila-Matas y que, por alguna razón, me había pasado desapercibida.

La encuentro de casualidad gracias a la (re)publicación que ha hecho de ella el suplemento argentino de cultura CiudadX, del periódico La Voz -aquí-.

En ella, el escritor catalán afirma que:

“Cuando dejé de beber, temí por mi genialidad. Si antes no era genial, ahora iba a serlo aún menos. Lo que ha ocurrido es que he empezado a preguntarme qué es la genialidad y en eso ando muy ocupado”.

Para finalmente asegurar algo incuestionable: “Uno, al fin y al cabo, es el que es” .

 

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2.

 

Valerie Mréjen, 'Manufrance', 205, installation view with film still.

Leo otra entrevista, esta más reciente.

En ella -aquí-, la escritora francesa Valerie Mrejen, dice sobre la -supuesta- autoficción de sus obras y el modo en el que ella lo aborda:

“Creo que no hubiera podido contar mi propia historia [en mis novelas] directamente. Lo hago a través de una falsa neutralidad: enumero hechos, recuerdos que son mis recuerdos, pero que no tienen ningún valor en sí mismos. Me di cuenta de que había algo que me pertenecía de una manera muy particular y muy precisa. Escribirlos de una manera neutra era una manera de hacer que estuvieran fuera de mí.”

 

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3.
Descubro con alegría que el cineasta Samuel Sebastian -aquí-, al hilo de la exposición L´habitació Imaginària (16-Noviembre / 15- Enero-2012) en el Ars Santa Mónica, de Bcn -aquí-, ha creado el vídeo “Inger. Permutaciones” (2011), con imágenes de Inger Stevens sobre un poema de Juan Eduardo Cirlot.

 

 

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4.

 

Me gusta mucho el procedimiento que utiliza la revista El Coloquio de los perros -aquí- de añadir una bienvenida y una despedida (excepto en los dossieres monográficos) en cada uno de sus números.

Las de su último nº, el 29 (2011), llevan por título Categorías -aquí- y Especie en extinción -aquí-, y vienen firmadas por Juan de Dios García y Ángel Manuel Gómez Espada, respectivamente.

La primera, sirviéndose de una fábula de la legendaria Esparta, trata sobre un tema que anda más o menos en boga estas últimas semanas (o acaso lo ha estado siempre) y es la de las categorías de escritores. La diferencia entre los que están aquí para hacer buena literatura y los que están en esto para competir y llevarse las prebendas que se pongan a tiro.

Juan de Dios García dice algo muy certero y es que:

Para mí, un escritor, cuando decide hacerse escritor, cuando resuelve comprometerse con la escritura sintiéndola como algo que va más allá de un oficio o una afición, también decide qué tipo de escritor quiere ser.

Ángel Manuel Gómez Espada, más belicoso y con menor misericordia, toca en su Despedida un tema que parece ser tabú en España: el hecho inadmisible de que todo el mundo dé por hecho que el artista no debe cobrar por su trabajo. Y, lo que es peor, que encima los medios de comunicación piensen que cualquier manifestación pública del artista queda “pagada” en contribución a la promoción que -supuestamente- se le da.

Así, nos dice Gómez Espada que:

“Al precio que están la gasolina o el arroz no parece un gravísimo problema todo lo dicho anteriormente [que al artista no se le pague], pero resulta cuanto menos curioso cómo se alaba tal o cual obra mientras su coste sea cero para el que se beneficiará ulteriormente por ella. Mientras el soporte o la difusión sean tácitamente gratuitos no hay problema, sobreentendiendo que la Crisis está por encima de nosotros y nos gobierna [...] Hay que ser comprensibles y pasamos la mayoría por el aro. Pero no queremos ver a nadie lamentarse a posteriori, cuando esta mierda pase y sólo queden ciertos posos reseñables. A saber: seguir comprendiendo que no es el tiempo de los culturetas y pidiéndonos esfuerzos lamentables para que sigamos prostituyéndonos los artistas por las calles.
Oquey. Por si acaso, me atrevo a adelantarme a tales alimañas: ¡váyanse todos a la mierda!”
.

 

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5.

 

Leo con fruición las cartas de Hofmannsthal a Rainer María Rilke que ha preparado la editorial Maldoror en traducción de Jorge Segovia y Violetta Beck. En especial, me llama la atención la carta que Hofmannstal le dirige al poeta alemán con fecha 07-III-1906 y que evidencia a las claras que es inevitable que la lectura mutua enriquezca e influya en la producción de los artistas contemporáneos.

Una carta que, además, pone el énfasis sobre el hecho de que muchos escritores jóvenes -hoy- no lean a sus coetáneos, y sobre la necesidad urgente de que lo hagan.

Dice Hofmannsthal:

“Hay en el segundo acto [de mi obra Edipo] algunos versos que recuerdan mucho a los de su inolvidable poema A una ciega; me di cuenta de ello pero sin embargo los he mantenido: tómelo como un homenaje.” [1]

 

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[1] Hugo von Hofmannsthal. Cartas a Rilke. Ed. Maldoror. Traducción de Jorge Segovia y Violetta Beck. 2011.

La propia editorial ofrece el contenido íntegro del libro de manera gratuita para su lectura en la web aquí.

 

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Los escritores y la edad

1.

Es bien conocida la historia sobre cómo comenzó a escribir Gabriel García Márquez (Aracataca, 1927) y que éste ya contase en su discurso “Cómo comencé a escribir” -aquí- pronunciado en Caracas (Venezuela) el 3 de mayo de 1970 y que se incluyó en su último libro Yo no vengo a decir un discurso (Mondadori, 2010).

Entonces contó Gabo que, Eduardo Zalamea Borda, viejo zorro del diario bogotano El Espectador, había afirmado con pompa de señor conservador en las páginas del mencionado periódico, que los escritores jóvenes colombianos no sabían escribir.

El por aquel entonces joven Gabo,  por el vejamen, se obligó a sí mismo a escribir un cuento en un intento de callarle la boca a Zalamea. Y, así, lo mandó al periódico y a fe de que lo consiguió, pues, para su sorpresa, el cuento acabó publicado en El Espectador.

Viéndose en la tesitura de no quedar mal con Eduardo Zalamea, pues éste digamos que había tenido que retractarse públicamente al mismo tiempo que hacía una apuesta literaria por el joven Gabriel García Márquez, el futuro premio Nobel sintió que no tenía más remedio que seguir escribiendo.

De por vida.

Con el tiempo, confesaría el escritor colombiano que

“el oficio de escritor es tal vez el único que se hace más difícil a medida que más se practica”.

Pero, ¿sucede lo mismo con el oficio de lector?

2.

Gunter Grass decía que “No hay espectáculo más hermoso que la mirada de un niño que lee

3.

El escritor chileno Rodrigo Díaz Cortez (Santiago, 1977), que acaba de publicar este año en Libros del lince su novela El peor de los guerreros, confesaba en una entrevista reciente que le hizo Pablo Suárez -y que ha salido publicada en el número de Junio de la revista Qué Leer- que fue un niño inquieto y travieso,  hasta que se serenó al descubrir el inmenso mundo de los libros y que:

“desde que comenzé a leer, quise embarcarme en la producción de mis propios relatos”.

Rodrigo Díaz Cortez tiene en la actualidad 33 años y,a lo que parece, la lectura de libros le condujo a la escritura de los mismos.

4.

A este respecto llama mucho la atención que Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948), aprovechando la presentación de En un lugar solitario (Narrativa completa 1973-1984) en la editorial DeBolsillo -aquí-, y contradiciendo ese supuesto mantra que dice que “el buen escritor, antes incluso de sentirse o de llamarse así, es un buen lector”, declaró que nanai de la china, que esto no era necesariamente cierto y que, como su propia experiencia corrobora, él fue primero escritor y más tarde lector.

Enrique Vila-Matas tiene en la actualidad 63 años y, con el tiempo, parece que se haya hecho mejor lector -y, también, mejor escritor-.

5.

Según afirma Miguel de La Cruz -aquí-, coordinador de cultura de oncetv México, Mario Vargas Llosa, el último premio Nobel de literatura, en la actualidad, lee a un promedio de 77 páginas por hora, ¡77 páginas por hora!, pues se leyó Traiciones a la memoria de Héctor Abad Faciolince en un vuelo Cartagena de Indias-Lima, un vuelo que dura exactamente tres horas y media.

Mario Vargas Llosa tiene en la actualidad 74 años y, a lo que parece, lee a la velocidad de la metralleta; en lo que respecta a su escritura, digamos que anda un pelín distraído.

6.

En un reciente encuentro digital con sus lectores promovido por el periódico El País -aquí-, el premio Cervantes 2008 Juan Marsé (Barcelona, 1933), decía:

“debo confesar que mi plan de lecturas se ha resentido mucho últimamente. Estoy en esa edad que uno debe escoger entre leer o escribir; e incluso, en lo referente a lecturas, entre lo nuevo o relecturas de aquellos autores que siempre fueron un verdadero estímulo. Y confieso que yo estoy en eso”.

Juan Marsé tiene en la actualidad 78 años y sigue escribiendo a un buen nivel, pero leyendo poco.

7.

Rodrigo Fresán (1963), con ocasión de la presentación de la última novela de Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973) El ruido de las cosas al caer, premio Alfaguara 2001 -aquí-, hablaba de sí mismo no ya como una joven promesa, sino más bien del lado de los más viejos, esos que él recuerda que en su juventud se excusaban con afirmaciones tipo “estoy releyendo a Tolstoy” para no tener que leer a los jóvenes, o sea, al mismo Fresán y a sus compañeros de generación (y esto le irritaba profundamente, nos cuenta).

Siendo que ya no es un escritor joven, nos dice Fresán, pero que tampoco está dispuesto a incurrir en la vejación de no leer a los jóvenes, nos confiesa Rodrigo que tiene un método sencillo para no caer en la trampa.

Nos dice que:

“me limito a leer –no son demasiados, me temo que son cada vez menos– a los jóvenes escritores que saben leer”.

Rodrigo Fresán tiene en la actualidad 48 años y, como demuestra con cierta asiduidad, suele gustar bastante de las aporías.

8.

En el prefacio a su libro de 1925 La danza piadosa (Cabaret Voltaire, 2009), Klaus Mann (Munich, 1906), el hijo de Thomas Mann afirmaba que:

 “A veces casi tengo la impresión de que ya, de por sí y a priori, sea una señal de atraso y melancolía por parte de un joven escribir, todavía hoy, libros”.

Caso de seguir vivo (se suicidió en 1949) hoy Klaus Mann tendría 105 años y, por lo tanto, sería el más viejo del lugar.

*

Por ello, en lo que respecta a la escritura de libros, y en la misma línea de Enrique Vila-Matas, afirmaremos aquí en La Soledad del Deseo que la escritura es una pulsión que se le presenta al sujeto en un momento indeterminado de la juventud y que le lleva a la escritura de libros. Esto no viene producido ni por la lectura de libros ni por ninguna otra cosa. Puede que sí, que el escritor además sea un lector, o puede que no. Pero ni lo uno ni lo otro implican que el escritor vaya a ser mejor o peor escritor en el futuro. Con Gabo afirmaremos que sí, que el escritor sigue escribiendo sin detenerse, por orgullo, honestidad, o en el caso de Vargas Llosa, por deportividad olímpica.

Respecto a la lectura de libros, sospechamos que hay una correlación clara entre el descenso del nivel de lectura y la edad.

Así lo demuestra, por lo menos, el Informe de hábitos de lectura y compra de libros en España 2010, llevado a cabo por la empresa Conecta para la Federación de gremios de editores de España, con el patrocinio del Ministerio de Cultura. Fíjense como tanto la línea azul (hombres) como la amarilla (mujeres) van cayendo en picado a partir de los 44 años.

El informe completo se puede consultar aquí.

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Cartografía Sentimental (LX) – Benditos anacronismos

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

 

 

1.  A pesar de todas las monsergas apocalípticas de la digitalización, y que se traducen en esa “preocupación verde” por cuidar por encima de todas las cosas los bosques de la amazonía y todo eso, un número todavía elevadísimo de concursos literarios en España prefieren seguir cargándose bosques y talando árboles.

De otra manera no se entiende pues que apenas un porcentaje ínfimo (digamos menos del 5%) prefiera el envío de las obras via e-mail y que el totalizador 95% restante siga obligando al autor que quiera concursar en sus certámenes a mandar sus obras en papel, tres cuatro o cinco copias de su novela, por supuesto encuadernadas y por el sistema de correo certificado.

Aquí en La Soledad del Deseo, debemos confesar que encontramos en este vetusto acto cierto goce perverso, un trasunto moderno de ese arcano “mensaje en la botella”. Y que nos gusta, vaya, aunque dicho sea de paso, los envíos para concursos literarios deberían contar con una rebaja del IVA para el concursante anónimo, lo mismo que sucede con cualquier otra actividad cultural.


 

 

2. Pone blanco sobre negro Javier Marías esta semana en su columna La Zona Fantasma la preocupación (que aquí en La Soledad del Deseo compartimos) acerca de “Esa gente que señala lo inadvertido” y cómo parece ser que ” está de sobra, y su tiempo ya ha pasado” [1] y es que resulta casi nefasto para la obra literaria que el crítico señale cómo está ésta a la altura de algún genial predecesor, Proust en este caso particular que señala Marías.

Se refiere, Marías, cómo no, a los escritores que, fieles a su gusto por la excelencia y la alta consideración que les merece la calidad literaria, se esfuerzan por crear obras perdurables, que apelen a la inteligencia del lector y que, por ello, se tornen memorables para la cultura de una época.

En su opinión, la de Javier Marías (y también en la nuestra) “casi ningún tiempo pasa nunca enteramente, sino que casi todos tan sólo se esconden para regresar” [2].

Es decir, que queda esperanza para la literatura de calidad, para los buenos críticos que sean capaces de detectarla y también para los cualificados lectores que la disfrutarán.

Por cierto que la frase que abre el comienzo de su artículo viene de una crítica del Guardian a la tercera parte de Tu Rostro Mañana -aquí-.

[1] & [2] Javier Marías. Mirar lo inadvertido. La Zona Fantasma/El País Semanal.02-01-2011.

 

 

3. La terca actitud de la industria editorial española por seguir aferrándose “a un modelo de negocio caduco en el que los grandes editores, que viven todavía del libro de papel, no quieren superar la cadena tradicional de venta del libro ni modificar el horizonte del sector librero” [3].

Pero es que pasa lo mismo con las librerías que ” también mantienen una tímida oferta de máquinas que parece más encaminada a satisfacer la curiosidad de los clientes que a la venta” [4].

En fin, que esa cosa tan antigua que es el libro en papel seguirá y seguirá y seguirá un rato largo entre nosotros.

Y, por si les quedan dudas, échenle un vistazo al estudio de OnCampus Research titulado College Students Prefer Print Over Digital Textbooks.

+ info: aquí.

[3] & [4] Ana ZarzuelaLa industria editorial española repite los errores de la audiovisual, lastra al e-book y pierde otro año para el libro electrónico. Intelligence & Capital News Report. 31-12-2010.

 

 

4. Son un clásico ya los reportajes sobre el por qué de la escritura, recurso socorrido para tiempos en los que a los directores de los periódicos y los suplementos no se les ocurre nada mejor para rellenar el espacio de sus revistas. No obstante, nos gustan, nos gustan mucho, y no nos importa que nos vengan con el enésimo reportaje sobre por qué escribir, sobre todo cuando nos procura genialidades tales como las de Enrique Vila-Matas, cuando dice que:

“Ah, ya veo, vuelve la vieja y pérfida pregunta. Pero también podrían ustedes preguntarme por qué acabo de hacer una lazada en mis zapatos. Y también por qué no me he contentado con un nudo que, para el caso, me habría servido igual. Este tipo de habilidades no nos llaman la atención, por ser muy familiares. Pero, en algún tiempo remoto, un antepasado hizo la primera lazada. Nosotros no somos más que sus imitadores, un eslabón en la cadena ininterrumpida de la tradición. De modo que a quién habría que preguntarle por qué escribo es a ese antepasado, preguntarle por qué quiso ir más allá del nudo.” [5]

[5] Jesús Ruiz Mantilla. Por qué escribo. El País Semanal. 02-01-2011.

 

 

5. Y es que, al final, lo único que necesita un escritor (y esta necesidad la ha sabido leer perfectamente PapaNoel) es un bolígrafo, funcional, práctico, diligente.

Y muchas muchísimas ganas de escribir.

Lo demás son todo excusas.

+ info: aquí.

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Cartografía Sentimental (LIV) – Que parezca lo que no es

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

 

 

1. El artista vietnamita con pasaporte danés Danh Vo juega en sus obras a crear no ya el hombre sin atributos de Musil, sino algo más gravoso en una época de exclusiva valoración matérica: el hombre sin propiedades.

Para ello se ha casado con diferentes personas para deshacerse de su nombre y multiplicarlo, ha robado ideas a uno de sus ex-novios y las ha utilizado  para beneficio propio, presentándolas en proyectos para conseguir becas, sin el mayor tapujo exhibe propiedades de sus padres como propias o transplanta la lápida (temporal) de su propia madre, desde el cementerio a las galerías.

En su intento de investigar la porosidad de lo público y lo privado Danh Vo refleja en su trabajo esa enfermedad contemporánea que es la anfibología, el anhelo de la claridad: la melancolía.

Un ejemplo de ello podría ser Oma Totem (2009), monolito de inspiración religiosa, puerta de entrada al misterio, cuyo símbolo central queda desacreditado por el objeto que lo contiene.

La obra está conformada por los objetos que la madre de VoNguyen Thi Ty, recibió del The Immigrant Relief Program y de lglesia Católica a su llegada a Dinamarca como refugiada en 1980, y lo componen:

1 televisor Phillips de 26 pulgadas, 1 lavadora Gorenje, 1 nevera Bomann, 1 crucifijo de madera y 1 tarjeta de acceso personalizada para un casino.

 

 

2. La ambiguedad puede ser también tratada utilizando las armas del humor, y así, una entelequia discursiva que destruya el lenguaje puede darse en forma de viñeta, demostrando que un chiste puede ser, en sí mismo, un dilema filosófico.

Lo evidencia Albert Montt en sus Dosis Diarias -aquí-.

 

 

3.  Si aplicamos la máxima de nuestra Cartografía  Sentimental de hoy al mundo de la literatura, habremos de recurrir  necesariamente a ese catalán que bien sabe de hacer pasar la autoficción de la vida cotidiana por estética literaria, nuestro infiltrado en los medios, también amante de la metafísica vaporosa de los horóscopos, don Enrique Vila-Matas, cuando en uno de sus Fragmentos Literarios dominicales advierte que:

“La mitad, como mínimo, de lo que contamos debe quedar sin explicaciones que lo hagan demasiado comprensible. ¿O acaso vamos nosotros por la calle comprendiéndolo absolutamente todo?” [1]

[1] Enrique Vila-Matas. El llanto enigmático. El País/Cataluña. 28-11-2010.

 

 

4. Pero, ah! y qué sería de la impostura, el engaño deliberado y la confusión si no echáramos mano de los directores de cine; así lo explica el director cántabro Nacho Vigalondo al calor del visionado de la película Symbol de Hitoshi Matsumoto, autor que combina elementos aparentemente incompatibles, y al cual nuestro realizador gustaría tomar como referente, estímulo y faro.

Con ello, aprovecha Vigalondo para marcarse un manifiesto urgente sobre su poética de estilo:

“Quiero insistir en el valor que doy al hecho de que una obra se arriesgue a parecer su opuesto, y no tenga miedo a provocar la confusión del observador poco afinado, en una época en la que las películas se esfuerzan tantísimo en parecer lo que son, y diseñan y adoctrinan a su público desde mucho antes de su estreno” [2].

[2] Nacho Vigalondo. Te lleva dos, pagas uno. Diario Cinematográfico. Blogs El País. 30- Noviembre-2010.

 

 

5. Por último, y como siempre debe haber semilla para la discordia (y que dure, y que dure, ¡sana ruptura!), nos encontramos con el polo opuesto de todos nuestros invitados anteriores: la rigidez fronteriza.

Constantino Bértolo, director literario del sello Caballo de Troya, al respecto de las fronteras entre crítica intelectual  y la creación literaria, no admite trasvases, ataca la falta de ética que hay en el hecho de que un editor se edite a sí mismo, o que un escritor haga crítica de autores de su propia editorial.

Preguntado al respecto por el periódico chileno El Mercurio, admite que:

“A lo mejor me estoy volviendo una reliquia, pero hay ciertas fronteras que no se deberían pasar” [3].

[3] Constantino Bértolo en entrevista con Pedro Pablo Guerrero. Un editor es un crítico con poder ejecutivo. El Mercurio. 28-Noviembre-2010.


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Cartografía sentimental (XLV)

<<<5 cosas>>>

por las que ha merecido la pena seguir vivo en el día de hoy:

 

1.

La siguiente declaración de Enrique Vila-Matas respecto al fracaso inherente de la profesión de la escritura, cuando dice que:

“Querríamos que nuestros libros y artículos contuvieran la verdad de nosotros, o por lo menos la parte de esta que puede ser transmitida mediante el lenguaje. Pero escribir sabe a traición. Ese fracaso lo conocen todos los escritores serios” [1]

[1] Enrique Vila-Matas. Fracasa otra vez. Babelia/El País. 30-10-2010.

2.

Las obras 2 formas de escribir del ilustrador argentino Andrés Casciani.


+ info: aquí.

3.

La obra de net art de David Clark 88 constellations for Wittgenstein, basada en la vida y obra del filósofo austriaco -aquí-.

4.

Ese raro escritor de una sola novela “que  no se parece a ninguna” [2] (El traductor) que fue el argentino Salvador Benesdra y su creencia (like myself) en la cualidad mágica del título de una novela, en este caso de su segunda novela, título que solo compartió con su hermana Julie, y novela que quedó para siempre inconclusa debido a su salto mortal desde el piso 10 del nº 456 de la calle Solís 456 (Buenos Aires), en 1996.

[2] Raquel Garzón. Mapa de un tesoro oculto. Revista Ñ/Clarín. 30-11-2002.

5.

La perfecta caracterización que hace Javier Marías de las necesidades de los odiadores profesionales cuando dice que:

“La principal necesidad de los odiadores es creer que ellos son igualmente odiados por aquellos que odian: con idénticas intensidad y obsesión, con idéntica destilación de espuma.” [3]

[3] Javier Marías. “¿Por qué no nos odian?, incluido en  Salvajes y sentimentales (Letras de Fútbol). Ed. DeBolsillo. Barcelona. 1ª edición, septiembre de 2009. [pág 31]


 

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Vivac

De repente, uno atisba el final de la novela que está escribiendo [Nadie se enamora en Noviembre], le parece que ya, que ya, que sí, casi, casi, pero… no.

Y uno se pregunta, cómo es posible si anoche, y la noche anterior, y la anterior a la anterior; han sido todas esas noches, noches integrales de frenesí de grafías que, de tan bravas como salían, se iban entorpeciendo el paso, se atropellaban unas a otras, se solapaban,

y bulleron como un enjambre enrabietado de abejas-concepto.

Ay, pero cómo es posible, se pregunta uno, después de ese festín de palabras como pájaros, aleteando con juvenil jovialidad sobre el alambre de las líneas, que se convertían rápidamente en páginas, del documento de Word… cómo es posible que no sirvan ahora, si me sirvieron mientras las escribía, anoche y la noche anterior, y la noche anterior a la anterior…

¿Es que acaso su propio convencimiento de querer ser escritas me persuadió de hacerlo?, me pregunto ahora.

¿Será que elegí más por fascinación que no siguiendo la estricta lógica narrativa que gobierna cada novela?

Probablemente.

“El que se acerca elige/ entre las cosas manifiestas una” [1] dice el poeta Antonio Cabrera, a quien leo ahora, en estas horas terribles del desalojo, o del encierro en mí mismo, según se prefiera.

Y tomo café, y como chicles de fresa, y fumo y bebo agua.

Todo mezclado, embarullado, en una confusión de intenciones.

Pero ya no hay remedio, porque el alboroto en el que ha quedado mi -poco- discernimiento ha concluido en un desenlace lógico: he borrado las decenas de páginas que tenía escritas de estas últimas noches.

Y entonces ahí me he quedado: clavado.

Mascando chicle, sorbiendo el café ya frío, chupando el aire del cigarrillo.

Y releo las páginas anteriores, las decenas de páginas no borradas, pero que también acabaron surgiendo después de sucesivos barridos de páginas (me lo recuerdo ahora, para no desesperarme);

así, estoy aquí tratando de captar de nuevo el tono, o una sugerencia, una veta que me permita continuar…

Y pienso de nuevo en en los versos de Antonio Cabrera, no en los versos del poema “Vista y llegada”, sino en los de “Curvas”, pero que también pertenecen a la Suite de la CV202 (en 5 partes).

Dicen los versos: “el vigor que es virtud, la vehemencia, / el suave olvido” [2].

Y es extraño, porque desde que ayer, por primera vez, abrí el último libro de Antonio Cabrera, poeta a quien no conocía y al que llegué de pura casualidad, me produjeron sus versos una fascinación que hacía bastante tiempo que no sentía.

Cómo decir, más allá de los versos, hay algo en el libro todo, en Piedras al agua (Tusquets, 2010), que ha conectado con mi sensibilidad actual.

Para mí incredulidad, busco en el Google CV202 y descubro con alegría que se trata del desvío de la CV-20, una carretera de la Comunidad Valenciana, de la provincia de Castellón concretamente, carretera que -no tan casualmente- he trajinado en multitud de ocasiones.

Por obligación, más que nada, pero por devoción, también, alguna vez.

La llaman “la ruta de la cerámica”.

Me pregunto qué relación hay entre todas estas cosas.

Porque, como dejé escrito ayer, hay multitud de libros que me dejan frío, y muchísimos más que me producen total indiferencia, e incluso unos pocos a cuyos autores abofetearía con el mayor gusto.

Esta tarde mismo, estuve en La Central del Raval, buscando algún libro que me mandase alguna pista, algún indicio. Pero nada.

Salí de la librería asbolutamente asqueado. Me pasa bastante últimamente.

Y, ahora, aquí al lado del ordenador, tengo varios libros pendientes de lectura (los que sí me gustan): Conversación en la Catedral (Vargas Llosa), Navidad y Matanza (Carlos Labbé), una guía de París (Lonely Planet), La casa roja (Juan Carlos Mestre) y Nadie encendía las lámparas (Felisberto Hernández).

Y encima de todos ellos, el libro de Antonio Cabrera que, cada poco, parece ir mandando unos destellos fieros, y me obliga a leerlo.

Lo leo a salto de mata, como me parece que ha de leerse un buen libro de poemas.

Y siempre encuentro una frase inspirada, acertada, simbólica y percusiva.

Y -extrañamente- necesaria para mí.

Recuerdo que, en la presentación de Perder Teorías, en la Biblioteca Jaume FusterEnrique Vila-Matas contó que él no tenía problemas con lo de encontrar un indicio o una veta (y se refirió a lo que cuenta Hemingway en A moveable feast, y es que éste se dejaba siempre algo sin escribir para el día siguiente, para saber cómo continuaría la narración).

Pues bien, a Enrique Vila-Matas le bastaba con acercarse a su biblioteca, agarrar un libro, copiar un frase cualquiera, deformarla y, a partir de ahí, continuar alegremente.

Se diría que donde Vila-Matas ataca y muerde a los libros para continuar con su narración, a mí me sucede que las abejas-concepto de Antonio Cabrera me están asesinando el cuerpo a fuerza de mordiscos de un veneno extraño, tratando de decirme algo que, todavía ahora, y son ya las tres de la madrugada, no consigo descifrar.

Y, entonces, por probar, en el postrer tanteo, abro el libro de Cabrera, en su última página y leo: “La noche, pétrea y estrellada, / bombea / su sangre caudalosa” [3].

Y no puedo hacer más que reírme de esta misteriosa y proverbial adivinación de Cabrera, tan maliciosa como oportuna.

El título del poema al que hacen referencia esos versos se llama “Vivac”.

Ese refugio -íntimo- que es este post

y que, por un buen rato, me ha servido -al menos- de frugal consuelo optimista.

Gracias, Antonio.

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[1]-[3] Antonio Cabrera. “Vista y llegada”, “Curvas” y “Vivac”, incluidos en Piedras al agua. Ed. Tusquets. Barcelona. 1ª edición, septiembre de 2010. [págs 33, 30 & 110]

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La lista de los libros útiles [Una propuesta]

1.

Bustos,

el protagonista del relato Lo que dicen los libros de Marcos Giralt Torrente, nos confiesa que le gusta desarrrollar la siguiente actividad lectora y conspirativa:

Desde hace un tiempo apunto mis próximas lecturas en los márgenes de los libros que, por la razón que sea, leo o consulto en las bibliotecas. A veces me he divertido pensando en la extrañeza que provocarían semejantes anotaciones en alguien que repara en ellas y a veces las he añadido con la exclusiva intención de desconcertar a ese lector hipotético” [1].

El relato citado propone la posibilidad de que exista una cadena determinada (y asequible) de libros que nos proporcionaría todo el conocimiento de todos los libros publicados (sin tener que leerlos todos sino solo la secuencia “maestra”).

Y, a su vez, se plantea la idoneidad de evitarnos la lectura de todos los muchos otros, los malos. Pues como manifiesta Bustos: “desde que comencé a leer me obsesionó la idea de no perder el tiempo en lecturas inútiles” [2].

Así, existiría una secuencia secreta, cuyos nombres Bustos habría adivinado “por casualidad” [3].

No se nos dice cuál podría ser esta secuencia en el relato de Marcos Giralt Torrente, aunque sí se nos indica su primer título:

Nunca voy al cine.

2.

Ya sabrán que se trata de un libro de relatos que Enrique Vila-Matas publicó en 1982 en la editorial Laertes, y que contiene el relato de título homónimo. Este relato asimismo se incluyó más tarde en la antología Recuerdos Inventados.

El relato en cuestión (Nunca voy al cine) cuenta la historia de alguien que nunca ha ido al cine, y que siempre “buscaba un pretexto, más o menos convincente, para evitarse lo que, para él, no era más que una tortura” [4].

El protagonista, Alfredo Pampanini, acude a una fiesta en la que los ilustres invitados lo confunden con “un realizador de cine ya fallecido” [5].

Pampanini argumenta que no le gusta el cine porque “en el cine nunca nada es cierto, nunca” [6].

La gracia del relato es que en la fiesta se reproduce una secuencia real de la película Gilda (la bofetada de Rita Hayworth a Glenn Ford) y ello ante los ojos atónitos de Alfredo Pampanini quien, justo por no haber ido nunca al cine, desconoce esa secuencia y su “visionado” le deja shockeado de puro pasmo, “pues nunca había visto nada parecido” [7].

El relato juega con el código de esa secuencia en particular, que es vivida en primera persona y de modo totalmente nuevo por Alfredo Pampanini, al tiempo que introduce otros guiños conocidos del cine (y desconocidos, obviamente, para Pampanini) como, por ejemplo, “un número bastante elevado de pájaros colocados sobre un alambre” [8].

Mi hipótesis de porque justamente este libro de relatos y, en particular, el relato Nunca voy al cine, se menciona como primer libro de la secuencia para obtener el conocimiento total de todos los libros (además de tratarse de un guiño privado entre escritores), es porque se trata de un relato que contiene un mundo que les ajeno (lo que podríamos llamar en términos contemporáneos, un ejemplo de proto-literatura expandida).

3.

Así, desde La Soledad del Deseo, queremos contribuir al ensayo de ese listado posible de libros que nos sean fructíferos para conocer nuestra contemporaneidad, sin tener que leernos todos los libros que existen.

El procedimiento será claro y sencillo, y desde aquí animamos a todo aquel que desee a seguirlo:

Cogemos un libro de una Biblioteca Pública (y no necesariamente uno que nos haya gustado, de hecho es casi mejor que se trate de uno que no nos haya gustado demasiado, para jugar mejor al despiste) y en él, disponemos en un post-it tres títulos más o menos contemporáneos de novelas “totales” de diferentes tradiciones.

Dado que ya en Escritor en Allak me parece que vamos dando buena cuenta desde hace casi un año de lo que merece la pena leerse hoy día en castellano, para el propósito que nos ocupa, nosotros comenzaremos con la tradición catalana, la inglesa y la austrohúngara.

Nosotros, por fetichismo, pondremos nuestro post-it siempre en la página 99. Además, preferimos utilizar el sistema post-it y no el de dejarlo escrito en los márgenes del libro, porque así cada uno de los post-its será único y le pertenecerá en exclusiva a aquella persona que lo halle.

Perpetuaremos de este modo, la intención secreta del proyecto.

Cada uno, por supuesto, puede proceder como mejor le parezca.

Nuestra primera propuesta secreta para una posible lista de libros totales, se halla en el libro The Brief Wondrous life of Oscar Wao, de Junot Díaz y que esta tarde será (re)ubicado en una de las bibliotecas de la Xarxa de Biblioteques del Ajuntament de Barcelona.

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[1]-[3] Marcos Giralt Torrente, “Lo que dicen los libros”, incluido en Entiéndame. Ed. Anagrama. Barcelona. 1995 [pág 81, 75  & 74]

[4]-[8] Enrique Vila-Matas. Recuerdos inventados (Primera antología personal). Ed. Anagrama. Barcelona. 3ª edición. Diciembre de 2006. [pág 159, 158, 160, 160 & 160]

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Los nombres (in)comprensibles

Hoy,

esta mañana,

he leído una de esas frases misteriosas, un verso de Cesc Fortuny i Fabré cuya comprensión no acabo de alcanzar, pero que, sin embargo, me tiene fascinado y en estado de lo que podríamos llamar shock postpoético.

Es esta:

“uníos en el baile ausente” [1]

Lo que sí es no solo comprensible sino útil -espero- es la lista completa de autores citados en el último libro de Enrique Vila-Matas Perder Teorías (Seix-Barral, septiembre de 2010).

Salen nombrados en línea ascendente y por riguroso orden de aparición.

[Entre corchetes se indican las veces que se nombra al escritor en la página señalada]

John Banville (3, 43, 44),

Rick Moody (3),

Kafka (10, 21 [2], 26, 47 [3], 48 ),

Julien Gracq (10 [3], 20, 22 [2], 24, 25, 26, 27, 30 [2], 31, 32 [2], 37,40 [2], 41, 42, 47, 48, 49, 50 [3], 51, 52, 56 [2], 57, 64),

Fernando Savater (11),

Robert Louis Stevenson (11),

Maurice Blanchot (11),

Bertrand Russell (12),

Julio Ramón Ribeyro (13 [2]),

Philippe Sollers (15),

Robbe-Grillet (16, 17),

Antonio Machado (17),

Marguerite Duras (17),

Fernando Pessoa (25, 54, 62),

Gerard de Nerval (26, 32, 40, 41),

André Breton (26, 32, 40, 41),

Dino Buzatti (26),

J. M. Coetzee (26),

Juan Benet (26),

Beckett (26),

Rimbaud (30, 32, 40, 41, 49 [4], 50, 51),

Raymond Roussel (32, 33 [3]),

Laurence Sterne (33 [2], 34 [3]),

Richard Burton (34 [2]),

Javier Marías (34),

Cervantes (34),

Montaigne (34),

Charles Simic (36, 38, 39),

Elizabeth Smart (37 [2]),

George Barker (37),

Rodrigo Fresán (43),

Liz Themerson (45 [2], 46),

Roberto Bolaño (46)

Paul Auster (46),

Ricardo Piglia (46, 54, 55),

Flaubert (48),

Robert Musil (48),

Félix de Azúa (51),

Roberto Arlt (54),

Stendhal (57),

Manuel da Cunha (58)

– – - – - – -

*Consideramos aquí a Liz Themerson la escritora de un prólogo maravilloso (¿Se puede pasar?), amén de la autora de excelsas novelas (en la lengua de Shakespeare) de incomprensible parecido a otras de respetadísimos autores hispanoamericanos.

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ADDENDA

Como muy bien ha señalado Javier Avilés, se nos queda fuera de la lista Groucho Marx, quien aparece mencionado en el prólogo. Así, consideramos aquí que si Perder Teorías es el anexo a Dublinesca, el prólogo de Liz Themerson ¿Se puede pasar? es el anexo a Perder Teorías, por lo que debe contar con glosario propio. En éste, además, se sigue la paginación en numeración romana.

Así:

Groucho Marx (IX)

Vila-Matas (IX, XX [2], XI [2], XII [2], XIII)

Vilém Vok (X [2])

Saul Bellow (X [3], XII, XIII)

Flaubert (X [2])

Julien Gracq (XII, XIII)

Alfred Jim Bayer (XII)*

John Cheever (XII, XIII)

Pio Baroja (XIII)

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*Liz Themerson en un claro juego vilamatiano atribuye en la página XII la famosa frase de Groucho MarxÉsos son mis principios. Y si no le gustan… Pues tengo otros” al filósofo Alfred Jim Bayer, supuesto profesor de lógica en Oxford.

Es cierto que existe un famoso investigador de probabilística matemática llamado Bayer, que junto a Aldous y Diaconis escribió un influyente artículo en 1992 cuyo teorema básico afirmaba que se necesitaba mezclar las cartas \infty 3/2log[2n] veces en una baraja de n cartas, para que en ésta el orden de las cartas se tornase aleatorio.

¿Se trata, pues, de una doble ocultación maquinada por Themerson como venganza narrativa por la usurpación primera vilamatiana?

¿una máscara atrás de otra máscara?

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[1] Cesc Fortuny i Fabré. “Los eternos valles”, incluido en La misteriosa canción de la sangre. Seguido de Canciones del Bloque, de Andreu Navarra Ordoño. Ed. Paralelo Sur. Barcelona. 2010. [pág 9]

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Las mentiras de la literatura [4]

Hace ya unos días que pretendo escribir algo sobre Benjamin Constant, quien fuese un acérrimo rival del famoso crítico francés del siglo XIX Sainte-Beuve, conocido por su intencionismo y biografismo, o dicho de otro modo, ilustre por su método basado en la creencia de que toda la obra de un escritor puede hallar claro y directo reflejo en su biografía.

Y mi interés por escribir algo acerca de Benjamin Constant procede del calor de la lectura de Cécile (Periférica, 2009), una nouvelle de “peculiaridad literaria” [1] y que podría pasar por una autobiografía novelada.

La novela, en su patética hermosura, es una promesa “de amor y fidelidad” [2] entre Benjamin y Cecile (su fiancée).

Los protagonistas firman “esa especie de convenio” [3], que se sigue del intento frustrado de Benjamin de raptarla y al que ella “se negó” [4]. Y es que Cecile estaba por entonces casada con “un tal conde de Barnhelm” [5] y más tarde lo estaría (por puro pragmatismo y por efecto de las indecisiones de Constant) con el señor de Saint-Elme.

La volubilidad de Constant, más que nada, yace en el hecho de que éste se confía a la Providencia “el recurso más seguro del hombre” [6] y ello es lo que produce el distanciamiento de los protagonistas por más de 13 años, 13 años en los que Constant tampoco pierde el tiempo y así va y viene del lado de la tiránica señora de Malbée.

La nouvelle, pues, nos cuenta esta especie de intersticio, este ir y venir de los amantes, dejándose mecer por unos movimientos dictados “por la inspiración del momento” [7].

Se trata, pues así, de una novela voluble y melancólica, cuyo mensaje, tal vez, sea el de que “se necesita que [la] voluntad y los acontecimientos coincidan” [8].

Claro que en este caso, la mano de Constant, el escritor, ayuda, pues como advierte Wenceslao-Carlos Lozano -el traductor- en el postfacio,  ”Constant juega con el patetismo que emana de su carácter para utilizarlo a su favor sin poder evitar resultar efectivamente patético” [9].

Así, aunque la novela permita una lectura en clave (Cécile se corresponde en la vida real con Charlotte de Hardenberg y la señora de Malbée es ni más ni menos que la famosísima Madame de Staël), se justifica por su propia construcción narrativa, la de “hombre a la deriva”, que erra y yerra, y que será, además, uno de los primeros enfermos de lo que se vendrá en llamar mal du siècle.

Este es, pues, el punto fundamental de esta autobiografía novelada, y lo que justifica su lectura en pleno siglo XXI, pues funciona de germen para lo que constituirá la exacerbada melancolía fatal de comienzos del siglo XIX.

Una melancolía de la que se mofará el gran Gustave Flaubert en su novela juvenil Noviembre (Impedimenta, 2007), donde el mal du siècle se construye en única forma posible: como  fantasía postromántica.

La novela flaubertiana, escrita cuando el autor apenas contaba con 21 años, significa según consigna su propio autor en una carta de 1846 “la clausura de mi juventud”, y es, a su vez, precursora de la errancia de Los cuadernos de Malte Laurids Brigge, de Rainer Maria Rilke.

En Noviembre tenemos como tema único la tardía adolescencia de un artista en ciernes, que se nos relata como esa “fatalidad irresistible [...] la pendiente resbaladiza” [10] de ese inflado sentimiento postromántico del deseo y la pasión.

Y plantea esa dicotomía del hombre y el artista, pues “hay días en que vivimos dos existencias; la segunda se convierte en tan sólo un recuerdo de la primera” [11].

La novela, aquí, se configura como esa segunda existencia.

En su mínimo acontecer (no se relata más que el encuentro del protagonista con la prostituta Marie), Noviembre pone en evidencia como ya solamente nos queda sentir “nuestro propio vacío” [12] y cómo el escritor se llena de esa “rabia sin nombre contra la vida, contra los hombres, contra todo” [13].

Y ello por la razón de que “al no consumir la vida, la vida [le] consumía” [14].

Noviembre es un epitafio fúnebre de aquella edad “recuérdalo, lector, en la que sonríes vagamente, como si en el aire flotaran besos” [15]:  la imponderable adolescencia.

Estructuralmente la novela es la de un narrador en primera persona desavenido con la vida, deseoso, pero incompetente en el amor. Un narrador aprendiz de escritor (un trasunto, vaya, de Flaubert) que nos cuenta su adolescencia marchita y nos relata -de manera hiperbólica y, por momentos, grotesca- su encuentro amoroso con la prostituta Marie.

Así llegamos a la pág 122 en la que alguien que no se identifica, nos dice que era amigo del autor del manuscrito que acabamos de leer, y se nos muestra irónicamente feliz por saber que “el libro se [interrumpe] en el momento en el que habría comenzado a mejorar” [16].

Gracias a este otro narrador (sin nombre), se procede al modo de la glosa para hacer una crítica del manuscrito mismo (crítica de la crítica), y se nos informa de que el autor del manuscrito (alterego de Flaubert) tenía un gran fama de cínico, “pues llamaba a las cosas por su nombre y decía en voz alta lo que los demás solo piensan en silencio” [17].

En este tramo final de la novela se nos informa ya sin tapujos del ineludible trágico destino del protagonista, pues “tenía demasiado buen gusto para dedicarse a la crítica y era tal vez demasiado poético para triunfar en las letras” [18].

Nada que nos resulte nuevo a estas alturas: el autor dotado, genial y maldito,  al que no le queda más que comportarse “como las personas que se dejan morir” [19] puesto que “la voz del abismo lo llamaba” [20].

Y sí, efectivamente, al autor no le queda otra, pues que se nos “muere de tristeza” [21].

No es arriesgado trazar un puente entre esa impotencia del artista a mediados del siglo XIX con “la situación [actual] de absoluta imposibilidad, de impotencia del individuo frente a la máquina devastadora del poder, del sistema político” [22].

Me parece a mí, además, que nuestro momento poético actual obliga, en cierta medida, al reconocimiento ineludible de ese decandentismo a-la-d´Annunzio, respetando (y mejorando y ampliando) las influencias del necesario simbolismo francés.

O dicho de otro modo, que tras el paréntesis argumental y emotivo del siglo XX, de sus ismos, sus vanguardias y su ya incapacitado revulsivo postmodernista, nos vemos en la obligación de tomar ese testigo dejado por los artistas del siglo diecinueve que no vieron más remedio para el arte sino en el seno de sí mismo.
Es decir, ese arte por el arte.

Si nuestros padres predecesores sentían su mal du siècle a nosotros no nos queda otra más que sentir nuestro mal du art.

La literatura no avanzará jamás hacia ningún paraje mejor si, como se procede desde algunos frentes contemporáneos (sean estos mutantes, postmodernos retardados o simples mercachifles), se aviene ésta a las tiranías (declaradamente fallidas) de la imagen.

Como ya se ha comprobado en el desarrollo de las bellas artes en el siglo XX, la pintura, al marcharse de sus fuentes primigenias (el figurativismo y la representación) ha caído en el vacío del pensamiento retroflexivo, aquel que por miedo a resultar agresivo se agrede a sí mismo, y ello por la vía de la abstracción, el conceptualismo y la ulterior parodia.

Dicho en palabras muy sencillas, la pintura del siglo XX (y en general las artes de la imagen) han caído en una trampa muy tonta, y es que para que sean inteligibles, deben sus producciones estar acompañadas de palabras, de una teoría que las explique.

Ha perdido la imagen pues su régimen de independencia, su valor autónomo: su identidad subversiva.

La literatura, en contra de la pintura, no sólo le gana la ventaja al ser un arte del tiempo, sino que su prerrogativa es su capacidad de autosostenerse, sin ayuda de nada más, y de ahí su idoneidad para resultar inagotable y absolutamente necesaria para dar cuenta de este tiempo nuestro de comienzos del siglo XXI.

Por ello, no necesita nada más que a sí misma. Ella sola es capaz de provocar la capacidad de la imaginación, el desarrollo del pensamiento y la germinación de las ideas.

El estatuto de la literatura actual jamás cambiará por la mera adición de imagen o sonido a su producción (pues es una ya postautónoma -la imagen- y el otro arbitrario -el sonido-).

La literatura, pues, no será mejor por ser digital, no lo será si no es que resuelve desde su mismo seno (desde la primacía de la palabra) su estancamiento.

Utilizando una analogía muy sencillita, diremos que las prácticas literarias actuales no pueden hacerse a la manera simplista de Sainte-Beuve (procediendo como si se tratase de una “biografía del texto”); así pues, que una novela venga a justificarse por su teoría explícita o ulterior comentario no es tolerable hoy día;

es este un argumento naïf propio del siglo XX.

La obra de arte literaria vendrá a ser una obra enferma de arte, una literatura enferma de literatura,  que nos muestre su sangre….

o no será nada en absoluto.


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[1]-[9] Benjamin Constant. Cécile. Ed. Periférica. Cáceres. Enero de 2009. [págs 131, 24, 21, 28, 11, 110, 105, 101 & 135]

[10]-[21] Gustave Flaubert. Noviembre. Ed. Impedimenta. Madrid. Noviembre de 2007. [págs 72, 54, 48, 45, 39, 26, 122, 125, 127, 133, 139 & 140]

[22] Enrique Vila-Matas. Perder Teorías. Ed. Seix-Barral. Barcelona. Septiembre de 2010. [pág 48]

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Escritor en Allak – Sr. Proust, pase sin llamar

Dijo Enrique Vila-Matas

-con gratificante alegría- hace unos días [1], al respecto de la obra Verano de Coetzee, alentado por la sorpresa que le producía que una serie de escritores la hubiesen recomendado como obra de lectura veraniega, que en ella [en Verano], uno descubre que persiste todavía “algo” [...]  un arte estrictamente literari0″ [2].

Y yo diría que sí, pero no como placer estético, sino como respuesta a ese “arte a medio camino entre el rigor histórico y la gracia de la literatura” [3] que es la biografía. Y que, hoy día, parece estar en  auge creciente.
En Summertime (aquí manejaremos la versión original inglesa) hay una idea, sí, y que huye del signo lingüístico (o más bien que se agazapa peleona tras él), pero no tanto como afirmación de originalidad, sino como réplica.

El libro de Coetzee se abre y se cierra con dos secuencias de anotaciones del propio diario (falso) de Coetzee. Las primeras fechadas (1972-1975) y las segundas sin fechar.

Y, entre medias (la carne del libro) hay cinco secuencias que se corresponden con las entrevistas (sin editar) mantenidas con cuatro mujeres y un hombre: Julia, Margot, Adriana, Martin y Sophie.

Las tres primeras secuencias componen el grueso del libro (218 páginas en total).

La primera y la última (Julia y Sophie) han sido amantes esporádicas de Coetzee, Margot es una prima suya de la que estaba enamorado a los seis años, Adriana es la madre de una alumna de Coetzee cuando este daba clases de apoyo de inglés y Martin es un colega profesor de la universidad de Cape Town (donde Coetzee también dio clases).

Quien conduce (bueno, por decir algo) las entrevistas es Mr. Vincent, un inglés que se las pretende de biógrafo de Coetzee y cuyo propósito es el de “a seriously intended biography” [4] mientras recorre un periodo de tiempo en la vida de Coetzee [1971/72-1977] crítico -según el- para su formación como escritor.

Y aquí nace la gran contradicción del libro: su propósito y lo que verdaderamente nos ofrece. Hablo siempre en términos de Mr. Vincent que es quien -supuestamente- escribe el libro (y que es una suerte de no tanto work in progress como de material en bruto).

El quid de la cuestión es la siguiente (en palabras de Adriana, la madre neurótica de una de las alumnas de Coetzee cuando éste daba clases extra de inglés):

“How can you be a great writer when you know nothing about love?” [5].

Y la respuesta es: Proust.

Tanto la crítica anglosajona como la española han pasado por alto este punto. Y es que han caído como bobos en la trampa de Mr. Coetzee.

Porque, veamos, al igual que hiciese en las dos partes anteriores de su (hipotética) biografía, Coetzee se sitúa aquí afuera de la narración; contra la utilización -esperable-de la primera persona, antes utilizó una tercera persona.
Aquí, en Summertime, se aviene ya al indiscutible deceso: Coetzee desaparace de la acción, puesto que la novela da por supuesto que Coetzee está muerto (y que murió en 2008).

Coetzee nos quiere hacer creer que anda fuera el foco, cuando -en realidad- el foco le está quemando su beatífica barba blanca.

Con increíble astucia, Coetzee va dejando todo lo que la gente quiere oír, y se lo dice además bien clarito a través del zafio e incompetente Mr. Vincent (una elección de personaje magistral, dicho sea de paso); a saber: el apartheid, su infancia traumática, sus problemas con las mujeres, su descalabro sexual, su egoísmo, la figura del otro en la narrativa postcolonial, la construcción identitaria y cultural que hacen con nosotros los demás y que es necesariamente errada, o acaba siendo arbitrariamente poliédrica, etc etc etc

Es decir, carnaza para los departamentos de inglés de las universidades, los críticos literarios más ciegos y los lectores más vagos.

Y es que se equivoca Boyd Tonkin cuando dice que esta novela es autoficción [6]. Ni modo. Sí tiene razón cuando habla de su metaficcionalidad, pero ésta se construye en otros términos.

Así que vuelvo sobre lo mismo: Proust.

Porque no hace falta hacer un close-reading para darse cuenta de que en las diferentes formas contenidas en el libro (Mr Vincent,por ejemplo, ficcionaliza -en una ficción vacua y pobrísima- la parte de Margot) se repiten una serie de motivos y excursos lingüísticos, pero, por sobre todo, un estilo.

Porque “style is the beginning of distinction” [7].

Y este estilo es la ficción adentro de la ficción de la que habla Manuel Arranz [8].

Dicho en palabras más simples: Coetzee se parodia a sí mismo.

Y lo hace con un propósito muy claro: que el lector avispado se de cuenta de que todo en la novela lo está escribiendo Coetzee, es decir, dinamita soberbia -y sutilmente- el efecto de la verosimilitud, cargándose, de paso, la convención de esos libros de cotilleo que ahora se justifican a través del pacto biográfico, y de los que tanto se habla estos días.

El mismo título: Summertime, una bomb-word.

Lo dijo Rodrigo Fresán: “Ganas de confundir desde la claridad absoluta [...] Desvelando de antemano que es un mago que conoce el truco” [9].

Todo, absultamente todo, está anunciado desde el título mismo.

Durante todo el libro se repite con una insitencia cansina que los modelos coetzeeanos son los escritores modernistas.

Así, lo que hace en esta novela Coetzee es crear un fantasma postmoderno, que supere el manidísimo cliché de ese postmodernismo tardío (o retardado) que parece abrumarlo todo, y ello, con el inestimable próposito de defender la continuidad de su obra creada à-la-Proust, es decir, una obra cuyo valor estilístico radica en sí misma, en la capacidad de su estilo para convertirse en un constante aprendizaje narrativo y vital.

Una afrenta al dogmatismo materalista, al cientificismo que considera que sólo con los datos biográficos es posible entender el corpus de una obra literaria mayor.

Así, inventándose una biografía para sí mismo, traiciona las expectativas de los cotillas y afirma la pervivencia de su excelsa obra, desde dentro.

La mayoría de críticos y lectores se han quedado con la idea de que Coetzee se estaba justificando, y que les estaba diciendo que “So sorry to disappoint” [10].

Y del guiño secreto al novelista yugolasvo Danilo Kîs, ya ni hablemos.

Es una pena que nadie se haya dado cuenta de la verdadera naturaleza del libro, excepto Vila-Matas, claro.

Y es que Vila-Matas, quizá temiendo esto (que nadie le entendiese), y habiéndose dado cuenta de lo cafres que llegan a ser los críticos españoles, ha decidido ser más explícito a la hora de exponer su proyecto literario, para evitarse confusiones.

Por si acaso, y para ganar tiempo, ya publicó  primero el libro en Francia (Perdre des theories, Christian Bourgois Editeur, Paris, 2010).

Perder Teorías sigue la secuencia de París no se acaba nunca, más pulida, mejorada y cincelada con la esencia del genio.

Para entender este libro, pienso que deberíamos situarlo en el vórtice del triángulo que conforman Seis propuestas para el nuevo milenio de Italo Calvino y las Siete Noches de Jorge Luis Borges.

En el primero Calvino habla de seis propuestas para la narrativa del siglo XXI quizá un tanto vagas (levedad, rapidez, exactitud, visibilidad, multiplicidad y consistencia), mientras que Borges en sus conferencias de Buenos Aires de 1977 repasa las obras de sus maestros.

En Perder Teorías, Vila-Matas produce una simbiosis de ambas propuestas.

De un lado, propone cinco puntos irrenuciables que habrá de tener la narrativa del siglo XXI, y lo hace con mayor claridad que la utilizada por Calvino.

Sus propuestas son: “intertextualidad”, las conexiones con la alta poesía, la escritura vista como un reloj que avanza, la victoria del estilo sobre la trama y la conciencia de un paisaje moral ruinoso.

Es decir, again: Proust.

De otro lado, y como viene siendo habitual (a pesar de que -como él mismo dice- es menos continuo de lo que él predica) el recuerdo y apoyo de los autores amados, maestros imprescindibles para su formación:

principalmente Julien Gracq y su El mar de las Siertes (verdadero pivote de su teoría), Blanchot, Russell, Ribeyro, Robbe-Grillet, Duras, Kafka, Pessoa, Breton, etc

Perder Teorías sigue la secuencia del relato/crónica/testimonio autoficcional en el que Vila-Matas es invitado a un congreso de literatura (en este caso en Lyon) y siguiendo el interes vilamatiano por la antítesis, aprovecha el escritor la acción, el movimiento, para explorar la inacción, o sea, la desaparición, pero también la figura del otro o el alterego.

Indaga -de paso- en la timidez “causa directa [...] de toda riqueza interior” [11], la felicidad “el novelista que termina una novela y siente que ha recuperado su libertad [12], el sentido “no [...] el sentido general de las cosas, sino el de la vida propia” [13] y en el destino del ser humano: “es la nuestra una pura actividad sin fin, una enloquecida carrera hacia la nada” [14].

Al mismo tiempo, sirve Perder Teorías como  “apuntes para una teoría general de la novela” [15]. Y, también, como anexo a la magistral e imprescindible Dublinesca (Seix-Barral, Barcelona, 2010).

Pero, sobre todo, y en la línea de Coetzee, es “la triunfal afirmación de la literatura sobre el mundo” [16].

Una invitación, en suma, para unirse al club de los que “consciente o inconscientemente [guardan] una gran fe en la humanidad” [17], verbigracia, los buenos escritores, los buenos lectores, los mejores críticos: amantes de la verdadera literatura.

A diferencia de Coetzee, este libro de Vila-Matas es ameno, didáctico, breve y -encima- produce un deleite estético inenarrable.

Es la demostración de que “parafraseando a Antonio Machado, [uno] hace teoría al andar” [18], pues “toda teoría acerca de la construcción de una determinada novela es algo que [...] uno siempre construye después de haber terminado una novela” [19].

Una invitación, pues, al feliz país de la literatura, donde, por supuesto, se puede pasar obviando el protocolo.

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[1] Fátima Cruz. Verano, de Coetzee, la novela más recomendada por los escritores españoles para estas vacaciones. Tentaciones de Verano. El País. 31-07-2010.

[2] Enrique Vila-Matas. Pensar de otro modo. El País. 14-09-2010.

[3] Jesús Ruíz Mantilla. Hurgar en la vida de los otros. El País. 12-09-2010.

[4], [5], [7], J. M. Coetzee. Summertime [Scenes from provincial Life]. Harvill Secker. London. 2009. [pp. 225, 199, 242]

[6] Boyd Tonkin. Portrait of the artist as a loser. The Independent. 04-09-2009.

[8] Manuel Arranz. Verano, de J. M. Coetzee. Letras Libres. Junio-2010.

[9] Rodrigo Fresán. El muerto vivo. Página 12/Radar Libros. 25-Abril-2010.

[10] Marie Arana. The artist through the eyes of others in J. M. Coetzee´s Summertime. The Washington Post. 08-01-2010.

[11]-[19] Enrique Vila-Matas. Perder Teorías. Seix-Barral. Barcelona. Septiembre de 2010.  [pág 59, 57, 54, 51, 14, 42, 7, 17, 62]

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Vila-Matas strikes back!

El viernes hablaremos en Escritor en Allak del nuevo libro de Enrique Vila-Matas, Perder Teorías (Seix Barral, Septiembre de 2010).

Para ir abriendo boca hasta entonces,

vean cómo la realidad copia a Vila-Matas.

Fijense en el programa de RTVE Carta Blanca, presentado por Ray Loriga (nº 7 -aquí-) en el que se anuncia la presencia de Enrique Vila-Matas hablando con Ray, y cómo nuestro querido shandy ha desaparecido del programa.

Crean, pues, en la invencibilidad de la prosa, como decía Cheever, y en el poder mágico de actuación sobre la realidad de los buenos autores, así nuestro Vila-Matas.

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Escritor en Allak – Mortifícame

Estos días pasados

vi en la web del Canal Cultural de RTVE un maravilloso documental sobre Roberto Bolaño y que llevaba por subtítulo El último maldito (aquí).

No se habla en él sino tangencialmente de la figura pública de Bolaño, ni de su casi inmediata canonización tras su triste y dolorosa muerte, el 14 de Julio de 2003.

El filme indaga en la personalidad más cotidiana del escritor, y es que de consensuarla se ocupan kiosqueras, tenderos de bar, dependientes de tiendas de wargames y ex-pasteleros. Es decir, la gente que, efectivamente, compartió con él la alegría de vivir, de vivir cada día, y cuyas palabras ilustran cómo “jamás hay que perder de vista que vivir y escribir no admite bromas, aunque uno sonría” [1].

Y es que una cosa que aprendemos viendo el documental es que  “la historia está siempre presente, influye en cada día de la semana” [2]. Porque la historia de un escritor se hace a cada minuto, en cada suspiro y al menor vahido; y es que, en realidad, un escritor puede estar más influenciado por el mar de Blanes (como Bolaño) que no por, pongámosle  (y aunque él mismo se obstinase en afirmarlo), Georges Perec.

También puede quedar uno influenciado por sus seres más cercanos, como lo está por su madre el escritor húngaro Péter Estarházy, quien confiesa que, sin embargo, no escribió  su última novela Sin arte (El Acantilado) exactamente para “esclarecer mi relación con mi madre” [3]. Pero tampoco afirma esto sobre Armonía Celeste, un libro de 800 páginas que, sin embargo, está  lleno de hilarantes ingeniosidades y dardos malvados, no tanto contra su padre, sino contra las diferentes (y posibles) aristas de su padre (reales o inventadas, tanto da).

En Sin arte, vemos más que la narración de una historia, el reflejo del rumor del pensamiento del autor, que divaga, vuelve y va, se contradice, duda, y continúa, y no tanto el típico recuento exhaustivo de las vivencias del escritor.

La gran virtud de esta prosa de Esterházy es que siempre continúa, que le queda carrete siempre; una prosa poderosa, pues, la suya, una infatigable pulsión (clásica, pero rabiosamente contemporánea) que condena a este libro a tener que arremolinarse en torno a escuetos fragmentos, que van superponiéndose al modo en el que se construyen las pirámides.

Y en el vértice, allá arriba, siempre intocable y magnífica: su madre.

Se podría decir, pues, que Esterházy utiliza una forma contemporánea del modernismo, a saber, contra el resabiado flujo de conciencia del personaje/protagonista, Esterházy se sirve de la técnica de la liana: como un Tarzán húngaro, va danzando de aquí allá, ora se agarra aquí en esta liana, ora en aquella otra, según lo que le va viniendo al paso, y dependiendo del viento, la inclinación del terreno o cualquier otra eventualidad.

Por ello, lo que dicta la narración no es tanto la evocación pertinaz de un recuerdo que se relaciona a algo concreto, sino la mera cercanía sintáctica o semántica. Y ello, dota a la narración de una cualidad dinámica que es la que le da la vida, pues al estar en continuo movimiento (y es un movimiento de la más pura inteligencia), el libro está siempre vivo y saltarín sobre las manos de uno.

El libro se compone de 12 fragmentos (entre los que se incluye un epílogo) y que guardan cierta similitud con la idea de la recomposición del ser de Plotino; podríamos decir que esa suerte de luz concéntrica que se  reúne al final de la  novela y da valor a las 12 dispersiones (o fragmentos) del pensamiento, conforma un falo totémico y que tendría una forma más o menos poliédrica en su vértice, tal que un monolito.

Y en el seno de la construcción: la voz del escritor, su escritura, que avanza a bocanadas secas, que nada por la vida de las palabras al estilo mariposa:

brazada a brazada.

El único límite de este libro es quizá que el autor “percibe lo que está permitido y lo que no. Lo cual no es exactamente lo mismo que lo que puedo contar a mi madre” [4].

Y he aquí el nudo del libro, que no es un libro sobre la madre, sino, más bien, para la madre.

La novela empieza y termina con la madre de Esterhàzy, Lili (con una “l” y sin “y” [5], que no consigue hacerle entender a su hijo la teoría del fuera de juego del fútbol, con el hijo en el hospital, tras una operación en la pierna, “harto de que me cortaran la carne, de que me trincharan […] de que me trocearan” [6].

Es un libro también de voces, habla su madre, habla su padre, habla su tía Emma, su segundo entrenador, don Lajos “el Mago” (cuyas palabras “parecen caricias” [7]) el ídolo del balompié húngaro Puskas, Adalbert Tóth (otro jugador de fútbol), Kaszás junior (también jugador, hijo de un “artista” zapatero), su tío Sárli (que “jugaba a cartas con la policía y con otros organismos del poder democráticamente represores” [8] y les ganaba haciendo siempre trampas), su vecino el millonario disciplinado o Miki Görög, “prueba palpable de que la mente civil y la mente futbolística, la inteligencia, la sensibilidad, no son lo mismo” [9] (y que es a quien se le dedica el epílogo).

En fin de cuentas: una especie de voces que hablan desde el cementerio, todos muertos, pues.

Lo podríamos resumir de la siguiente forma:

“El que piensa acerca de lo que ha contemplado lo recuerda, a menudo tan nítidamente que lo ve de nuevo, y no sólo una vez más, sino de otra manera” [10].

O dicho en las propias palabras de Esterházy: “mi yo observador […] observaba y observaba y sólo veía y admitía en el mundo aquello que ya había observado” [11].

En un momento el libro se rompe, allá por la página 189, coincidiendo con el capítulo dedicado a la “Despedida de los protagonistas y de otras unidades lingüísticas”. Es decir, los propios protagonistas, sus voces yermas enfrentan descaradamente al autor, acusándole, diciéndole: “eres un personajillo de mierda” o “siempre ha seguido igual de arrogante […] Creído. Vanidoso [..] soberbio. Exigente. Gallardo” [12].

Para acabar con la siguiente certeza: “mueren todos de los que se habla” [13].

Y sólo queda el recurso ya al sueño, el protagonista sueña con su madre en sueños recurrentes y siempre vergonzosos, a pesar de que “no cabía la menor duda de su realidad y veracidad” [14].

El libro de Esterházy es uno de esos que uno nunca quiere que se acabe.

Un libro que, utilizando un símil futbolístico, juega en primerísima división, de los que se disputan siempre la Champions League, para alegría de su madre, quien nos confiesa –premonitoriamente- que “no me aguarda nada salvo la muerte [...] Sólo la muerte y la Champions League[15].

La grandiosidad de Esterházy es que no puede evitar ser profundamente húngaro, pero, sin embargo, escribe à-la-mediterranea. Así, el estilo de Esterházy se puede definir en boca de su madre: “ser personal y atenerse al mismo tiempo a los usos y costumbres” [16].

En este libro en particular, el estilo se configura en una estética de largas, interminables frases, que se encadenan unas a otras, ocupando páginas enteras, entrelazándose, mezclándose: dialogando entre sí, ellas también, igual que todas las voces de los diferentes personajes de la narración, principales y  secundarios.

En el libro hay guiños a Handke, Miloscz y Kertesz, a Goethe, pero sobre todo a Thomas Mann y a Lampedusa. Y claro, muchas menciones futbolísticas de parte de la madre, para quien, todo en la vida es igual a un campo de fútbol. Una madre excéntrica y corajuda que encuentra ante la barbarie de la dictadura una salida en el fútbol. Y ello porque en el terreno de juego no se juega “a partir del miedo [..] [sino] a partir del juego” [17]. Sus observaciones y la afrenta de su hijo, quien nos dice que “toda mi vida he odiado el fútbol” [18], producen las partes más hilarantes del libro. Sin menoscabo, por supuesto, de un padre no menos excéntrico y entusiasmado por la cosmogonía swedemborgiana de los ángeles, y que aprovecha cualquier situación para hablar de ello, con cualquiera que se le cruce.

Podríamos encontrar en cuanto a la simbología espacial cierta resemblanza con la novela de Antonio Tabucchi Tristano muere, cuyo protagonista se halla también en la cama, pronto a la muerte, con la pierna gangrenada, y quiere “perdurar en palabras escritas” [19];  para tal propósito contrata a un escritor, para que le escriba su historia, con el convencimiento de que en él “ha quedado el deseo, aunque no quede la carne” [20].

Y donde sí que no queda ya ni deseo es en S. O la esperanza de vida, el juego de máscaras falsarias en el que Alexandre Diego Gary, hijo de los suicidas Jean Seberg y Romain Gary, pretende conjurar su vida (pasada) para tratar de buscarse una solución (para su vida futura).

La historia va así, Gary vive bajo el nombre de Sébastien Heayes durante una serie de años, tratando de huir del reflejo sombrío y suicida de sus padres, hasta que llega un punto en el que se convierte en El hombre de San Sebastián, y que es el momento en el que comienza este libro.

Allí, frente a un apartamento del la Playa de la Concha, el escritor (pomposamente llamado el Hombre de San Sebastián, en adelante El Hombre) se las ve con las palabras, que “salen y dicen lo que quieren” [21].

Así, el resto del libro es una representación en la que Gary trata de contarnos esta pelea entre él y el lenguaje que nunca nos acabamos de creer demasiado. O que, en cualquier caso, nunca conseguimos sentir. Y ello porque la distribución de los símbolos en el esquema de la novela no acaba de cuadrar bien.

El resultado es que, de un lado, aparece el lamento de un adolescente por la pérdida de la madre (y pensemos que la madre no tenía la custodia) y por el otro, un padre ausente, al que “a menudo la depresión y la melancolía [le] sumían en el silencio” [22]. Un insensible, que sólo lloró “cuando murió Malraux y cuando murió el viejo perro amarillo Sandy” [23].

Contra esto, El Hombre sigue la filosofía primaria de “soy duro, soy fuerte” [24] que heredó de su abuela a través de su padre. La dificultad de la empresa narrativa radica en el hecho de  “qué delicado es hablar cuando se tiene algo que decir” [25] y, así, hay mucho mutismo artificial en las páginas del libro.

Lo más interesante, empero, es su  intento literario,  y es que, no en vano, Gary estudió en la Sorbonne de París y así, se dispersan durante el libro diferentes notas cultas. Sobre todo una, a la que se recurre con insidiosa tortura: la mención al libro Dulce Jueves, de John Steinbeck.

Hay pasajes realmente tiernos, despampanantemente ingenuos, escandalosamente naïves,  pero no ha de olvidarse que la vida de el pobre Alexander Diego Gary se truncó en un punto bien difícil de su desarrollo afectivo e intelectual.

En fin, téngase en cuenta que quien escribe, a pesar de tener casi cincuenta años, mira con la mirada candorosa de un protoadolescente.

La estructura de la novela (sobre todo a nivel del párrafo), así como el modo de secuenciar las idea, irónicamente, se asemeja con vergonzosa claridad a las de aquel que escribe bajo el pseudónimo de Antoni Casas Ros. Además, llama la atención que El Hombre (y sin venir a cuento) pose la mirada en diversas ocasiones en los travestís que se encuentra y el hecho de que nos diga que tiene dos novelas escritas (de las que se avergüenza). Convendría recordar, además, que ya en la familia Gary tenemos precedentes de esto: su papá ganó el Goncourt primero con su nombre y, años después, con el pseudónimo de Émile Ajar.

Sirva pues la emulación paterna (en lo tocante a los heterónimos) como superación necesaria del padre y afirmación de la individualidad y esta novela como batalla ganada a ese intento de “desde los quince años […] de escribir libros” [26].

Porque como El Hombre bien dice “ya no le temo a nada. Ni siquiera a escribir” [27].

No podemos pues sino saludar a este libro como una ejemplar manifestación de catarsis no tanto personal (para nosotros, lo menos interesante) como de formación del escritor adulto.

Para finalizar, podríamos decir que donde Esterházy formula una versión contemporánea del Libro de Los Muertos, y que, con ello, ayuda a los protagonistas a superar el juicio de Osiris, en Gary, diremos que se trata de una versión ligeramente más prosaica o licenciosa, algo así como “la gran orgía de los muertos” [28].

Esterházy quiere la eternidad de sus muertos, y Gary más bien “necesita el silencio, Que cese el guirigay […] recuperar el libre albedrío” [29] porque “la posteridad, para los que se quedan, no es vida” [30].

Podemos decir que, ambos, y con holgura, han superado sus metas.

Y caminan (esperemos) ya en paz.

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[1] Enrique Vila-Matas. La ausencia de Bolaño. El País. Babelia. 6-09-2003.

[2] Péter Esterházy en conversación con Braulio García Jaén. “La historia está presente en cada día de la semana”. Diario Público. 17/06/2010.

[3] Péter Esterházy en entrevista con Olga Pereda, “Me gusta definir al escritor como un albañil”. El Periódico. 22-06-2010.

[4] -[9] & [11]-[18] Péter Esterházy. Sin arte. Traducción de Adan Kovacsics. Ed. El Acantilado. Barcelona.  Mayo de 2010. [págs 184, 210, 12, 196, 205, 215, 184, 192, 193, 203, 73, 210, 165 & 159]

[10] Miguel Marías. “El arte de recordar (prólogo)”. Incluido en Donde todo ha sucedido (Al salir del cine). Javier Marías. Ed- Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. Barcelona. 2005.  [pág 13]

[19] & [20] Antonio Tabucchi. Tristano muere. Ed. Anagrama. Barcelona. 2004. [págs 20 & 42]

[21]-[30] Alexandre Diego Gary. S. o la esperanza de vida. Traducción de Ignacio Vidal-Folch. Galaxia Gutenberg/Círculo de lectores. Barcelona. 2010 [págs 29, 19, 26, 88, 147, 150, 154, 26, 21 6 12]

<<<Bola Extra>>>

——–> Aquí,

en el bar Schilling (C/ Ferrán, 25),

es donde comenzaban las borracheras barcelonesas

de Alexandre Diego Gary.

Leemos en la página 135 de su libro S. o la esperanza de vida:

“Mis días, es decir mis noches, comenzaban hacia las cuatro de la tarde [...] Primero iba a un bar cercano a la pensión, al otro lado del passeig del Born, cerca de la plaza de les Olles [...] un bocadillo pequeño y dos vinos [...] Luego, recobrado, eliminado el temblor gracias a esos vasos de alcohol, recorría el paseo Marítimo y pasaba ante Correos para llegar a la Via Laietana, que remontaba a lo largo de quinientos metros. Llegaba así al carrer Ferrán, a la izquierda de la Via Laietana, justo ante el mercado de Santa Caterina y la plaza de la Catedral.

Allí era donde comenzaba mi ronda propiamente dicha, así comenzaba mi inmersión en la noche en plena tarde.

Por lo general en el Schilling“.

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Escritor en Allak – Ironía y Juventud

La juventud es siempre un anhelo,

porque cuando se vive en ella no se la reconoce (y esto gracias al efecto de tratar de borrar sus signos) y cuando se nos pierde, la echamos de menos (y se procede, en consecuencia, con el infructuoso acto de la tétrica  imitación).

Es así, pues, que la juventud, igual que el anhelo, es cosa que nunca existe.

Pero, eso sí, como el amor, y así nos lo dice Claudio Rodríguez en Don de la Ebriedad, produce el efecto de que “nunca ve en las cosas / la triste realidad de su apariencia”.

O dicho de otra forma –también en verso y en la voz de Claudio Rodríguez-: “nada es igual ni se repite”.

Y es que los así llamados jóvenes detestan ser jóvenes y se procuran actitudes maduras (y engañan gracias a este ardid a la juventud);

y los así llamados seres adultos quieren ser jóvenes y se comportan y visten lozanamente, pero lo que habita en ellos, gracias a estos gestos imposibles, es el estado del ridículo.

Y esta es, en fin de cuentas, la razón por la que la juventud sólo admite en nuestro imaginario (colectivo) la revisión irónica.

Por la razón de que se sabe que es algo inapresable y además quizá estúpido. Pues todos los rasgos de inconsciencia, terquedad, estulticia y sinrazón andan asociados a la juventud. Y nadie quiere ser inconsciente, ni terco ni idiota ni un mentecato, estando ya en la edad adulta.

La infancia todavía puede rescatarse ingenuamente, alegando su inocencia y pureza y falta de maldad. Pero con la juventud no se puede hacer eso.

Así, no queda otra que tratar de reírse de los imbéciles que alguna vez fuimos, con el propósito pues, de recordar no tanto a futuros jóvenes como a marchitos adultos que juegan a ser jóvenes, lo incongruente de querer dar valor a algo de valor más bien dudoso.

Félix de Azúa, que ya a finales de los ochenta (cuando escribió el libro que sigue) andaba por la cuarentena, lo vio claro en su Historia de un idiota contada por él mismo (o el contenido de la felicidad).

Vio, pues, que el aprendizaje de la juventud es más bien nulo, porque se obstina en la búsqueda, y la razón sería la contraria: que hay que prestar “atención a lo que se ENCUENTRA, y no a lo que se BUSCA” [1].

Cabría mencionar que, como siempre sucede en la prosa de Azúa (y más todavía en el recorrido de su pensamiento), no es que se salte varios tramos del razonamiento y que ofrezca de manera súbita la conclusión, así a bocajarro, sino que las conclusiones son harto discutibles.

Azúa, un retórico consumado, sabe bien de las trampas dialécticas y así, esconde siempre una parte de la proposición (la que se adivina falsa) para ofrecer solo un posible origen (no necesariamente el verdadero) y un pretendido final del pensamiento. Es ágil y brillante, eso no se le puede discutir, pero tramposo. Y es que baraja los conceptos del mismo modo que un mago lo hace con las cartas.

Y, al final, nos ofrece la que más conviene a su truco.

Ello no es óbice para no disfrutar de la lectura de esta pequeña obrita (lo digo sin demérito, más bien al contrario), una perfecta diatriba fundamentalmente contra las artes de la juventud, que son la ingrávida estulticia y el papanatismo. La conclusión para Azúa es que la juventud no es más que un pertinaz olvido que se recuerda sin saberlo con una sonrisa en el rostro, pero sin saber a ciencia cierta qué es lo que se recuerda.

Así, ya lo dijimos, de nuevo: un anhelo inconcreto.

En Historia de un idiota… encontramos dos pivotes centrales: Diario de un seductor, de Kierkegaard y Amor y pedagogía de Unamuno. A estos dos pilares habría que sumarles la astracanada y la sorna propias del ingenioso Azúa.

La obra goza, y esto a pesar de su intención postmoderna, de la estructura clásica en tres partes que aquí, para añadir disfrute lector, se concretan en: a) crítica a la religión católica, la graciosa sexualidad izquierdosa y los órdenes militares  b) carnavalada à-la-Petronio y c) roman à clef con Carlos Barral como principal diana a la que lanzar los dardos.

En suma, diversión y disparate, una humorada que, con un serio trasfondo filosófico, nos viene a decir que la juventud no sirve para nada.

Una prueba más de que la juventud no es más que un escollo (o un embrollo) es que yo esta obra ya la había leído ocho años atrás, y no me había enterado de nada.

Para continuar mi investigación sobre la juventud y la ironía me he andado con otra novela que ya había leído anteriormente: la revisión paródica que Enrique Vila-Matas hace de sus años de aprendizaje en París no se acaba nunca, título que procede de otra obra de Hemingway, escrita al final de su vida, también sobre sus primeros años en París y que se llama Moveable Feast (traducida en español como París era una fiesta).

Aquí el proceder del narrador es diferente, porque don Enrique mezcla situaciones que podemos suponer verídicas con muchas otras que son claramente una invención.

La obra, que en esta segunda lectura me ha recordado -vagamente, eso sí- a  Una dulce destrucción, de Hugo Claus está estructurada como pequeños fragmentos independientes (y de hecho algunos de ellos se han reutilizado para otros libros), al modo de sketches cuya unión podría venir dada por una cuartilla que –supuestamente- Marguerite Duras le entregó al joven Vila-Matas y donde se le expresan 7 puntos sobre los que debería versar la escritura de una novela, en esta caso la primera de su autor: La asesina ilustrada.

La novela es disparatada, divertida y es la única novela en muchos meses cuya lectura me ha mantenido despierto en la madrugada.

Diré, no obstante que, en esta mi segunda lectura, me ha sucedido que mis sospechas de la primera vez (y que me hicieron abandonar la lectura de la obra) se han visto confirmadas.

Estas eran a) que hallándose uno en la juventud ardorosa está inhabilitado para reconocer la ironía y la rechaza tajantemente y b) que el marco formal de conferencia de tres días en el que se fuerza a la obra es innecesario y resta, en lugar de sumar.

Y todavía una intuición:

es imposible escribir una obra de formación del artista cuando el artista aún no está formado. Y lo mismo sucede con la lectura si es el artista el que está en proceso de formación.

O dicho de otro modo: “sabido es que todo llega o acaba llegando y que a veces llega cuando menos lo esperas” [2].

Y me viene bien poner esto porque así se me aclaran lasa ideas y puedo expresar otra intuición que lleva acechándome hace tiempo.

A saber, que hay dos tipos de artista:

el artista digamos que ya se halla en la condición de, por decirlo así, ser un muerto ya en vida (y, por lo tanto, se permite ironizar, puesto que está más allá de todo), alguien que es “una memoria sin dueño” [3] y que tanto puede ser un niño como un viejo (o una suma de ambos),

y el otro tipo de artista, una suerte de joven perpetuo, en constante estado de formación; imbécil pues, sin remedio.

Huelga decir que la gran mayoría de los así llamados artistas jóvenes pertenecen a esta segunda categoría, navegando siempre “sobre un papel sin bordes” [4], como diría Carmen Plaza.

Pero bueno, ya saben que dice el dicho común que la juventud son dos días.

Se les pasará, sí, bueno…; ejem, o igual no.

Quién sabe…

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[1] & [3] Félix de Azúa. Historia de un idiota contada por él mismo (o El contenido de la felicidad). Ed. Anagrama. Barcelona. Decimoprimera edición. Noviembre de 1987. [pág 124 & 120]

[2] Enrique Vila-Matas. París no se acaba nunca. Ed. Anagrama. Barcelona. 2ª edición. Noviembre de 2003. [pág 65]

[4] Carmen PlazaLínea intermitente. En La Bolsa de Pipas. Esporles (Mallorca). Julio-Septiembre de 2010. nº 78. [pág 15]

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Yo vs. Todo lo demás

<<<CITAS CRUZADAS>>>

Es en los momentos de debilidad cuando aprovechan para reducirte a escombros[1]

[1] Félix de Azúa. Historia de un idiota contada por él mismo (o El contenido de la felicidad). Ed. Anagrama. Barcelona. Decimoprimera edición 1987. [pág 12]

Each man is an island[2]

[2] J. M. Coetzee. Youth. Vintage Books. London. 2003.[pág 3]

If you take someone else´s poison -thinking you can cure them by sharing it- you will instead store it within you[3]

[3] Michael Ondaatje. The English Patient.  Alfred A. Knopf. New York. 2001. [pág 45]

Lo sé, es deplorable. Pero ésa es mi suerte, vivo sin nostalgia[4]

[4] Enrique Vila-Matas. París no se acaba nunca. Ed. Anagrama. Barcelona. 2ª edición. Noviembre de 2003. [pág 136]

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Happy Bloom/Blúm/sday

Como todos Vs. ya sabrán,

hoy se cumple el 56 aniversario de la celebración del primer Bloomsday, y el 106 aniversario del día real en el que está enmarcada la odisea de Leopold Bloom, el héroe joyceano del Ulysses.

Muchos de Vds. recordarán también la iniciativa virtual del año pasado [Bloomsday 2009]  de Javier Avilés [Portnoy] -aquí- y que sirvió para rememorar la figura del viejo irlandés.

Harold & Blúm, conscientes de nuestra deuda con el gran genio de las letras inglesas, y ya despues de haber pagado tributo tanto en la convocatoria virtual del año pasado, así como habiendo bebido muy muy cerca de la antigua librería  Shakespeare and Company de Sylvia Beach (la de la calle de l´Odeon, no la así conocida como “Le Mistral” y rebautizada con el nombre de Shakespeare & Co.), en honor a la no menos heróica editora del Ulysses, este año hemos decidido homenajear al libro itself.

Nuestro proyecto lleva por titulo “Buscando a James Joyce (en mi pasillo)”.

En su primera fase consta de una secuencia de 7 fotografías ques vendrán acompañadas de una postal única (en edición limitada y numerada de 35) que estamos preparando para un proyecto de Revista Objeto que, en nada, ya les confirmamos.

También -y en breve- sacaremos una pieza de videoarte sobre el particular y sobre cuyo estreno (que esperamos sea en pantalla grande, ya me entienden), por supuesto, serán debidamente informados.

De momento pueden ir abriendo boca con la fotografía que cierra la serie:

Y el proyecto, al completo, en tumblr, pueden chequearlo aquí.

+ Sobre Bloomsday:

Si lo suyo va de pubs,

pueden celebrarlo en el pub Bloomsday Irish Bar en Barcelona -aquí-, si están en USA, vayan al Ulysses de Nueva York -aquí-  y si sucede que andan por Londres, el London Irish Theatre les irá requetebién-aquí-.

- El programa oficial del The James Joyce Centre -aquí-

- La orden del Finnegans -aquí-

-La crítica de Dublinesca, la novela joyceana de Enrique Vila-Matas, en la columna nº 17 de “Escritor en Allak”, titulada El talento Funeral (26-03-2010) -aquí-.

Clipping de prensa, blogs & tv:

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Periódicos españoles:

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1. [Un guateque de cerveza & literatura // El País - aquí]

-Eduardo Lago sobre Bloomday & la presencia en Dublín de la Orden del Finnegans

2. [Bloomsday, la feria de las letras también en Sevilla. Jesús Benabat - SevillaActualidad.com -aquí-]

-Juan Antonio Maesso coordina en Sevilla la celebración del Bloomday con mesa redondda y lectura del Ulysses.

3. [Un Bloomsday a la española. Paula Corroto -Diario Público -aquí-]

-Sobre la deuda de los escritores españoles con Joyce y el libro La Orden del Finnegans (Ediciones Alfabia)

4. [Tom Cruise en el Bloomsday - LaVozDigital.es -aquí-]

-Juan José Tellez aprovecha que el Pisuerga pasa por Valladolid para imaginar la improbable búsqueda de Molly Bloom por Gibraltar, Algeciras o Cabo san Roque (y de paso lamenta que no se celebre el Bloomsday en Cádiz y en Sevilla sí)

Recuerden pues aquellas palabras de Scott Fitzgerald: “Molly Bloom grew up in Gibraltar!’

5. [Bloomsday Marbella - Marbellamarbella.es- aquí-]

-En El Bodegón Café de Marbella los improbables expatriados (y el público en general) tendrán la ocasión de visionar el corto documental “A Stroll through Ulysses” escrito y dirigido por el director de cine irlandés Noel Duffy, y basado en las localizaciones reales del Ulysses, (re)visitadas 100 años después (el corto se rodó en 2004).

*Y por si no se deciden, amigos marbellíes, sepan que se servirá a los asistentes una copa de vino -o dos- y una tapa (gratis).

-Aquí pueden ver el anuncio en vídeo (un tanto bizarro) de la convocatoria del evento.

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Blogs:

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6. La vuelta al mundo -aquí-

-Juan Francico Ferré nos invita a leer el Ulysses con “desmitificación y fetichismo”, en un “contacto igualitario y pasional” y, para ello, ofrece sus particulares claves de lectura de ese libro “quizá demasiado humano”.

7. El lamento de Portnoy -aquí-

-Javier Avilés celebra el 16 de junio al grito de How grand we are this morning!, frase que cierra el capítulo sexto del Ulysses.

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Internacional:

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8. [Bloomsday 2010 - The Huffington Post -aquí-]

-Recorrido fotográfico de las celebraciones joyceanas por todo el mundo.

9. [A Gotham Bloomsday - Paper Cuts/The New York Times -aquí-]

-El escritor Robert Sullivan explica el sentido de las celebraciones americanas del Ulysses en Philadelphia (donde se encuentra el manuscrito joyceano), Nueva York (hay un cameo en el libro) y Buffalo (donde está el notebook del propio Joyce).

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Tv:

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10. [Bloomsday en Dublin - RTVE -aquí-]

-El programa de literatura y libros Página 2 hace un breve recorrido por las representaciones dublinescas de las escenas cotidianas que se narran en la novela.

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That´s all folks!
Enjoy your Bloomsday.

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Welcome, oh, Summer!

*

Son ya 25 semanas las que llevamos con Escritor en Allak, 25 fructíferas semanas de desvelos, algunas malas querencias, más alegrías y, por qué no decirlo, algún disgustillo, menor, claro, como siempre sucede con los libros, pues un buen libro, admirablemente, consigue borrar toda memoria de 1000 anteriores libros malos.

En general, todos los libros reseñados en la columna semanal (aquí las tienen todas) que comenzó un 4 de diciembre de 2009, lo han sido de manera positiva, y, sí, es cierto que otros tantos quedaron fuera por diferentes motivos; no todos ellos por razones referidas a su calidad, ha de decirse también.

Nos congratula que las columnas hayan sido adjuntadas en los dossieres de prensa de diferentes editoriales y autores (Alpha-Decay, Ediciones del Viento, Barataria). Mención especial -y agradecimiento- para Enrique Vila-Matas que la incluyó en su dossier de Dublinesca y a Alberto Olmos que lidió con ejemplar elegancia la crítica -parcialmente negativa- a su novela El talento de los demás (aquí).

Como todos los suplementos culturales de este país, así como esos ilustres blogueros a los que Vds. siguen, se tomarán vacaciones en Agosto y les dejarán huérfanos, aquí en Escritor en Allak, previendo la circunstancia, decidimos tomarnos el asueto anual ahora en el mes de junio, cuando todavía tienen Vds. a toda la escudería de la crítica en su mayor apogeo y que les acompañarán en sus desvelos lectores.

Así compartiremos su verano al completo, cuando todos se hayan  marchado y se queden Vds. solos y aterrados ante largas semanas con esa falta imperdonable de recomendaciones lectoras… entonces aquí estará, radiante y entusiasta, cada semana, su columna semanal de libros: Escritor en Allak.

Sirva esta nota para agradecerles su seguimiento y confiamos en que estas 25 columnas les hayan despertado al menos algún interés hacia los libros reseñadosy/o los temas mencionados.

Les dejó una fotografía como adelanto de la próxima columna que será publicada el día 02 de Julio de 2010. Cómo fácilmente adivinarán, la cosa irá de primeras novelas.

Entretanto, cómo no, el blog seguirá activo, como ha venido siendo desde su creación y hasta este momento.

*La obra que aparece al comienzo del post se llama Los dibujos y las cosas y es de Jesús Andrés (aquí su blog)

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Escritor en Allak – El talento funeral

“Cualquier estupidez puede propiciar la escritura de un libro” [1],

dice Salvador Moré, como para justificar su culinario ejercicio de llenar las páginas de su (pseudo)opúsculo La cocina del Raval.

A mí, que me gustan mucho las estupideces, el libro me ha abierto las carnes (las del hambre), más allá de “su buena dosis de narcisismo y nada más” [2], que parecen ser las razones primigenias por las que el autor justifica haberlo escrito.

Y así durante estos últimos días me he entregado a los placeres de esas “recetas sencillas con ingredientes fáciles de encontrar para digerir mejor la globalización” (del texto de la contraportada);

aunque será que no me ha hecho demasiado efecto el deseo propuesto por Moré (y que igual evidencia la estupidez de su libro) porque yo, contra el cosmopolitismo de mesa y mantel, me he dado con alegría y de bruces con la barretina y el castellet.

Vean, como ejemplo, mis habas a la catalana -free style, eso sí-

(explicadas en la pág 21 del libro):

Consciente del lugar de lo culinario en la escala de la literatura (y de la vida), y como para acabar de situar contextualmente su libro, concluye  Moré que “Las recetas son el último paso que empieza en los narradores” [3].

Pensando en esto,

y en el final no tanto de la era escrita sino en el de la inteligencia misma (que ha llevado el pensamiento a la fichita de coleccionable), he recordado con pesar unos versos de Maria Ángels Anglada (quizá también en nostalgia de cierto cosmopolitismo barcelonés) que dicen así:

“cremar en focs tebis de tardor / un parpelleig de primavera”  [4]

[quemar en tibios fuegos de otoño / un parpadeo de primavera].

Y es que -me- da la sensación (constatable) de que nuestra sociedad se halla justamente prendida en un incendio tedioso donde, a veces (ah, tan pocas veces!), brilla con vigor fútil el florecimiento mínimo de la incauta esencia de la vida.

Se dice que el genio individual no se halla(rá) por ninguna parte y es que, quizá, sea cierto su reverso: esa formulación que sostiene que el talento se impregna por dóquier, en cada cuerpo y cada alma (como quien dice); a saber, que todos tienen talento, sólo que sucede que bien pocos saben para qué.

Ese parece ser, al menos, el motto sobre el que indaga Alberto Olmos en la tediosa El talento de los demás, una novela construida en base de  lo que podrían ser (más o menos) tres nouvelles, sin mayor solución de continuidad que un nombre: Mario Sut.

La idea, que no deja de pecar de superficialmente provocadora, y tener mucho de ese aire à-la-lenguadetrapo, es brillante, de hecho, como todo lo que hace Olmos.

Pero el pecado es de forma y, sobre todo, de bilis.

Me explico: la novela de Olmos habla del talento, sí, del talento de los otros, sí, pero habla en términos de ese “triunfo del odio sobre el odio” [5]. Y, así, se regodea el escritor -más concretamente- no en el talento, sino en los aledaños del talento: en su sombra y representación.

De hecho, las partes primera y última -de tres- son las novelas (fallidas) escritas por dos de los infames protagonistas del grupo de wannabes del arte de la segunda parte (Alberto & Martín).

Cierto que la novela es ambiciosa y valiente, pero nunca puede ser arriesgada.

Y no tanto por la banalidad de su argumento, sino por la contradicción en la que se fundamenta, que “todos los triunfadores son farsantes, personas que simulan su discurso, ventrilocuos de la verdad “ [6].

Al proponer formalmente lo que se repudia en ella, la novela se destruye a sí misma como artefacto de peligro y se constituye en pantomima de su genuina crítica.

Lo diré en otros términos más sencillos: Olmos, que para nada es ingenuo en sus actuaciones, lo que hace es no sólo decirle al tonto lo tonto que es, sino emular los efectos de su tontuna. Y eso se llama, aquí y en Sebastopol, abusar de los chiquillos.

Porque incluso es Olmos tan listo como para evidenciar los errores clásicos que comete el bisoño narrador de historias: la magnificación de los símbolos, la construcción de un ridículo pasado trágico para el protagonista, el riego constante, desmedido  y chiripitifláutico del yo vulgar que se transforma en el de un enfant terrible de pacotilla, el paralelismo del categórico signo externo como metáfora de un estado del alma, etc etc etc

Mi reparo, además, viene con la constatación de que la novela pone de relieve todo lo abyecto que tiene aquel que deambula por el talento, porque es cierto que sí, que lo que “sobra(ba) era el talento. El de los demás”. [7].

Sólo que tener talento nunca significó que se pudiera utilizar para algo provechoso, bello o sencillamente ameno o relevante o pródigo.

Y esto es lo que demuestra con inteligencia Alberto Olmos. Pero es que esto ya lo sabíamos: que el talento, chico, per se, es inútil.

Como el mismo Olmos propone en la novela: “El genio no es elegirse genial y acertar; el genio es elegirse genial y posar “[8].

El talento de los demás son 318 páginas de complaciente y estéril pose genial.

Diré por último que me llama la atención el parecido (pálido) que tiene la estructura de El talento…

-y también en la musicalidad (en igual nota de la escala, pero en tono menor)-,

con la de Los detectives salvajes de Bolaño

(se siente el hálito caliente del chileno, caliente… como esa misma sombra del talento que huye despavorida frente a la barbarie) .

Y aún más, la similitud de la segunda parte de la novela, de ese Madrid de la primera década del siglo XXI con el Londres de los 90 de Antonio Álamo.

En fin, misterios del así llamado talento:

“Y es que, a veces una novela o una canción también tenían el que ser simbólicamente superficiales para parecer profundas” [9].

Pero es que, como todo el mundo sabe, entre el talento y la genialidad hay un matiz, muy tenue, vaporoso como todo arte mayor;

una ligera gradación sublime, pero que hace que el genio alcance una categoría superior a la del resto de los talentosos mortales.

Y la razón es que el genio no ha “nacido para lo superficial” [10],

porque en el arte lo que importa es “la obsesión desaforada, la presencia del maniático detrás de la obra” [11].

Así, buscando la agudeza del limbo, me mudo a la parte más alta de mi biblioteca y, de puntillas y muy erguido, leo Dublinesca, la última novela de Enrique Vila-Matas.

Como bien dice Masoliver Ródenas en el Cultura/s de La Vanguardia de esta semana, no se puede hablar de la mejor novela de Vila-Matas, por la sencilla razón de que todas lo son.

Y esto es verdad y es mentira.

Es cierto que, en cada momento de su carrera, Vila-Matas ha ido dando saltos mortales en el vacío y superando no sólo el estado imaginativo de sus coetáneos, sino su propia inventiva, yendo siempre, como decía John Cheever, “más allá” de su época [12].

Pero es que en Dublinesca se produce un interesante nuevo estadio en la obra del escritor catalán.

Y esto atiende a diferentes factores: cambio de domicilio, abandono de la bebida, cambio de amigos y muda de editorial. Aunque, a mi parecer, lo más importante es que, al fin, como todo genio, Vila-Matas se confronta a sí mismo, libre ya de ataduras, sin vergüenza ni temor a hallar el intrínseco vacío que implica todo hallazgo de la verdad.

Hasta este momento su obra estaba fundamentalmente regida por personajes que servían para la vehiculación de un contenido y que, en bastantes ocasiones, avanzaban en el abismo con cierta torpeza o desmesura; y dejémonos  de metaliteratura y zarandajas, simplemente lo que hizo Vila-Matas con su obra fue que le inventó una forma contemporánea a la clásica novela de ideas.

Una veces la construyó con una prosa ebria e incluso deslavazada, pero siempre obtuvo resultados generales pertinentes  y legítimos. Ahora bien, para que su excéntrico formato alcanzase las beldades de auténtica buena nueva (y así cumpliese el zénit hacia el que se dirigía) necesitaba de un personaje convincente y trágico.

Y este es el gran hallazgo de Vila-Matas en Dublinesca: Samuel Riba.

Digamos que sigue siendo cierto que su sintaxis está construida por las citas [13], pero ahora su narrativa ha encontrado un nuevo centro, que en armónica simbiosis, y de una vez, funde tradición y vanguardia, modernidad y presente, y le da un futuro plausible (¡por fin!) a la narrativa en castellano.

Y esto, además de gracias al encuentro de Vila-Matas con un verdadero alter-ego (y no algunos de los aviones de papel que antes le hacían de soporte), viene dado por una prosa contundente, firme, que embriaga no por el acohol que la contiene, sino por el néctar que el escritor, en la cima de sus poderes de control narrativo, le insufla con vitriólico ardor callado.

Porque hablar de Samuel Riba, el editor protagonista de la novela de Vila-Matas, es hablar del mismo autor y, al tiempo, de toda una época que se hunde y que, gracias a Dublinesca, encuentra un mínimo hueco por el que salvarse.

El argumento es sencillo: Samuel Riba, editor de sesenta años, otrora adalid de la edición literaria y dueño de una editorial de prestigio, tras haber vendido su editorial hace dos años, está sin nada que hacer, lleva 26 meses sin beber y se está convirtiendo en un hikikomori.

La novela, en su sentido más plano, puede leerse como la epopeya cotidiana y paródica de un jubilado sin mucho que hacer que se inventa un funeral simbólico para matar el tiempo, puesto que “después de todo, la vida es un ameno y grave recorrido por los más diversos funerales” [14].

En su sentido más trágico, puede verse como el responso terrible de una época que va de la epifanía literaria de Joyce a la afonía del agónico Beckett. De la literatura sagrada a la constatación del vacío. Un viaje desde la ciudad hacia la oscuridad. El movimiento melancólico de Barcelona a Dublin, o como dice Samuel Riba “el salto inglés“, es decir, un movimiento hacia Nueva York.

Dublinesca es una reflexión sobre la vejez y las desapariciones, una celebración de la crisis, entendida como “proyección de nuestra angustia existencial” [15], una constatación de ese apocalipsis que “ha estado siempre, en todas las épocas” [16] y, finalmente, una llamada a “los escritores verdaderos y los lectores con talento” [17].

Pero también es una enorme historia de amor, pasión y fidelidad, y un homenaje al apoyo brutal y definitivo de su esposa, Paula de Parma, sin la cual, estamos seguros (y se lo agradecemos),  jamás hubiese existido este libro y puede que ninguno de los muchos anteriores de Enrique Vila-Matas.

Y como ambivalente obra de significados múltiples que es, también Dublinesca representa un tranquilo paseo por las veleidades humanas y, como siempre, constituye un nuevo recuento valioso de heteróclitos escritores salvajes.

Dublinesca, en otro plano, significa la emancipación del sueño luctuoso que ha llevado a la razón de la humanidad del siglo XX no ha producir monstruos sino infames teóricos. Por ello es un paródico y muy serio funeral en favor de Barthes y Deleuze y Lyottard y Vattimo y toda la pandilla de sublimes teóricos de la nada y aquellos que, en las prácticas literarias, les sirven de epígonos.

Una novela sobre la ineludible premonición del destino: del genio, pues.

No les contaré el final y habrán de descubrir Vds. mismos si finalmente Samuel Riba encuentra al autor genial que lleva buscando toda un vida.

Sólo añadiré que como parte del homenaje, Ángela y yo hemos celebrado esta tarde de jueves (ayer, en realidad) también nuestro particular funeral por la era Gutenberg (con té y Guinness, claro),

y hemos gritado bien alto, bien alto y fuerte, con Vila-Matas, James Joyce, Samuel Riba y Philip Larkin y con John Ford:

“¡Somos nosotros, estamos aquí!” [18].

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[1], [2] & [3] Salvador Moré. La cocina del Raval. Ed. RBA Libros. Barcelona. 2006. [págs 157 & 149].

[4] Maria Àngels Anglada. “El vent”, incluido en Poesia Completa. Edición a cargo de D. Sam Abrams. Ed. Vitel.la. Bellcaire d´Empordà. Noviembre de 2009 [pág 72]

[5], [6], [7], [8] & [9] Alberto Olmos. El talento de los demás. Ed. Lengua de Trapo. Madrid. 2007. [págs 228, 204, 55, 202 & 205]

[10], [11], [12], [14], [15], [16], [17] & [18] Enrique Vila-Matas. Dublinesca. Ed. Seix Barral. Barcelona. Marzo de 2010.  [pág 248, 156, 312, 170, 121, 120, 119 & 325]

[13] Enrique Vila-Matas, en entrevista con Antonio Baños. Revista Qué Leer. nº 153. marzo 2010. [págs 56-60]

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(Er)Rancias – Capítulo 1

Aquí tienen el capítulo número 1 de la nueva serie de videoblogging (Er)Rancias.

Advierto que el archivo pesa un poco y tal vez cueste de cargar, pero la calidad es buena.

En este primer capitulo las secuencias narrativas se hallan unidas por la simbología de la mirada.

Ojalá les guste.

Créditos:

La frase insertada en el metraje está atribuida a Pere Gimferrer y se menciona en el libro “El Mal de Montano”, de Enrique Vila-Matas. Ed. Anagrama. Compactos. Barcelona. 2007.

El título de la canción que suena en la entradilla es “Hop Scotch”, y la interpretan Santo & Johnny.

Creative Commons License
(Er)Rancias – Capítulo 1 by José Sabater de Montfort is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.
Based on a work at lasoledaddeldeseo.wordpress.com.

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Difusa deontología del escritor [7]

1.

No es labor del escritor

juzgar la extrañeza de la vida o sus relaciones sinérgicas, sino ameritar su comprensión, pues contra lo que se piensa, que una vida se nos destile “comprensiblemente” es labor que debemos merecer.

Dicho esto,

se entenderá que habitar la casualidad como forma de vida es cosa que sólo se le debería permitir a las personas menores de siete u ocho años.

Porque lo hemos dicho cien veces: la casualidad no existe,

aunque tampoco es cierto su contrario.

O sea, no hay una causalidad estricta, pero sí una casuística con reglas de repetición o probabilidades.

Y así se me reveló esta idea el miércoles, que los sensacionales errores de la vida son como un premio que no es un premio,

como una confirmación de la sospecha: la sospecha de que la vida no tiene por qué ser peor que la ficción.

2.

Yo diría que la cosa empezó mal

porque hasta las once y media de la mañana -del miércoles- no conseguí dormirme (me distraje con una incomprensible tertulia radiofónica).

Me desperté a las dos del mediodía

titubeando a tropezones contra los muebles y sufriendo la inteligibilidad del habla entrecortada,

y es por ello que no me quedó más remedio que ducharme con rapidez y vestirme y salir a la calle a hacer unas gestiones que tenía pendientes

(Gestiones que conseguí resolver parcialmente).

Me fui después a un par de bibliotecas a devolver un montón de libros que ya tenía leídos y a sacar otro montón (que, obviamente, tengo sin leer -todavía-).

A este respecto

leo ahora (jueves de madrugada) unos versos de Philip Larkin,

del poema A Writer, que dicen:

“He knew, of course, no actions were rewarded” [1]

verso que en aquel momento de la tarde del miércoles no tenía el menor sentido, pero que  fue cogiendo sensatez según pasaban las horas.

Leí con placer las crónicas inventadas que de Barcelona hizo Vila-Matas en los años noventa ["Desde la ciudad nerviosa"] mientras estaba, como cada miércoles por la tarde (según es mi costumbre), en el Lletraferit.

Es obvio que todo lo que cuenta Vila-Matas es inventado y que jamás salió de su gabinete (supongo que tendrá gabinete y no despacho) para comprobarlo; y es que, de hecho, no le hacía falta.

Y esto lo supo quizá sabiendo aquello de lo que alertaba Larkin.

Le contestaría Larkin en el poema A writer, diciendo:

“He lived for years and never was surprised” [2]

Lo que significa que en la vida hay lo que ponemos nosotros.

Y esto depende de nuestros ojos. Otra vez Larkin:

“It was a gift that he possesed alone:

to look the world directly in the face” [3]

Claro que Vila-Matas lo pone en otros términos.

Él dice que:

“la realidad imita a la literatura” [4]

3.

Todo esto se comprenderá más fácilmente si seguimos con los hechos:

De vuelta a casa descubrimos que la muchacha no había venido la casa y que todo estaba habitado por el justificado desorden de los días anteriores.

La muchacha no había llamado, ni avisado, ni nada.

Como andaba muy cansado me acosté una media hora y a las siete y media volvimos a salir de casa.

Ángela me aseguró que había que coger le autobús 41 para llegar a una presentación de una revista a la que nos proponíamos ir, al lado de la Diagonal.

Y cogimos el autobús 41, que fue subiendo por Plaza Universidad y luego por Plaza Urquinaona y más tarde se adentró por Arc de Trionf (exactamente la dirección contraria) y nos apeamos.

Ángela, preocupada, me dijo que cogiésemos un taxi.

Yo me detuve y pensé en un verso de Miquel Partí i Pol que había leído esa misma tarde:

“Mireu-me bé: sóc l´altre” [5]

Entonces cogí a Ángela de la mano y nos quedamos parados en una esquina. Y me imaginé a mi y a Ángela, a esos dos que la realidad designa y que se iban a una presentación de una revista de poesía y dije en alto:

“no, qué va, para qué vamos a ir…, ya irán los otros, los de mentira…”

Ángela me miró, pero no con la preocupación de observar las consecuencias del equívoco sino con una extraña magia en los ojos.

Y sin tener que decir nada caminamos de la mano, en silencio.

Y subiendo una calle, sin querer, me detuve. Levanté la vista.

Y vi esto:

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Ambos fuimos conscientes entonces claramente de cómo no es una cuestión de azares en la vida, ni de premios ni  favores, ni recompensas, ni milongas, ni chácharas ni recelos.

Todo eso es la excusa del idiota. Y del mal escritor. Y de las malas personas, las que no confían ni someramente en sus propios recursos y por ello recurren a la responsabilidad ajena, echándole a la vida la culpa de todo.

Sucedió entonces no que nos hubiésemos confundido, sino que habíamos obligado a la realidad a que se equivocase para complacer a nuestros deseos.

Porque algo he de decir, y es que cuando volvimos a casa

(después de haber estado bebiendo varias jarras de cerveza para celebrar la sapienza del talento de los ojos que saben acertar qué es lo mejor)

y miramos el portátil, mis ojos no se extrañaron al comprobar que claramente en la web del TMB (transportes públicos de Barcelona) decía que el autobús que tendríamos que haber cogido era exactamente el 41,

el mismo autobús que justamente habíamos cogido nosotros y que, en contra de llevarnos a una (supuesta) fiesta de la literatura (al simulacro),

nos había llevado a la literatura misma (a la convincente realidad de la vida);

lo que significa que:

el escritor debe tener la mirada bien limpia y las córneas no apuntando a su ombligo sino siempre hacia el cielo,

por si acaso se le aparece el verso, la rima, el símbolo o la (pre)cuela de su novela misma.

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CONTENIDO EXTRA:

Hablando de cosas que tienen que ver con los ojos

y que ratifican que es cosa necesaria del artista el tener unas córneas decisivas,

el jueves a la tarde/noche (esta tarde) estuvimos viendo “Imperium Karnaval”, la inauguración de la exposición de las nuevas pinturas del pintor francés Stephan Guillais, en el Setba Zona d´art,

un espacio precioso con inmejorables vistas en la Plaza Real (nº 10, 1º, 2ª)

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Ya sólo con la declaración de principio de Stephan debería quedarles todo claro:

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Transcribo (por si acaso no se lee bien):

Pintar como uno descarga un camión lleno de muebles antiguos y frágiles. Pintar como cazar con arco y flecha en su jardín.

Meterse deliberadamente del lado equivocado para poder volver con regalos y un relato que ya no es más una historia pero que sin embargo cuenta algo. La delgada melodía interior que se desliza entre lo que llamamos dos instantes.

Pintar como se pintaban las cavernas o acaparándose de todo, poco importa.

Quedaremos frente a la imagen para por fin hablar con nosotros mismos.

Subrayen en sus cerebros esta idea: se crea desde la tradición, y se crea para revelarnos a ese otro que somos nosotros mismos. Es el único modo de ser modernos, tomando en consideración a los clásicos.

Aquí, un ejemplo, el autoretrato de Guillais que a mí me ha impresionado profundamente:

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Lo de que el arte nos acompaña, refleja e ilumina es totalmente cierto, ningún cuadro me ha impresionado de tal manera como este

(y ruego disculpen la baja calidad de la foto, tomada con la Blackberry, pues no consigue mostrar la hondura del cuadro)

desde que vi en Santander el autorretrato de Basquiat hace dos años.

Y no es gratuita la mención porque ambos tienen una marcada filiación por lo ancestral, lo profundamente humano y esa severidad gozosa del saber que uno está vivo.

Hay muy pocos pintores proteicos y que se fijen en lo fundamental, y Stephan es uno de ellos. Por suerte.

Y si quieren más razones para ir a ver la exposición, fíjense qué detalle tan de Harold & Blúm,

una antigua ducha de mármol blanco haciéndole la fiesta a uno de los cuadros:

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Y ahora algunos de los cuadros:

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Y la gente:

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[1], [2] y [3] Philip Larkin. A Writer, de Early Poems (1938-45), incluido en “Collected Poems”. Marvel Press y Faber & Faber. London-Boston. 1990.

[4] Enrique Vila-Matas. “La agenda de la mujer doble”, en Desde la ciudad nerviosa. Ed. Alfaguara. Madrid. Octubre de 2000.  [p. 119]

[5] Miquel Marti i Pol. Poema sin título, de Vint-i-set Poemes en tres temps (1970.1971), incluido en “Poesía completa”. Edicions 62. Barcelona. Marzo de 2008.

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Bloomsday (repercusiones & seguimiento)

***ultimíssima hora (22-Junio-2009):

Enrique Vila-Matas se ha sumado al proyecto Bloomsday con una fotografía tomada en Dublin.

Aquí.

***última hora:

Javier Avilés acaba de colgar un mapa con las ciudades de Origen

de cada uno de los participantes.

Pueden verlo Aquí.


festeggiamenti2004

Amigos que ya han colgado sus aportaciones al proyecto:


****Actualización de las 14:08 horas


1. Javier Moreno (Balada del Elefante Azul) [Lyon]

2. Miquel Adam (L´artista abans conegut com Subal Quinina)

[Ciutat Fastigosa (Barcelona)]

3. Alvaro Huertas (Quizá nos lleve el viento al infinito) [Glasgow]

4. Palumbus Columbus (idem)

5. Quim Roig (L´Efecte Jauss 2.0) [Arbúcies (La Selva)]

6. Albert Ullibarri (The Daily Avalanche) [Barcelona]

7. Eduardo Laporte (el náuGrafo digital) [Madrid]

8. Petrusdom (Montañas de silencio y profundos ríos de palabras) [Valencia]

9. Matts de Bloeff (Iceland bailout plan (9)) [Barcelona]

10. Jacinta Escudos (Jacintario) [San José (Costa Rica)]

11. José Montalva (Rumores y sombras) [Valencia]

12. Antartica (Le vertige des Abîmes) [Barcelona]


***Actualización de las 14:58 horas:


13. José Cruz Aceves (Jakalito) [Guadalajara (México)]

14. Jacobo Deza (La Senda de los libros) [Managua]


***Actualización de las 15:45 horas:

15. Omegar Martinez (omegar.org) [Ciudad de México]

16. Jorge Mayer (Días de Darcy) [Trelew (Patagonia Argentina)]

17. Cinthya (Crónicas de Aparador) [Barcelona]

18. Martín Gómez (El ojo fisgón) [Barcelona]

19. Alberto Haj Saleh (Reducir al mínimo)

[Kamloops / British Columbia (Canadá)]

20. Manuel Jesús Curiel Arroyo (El cuaderno amarillo)

[Plasencia (Cáceres)]

***Actualización de las 16:19 horas:

21. Zero Kevin. (Huellas de unos dedos congelados)

[Rubí (Barcelona)]

22. Salvador Leal (La vida irreal de Salvador Leal)

[Ciudad de México]

23. Ruben Ramos Nogueira (Fuga) & Rubén Ramos (Tea-Tron) [Barcelona]

24. J. G. Cozzolino (Sin pastillas) [Buenos Aires]

25. Said Javier Estrella (Andén Ocho)

26. Sheila la Ladrona (365 excusas)

27. Olavia Kite (Doblepensar) [Tsukuva (Japón)]

28. Carlos Be (Idem) [Barcelona]


***Actualización de las 17:12 horas:

29. José Luís Justes Amador (idem) [Aguascalientes (México)]

30. Rafael Hernandez (Artes Mecánicas) [Monterrey (México)]

31. El Llibreter (idem) [Catalunya]

32. Clara Osorio (Nabusimake) [Castelldefels (Barcelona)]

33. Tina Vallés (Ganxet sota les pedres) [Barcelona]

34. Kraven Sneijder (Fagiafilia) [Gijón]

35. Andrés Villaveces (Josef Pronek) [Bogotá (Colombia)]

36. Julian García (Un detective salvaje) [Amsterdam]

37. Pablo Galerna (Facetería) [Comala (Colombia)]


***Actualización de las 17:41 horas:

38. Grace (Slashing echoes) [Bogotá (Colombia)]

39. Luda (Luda 76)

40. Luis Bardamu (idem) [Dock Sud]

41. Beatriz Nava Dominguez (El último lugar del mapa)

[Ciudad de México]

42. Jildardo González (La Luna de San Mateo)

[Aguascalientes (México)]

***Actualización de las 20:52 horas:

43. ManoSuelta (Idem)

44. Visa para un Sueño (Majadería en México)

45. Cheenglish (Idem)

46. El Conde de Almaviva (Lindoro.Net 2.0)


***Actualización del día 18-Junio-2008 a las 12:51 horas:

 

47. Javier Elizondo (EstremecedoraMecedora) [Ciudad de México]

48. Bernardo Luis Munuera Montero (Desóxido) [Jaén]

49. Alicia Ancona (Alice Dice) [México]

50. Karla Olvera (KarlaTone) [Ciudad de México]

51. Ximena Gama (The Non Sewing Camara) [Bogotá (Colombia)]

52. Rafael Zamudio (Catatonia) [Tijuana (Baja California, México)]

***Actualización del día 18-Junio-2008 a las 13:57 horas:
 

53. Con Vocación de Espina (Dieginho) [ßogotá]

54. Edilay Peña Osorio. (Lo que dejo que pase de vez en cuando) [Medellín (Colombia)]

***Actualización del día 18-Junio-2008 a las 15:04 horas:
 

55. Mauricio Salvador (The art of fiction) [México D.F.]

56. Memoria Repetida (Idem)

57. Juan Lewin (La vida en Leiden)

***Actualización del día 18-Junio-2008 a las 17:12 horas:
 

58. Silvano Gozzer (Efecto Tunel) [Madrid]

***Actualización del día 18-Junio-2008 las 21:32 horas:

59. Javier Avilés (El Lamento de Portnoy) [Tarragona]

***Actualización del día 19-Junio-2008 las 01:42 horas:

60. J. S. de Montfort (La soledad del Deseo) [Barcelona]


 

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Joyce´sBooks

COSAS CURIOSAS (Sobre Bloomsday)

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Francis Scott Fitzgerald´s copy of Ulysses

Francis Scott Fitzgerald´s copy of Ulysses

-The memory of the dead, says the citizen taking up his pintglass and glaring at Bloom.

-Ay, ay, says Joe

-You don´t grasp my point, says Bloom. What I mean is…

-Sinn Fein! says the citizen. Sinn fein amhain! The friends we love are by our side and the foes we hate before us [1]

[1] James Augustine Aloysius Joyce. Ulysses. Penguin Modern Classics. London. 2000. [pp. 396]

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Leopold Bloom

Leopold Bloom, reincarnation of Ulysses


Bonus (extra): 
para los que no les apetezca transitar sus casi 1000 páginas,
pueden escuchar el Ulysses en el ipod mientras van de camino al trabajo.
Aquí

**Disclaimer: la hora de actualización no se corresponde necesariamente con la hora de posteo sino con la hora en la que ha sido chequeado el enlace.

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Things fall apart

1.

Los ensueños están interrumpidos, no hay recuerdos. ¿De qué sirve recordar? Este es el reinado del presente.

J.M.G. Le Clézio.” Tixcacal”

Es la esquina de la calle Elisabets,

donde los bancos, antes de cruzar la calle para la plaza del MACBA; allí donde patinetes y dueños de patinetes van y vienen de una a otra punta, no siempre en idéntica dirección. Y el roer de las ruedas contra el asfalto y el lijar la madera que vuela sola del patinete libre y atrás o a un lado, los huesos jóvenes de los patinadores que elásticos rebotan eternos contra el suelo.

Allí está,

y está acostado sobre ese banco metálico donde suelen descansar los skaters agotados de ver volar sus patinetes por un lado y sus huesos elásticos por otro.

Allí yace sobre el banco metálico. Y hace sol y el sol le calienta el rostro aniñado.

Tiene las piernas dobladas, las rodillas en alto, y es justo en sus rodillas donde apoya con una pereza majestuosa su ibook.

A su lado,

en el suelo, unos mocasines negros, y sus pies descalzos sobre el banco metálico. Me fijo en su barbita descuidada de postadolescente, que es algo más que una pelusilla pero no alcanza la barba rala del adulto.

Es uno más de esos skaters que pueblan la plaza del MACBA y sus aledaños, sólo que se da la circunstancia de que no puede ser un skater sino un escritor y de que tampoco es un rostro más de los pueblan alegremente la plaza del MACBA sino que es mi amigo D.

Esta presencia, en este momento, me turba.

Me quedo quieto, mirándolo, a D., exigiéndole reparación, o un descargo, una excusa; un motivo, vaya.

¿Qué haces ahí, tan desvalido y como posando para que yo te vea y reconozca por sobre todas las cosas?

2.

A vague chill had descended on him [...] then something had given way inside him. [1]

Camino con mi hermano V.,

él va hacia su trabajo, yo le acompaño, porque no voy a ningún sitio.

Ésta es mi vida, dejar que todo sea presente, sin permitir a la vida que las proyecciones de un futuro ni los sinsabores inventados del pasado se tornen reflejo absurdo del ahora, del incuestionable presente.

Así son las cuatro y cuarto de la tarde del miércoles. 25 de Febrero.

Y nada más que eso importa.

Acabamos de comer en un chino donde puedes comer cuantos langostinos seas capaz de llevarte a la panza.

V., yo y A.

Me gustan mucho los langostinos. Pero hoy no he comido muchos, por dos razones: porque hace apenas una hora que me he levantado (y no tengo para nada hambre) y porque los langostinos no estaban (para nada) buenos.

V. camina llevando de la mano su nueva Gretsch. Es una signature Brian Setzer, apolínea, de un azul eléctrico. De caja ancha. Con Bigsby. Absolutamente hermosa.

Yo camino, a su lado, también llevando un instrumento de música silenciosa, una guitarra magra que le canta mi perplejidad y asombro inverosímil a esta tarde de miércoles. La rasgo a lametones.

A. se acaba de marchar, tiene que últimar una conferencia que dictará esta tarde.

Son las cuatro y cuarto pm, exactamente. Miércoles 25 de Febrero.

3.

Mi hermano V. dice:

-No, qué va, no es.

Pero yo vuelvo indeciso al final de la calle Elisabets, deshago lo andado,

y miro, y remiro a D. que está tendido plácido sobre el banco metálico, y el sol le sigue encendiendo su rostro aniñado, y cuando noto que los ojos de D. se posan en alerta sobre los míos, cierro mis ojos.

Y yo también pienso: no puede ser.

Le corto entonces la electricidad a la vida. Y aguardo unos segundos en los que confirmo que, en efecto, no es D. Es del todo imposible, me digo, pienso y concluyo.

No sé de qué manera -me argumento-, pero hay cosas que superan la racionalidad de los sentidos y nos indican claramente -y sin ambage para la duda- si estamos equivocados o si estamos en lo cierto sobre nuestra sospecha.

Y ello, ya digo, sin tener que justificarlo de un modo deductivo. sin tener que justificarlo en absoluto.

Porque es como cuando notas cómo tu novia, o la persona que deseas o amas o anhelas, en la distancia, te está lanzando sus deseos de tocarte y tu piel inmediatamente se eriza. Y lo sabes. O tal ve ocurra que tu quieres que ella lo piense justo en ese momento y sea ella y ninguna otra quien lo haga, y así sucede.

Porque tú lo quieres.

Pues aquí, ahora, con D., lo mismo.

4.

Dice Constantino Bértolo que “la materia de la narración autobiográfica son las vivencias experimentadas como historia personal, la memoria plasmada narrativamente en recuerdos y olvidos [...] es narración deseada [2]

Estoy en el Lletraferit, como todos los miércoles, porque los miércoles viene M. a casa, la chica que nos limpia la casa, y es mejor dejarla sola. Porque es muy tímida.

El caso es que estoy en el Lletraferit, leyendo a Chinua Achebe, el cual me aborre hasta lo indecible. Pero continúo empeñado en leerlo.

Supongo que es un castigo que me impongo por haber puesto a mi pobre amigo D. en aquel banco del final de la calle Elisabets, sabiendo que es del todo imposible que estuviese allí, porque estará en Madrid, y, además, haberle puesto ese ibook sobre las rodillas y la barbita postadolescente y las mejillas encendidas, y haberme quedado tan ancho.

Leo a Chinua Achebe y me tomo mi café con leche. En el Lletraferit.

Y me fumo uno o cinco cigarros.

Como todos los miércoles a estas horas.

“Cuando pensamos o decimos una frase construimos el sentido de una realidad, ordenamos la existencia, la hacemos humana, la hacemos accesible, creamos un orden de relación con ella”, dice Constantino Bértolo [3].

Mientras tengo la vista perdida sobre las palabras desatendidas del libro de Chinua Achebe, Things fall apart,

y un grupo sentado a mi lado se carcajea y delibera sobre no sé qué cosas al parecer graciosas, pienso en D., en mi amigo, y pienso en porqué he querido que este mediodía mi amigo D. estuviese cercano a la plaza del MACBA,

y pienso también en que anoche -para mi asombro- soñé que Constantino Bértolo le llamaba a mi padre, y que éste no me decía nunca nada al respecto, hasta el día mi muerte (y esto me hacía enrabietar como un jabato, pues significaba que yo moriría antes que mi padre).

Y pienso

-y ya esto es ya el colofón de la pirotecnia- que Constantino Bértolo y mi amigo D. se parecen, no sé muy bien en qué, pero se parecen, hallo entre ellos convincentes similitudes, sorprendentes similitudes.

O acaso es mi mayor deseo encontrárselas.

Y ya para lo que no tengo la menor lógica (ni racional ni irracional) es que el viernes viajo a Madrid. Y tanto uno como otro viven en Madrid.

La suerte es que mi padre no vive en Madrid.

Pienso entonces en lo que dice Claudio Magris y que cita Vila-Matas: “escribir significa transformar la vida en pasado” [4].

Y así,

se me va deshaciendo toda lógica restante (racional o irracional) y me digo que lo único que podría hacer ahora mismo es dejar de escribir ya, ya mismo,

y ausentarme ocioso de la vida -e irme a la cama- y esperar hasta el viernes, a ver si hallo más pistas -ya en Madrid-

para todo este desaguisado de un miércoles que se pretendía tan normal

como todos los anteriores miércoles de mi vida.

[1] Chinua Achebe. Things fall apart. Penguin Modern Classics. London. 2001. [pág 45]

[2] y [3] Constantino Bértolo. La cena de los notables. Editorial Periférica. Cáceres. 2008. [pág 55 & 56] & [pág 155]

[4] Enrique Vila-Matas. El viento ligero en Parma. Ediciones Sexto Piso. Madrid/México DF. 2008.

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¡Viva Escandinavia!

logoub21

El proper dimarts, 17 de febrer, a les 12.30 h, a l’Aula Magna de l’Edifici Històric (Gran Via, 585), el professor emèrit de Literatura Comparada Jordi Llovet i el professor de la UAB David Roas entrevistaran l’escriptor Enrique Vila-Matas. El professor Roas posarà èmfasi en les qüestions d’història de la literatura i de teoria de la novel·la, mentre que Jordi Llovet incidirà en aspectes biogràfics de l’escriptor.

vila-matas6

*Nota: no cito la autoría de la foto, pues la desconozco.

Si alguien lo sabe, que me lo diga, por favor.


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Jóvenes discordantes

Hay millones de poemas que están bien,

pero no tienen importancia.

Gabriel Zaid para Letras Libres.

postfeminismo

1.

Echaba de menos esto:

dormirme deliberadamente tras la cena, vestido por completo; siquiera habiéndome sacado los zapatos. En la cama, pero no en la cama, sino entre la manta y el nórdico; quieto, clavado, una estaca torcida en diagonal sobre la cama de matrimonio. Un indicador de brújula averiado.

Sentir luego su cuerpo, al cabo de una cantidad de tiempo que no podría precisar, el de ella, la chica que se parece a Sylvie Vartan, su calor, los labios suyos que no son de Sylvie Vartan sino mejores porque cantan igual en francés y son cálidos no como los labios muertos de Silvye cantando “Il revient”, que es una flácida versión del “Say mama” de Gene Vincent.

Sí, y sentir como ella no me fuerza a moverme sino que se acomoda y dice: “¿duermes?”. Y contesto que no, e inquiere:

-¿Qué haces, entonces?

-Pienso en poemas de Yeats

-¿Yeats? ¿Pero te encuentras bien?

-Oh, claro…

2.

Lo echaba de menos, esto:

levantarme sobre las cuatro am, el pelo furibundo, cierto frío, pero bien, caminar anunciando mi paso nocturno por el parqué, el pantalón arrugado y una terrible erección latosa.

Y llegar sobre el ordenador,

encenderlo, sin poder apenas respirar y, con los ojos torpes pero sensatos, darle al calor bravo del cigarrillo, meter la nariz en el bote del café de etiopía y masticar el silencio atroz de la madrugada.

Y sí, seguir pensando en ese poema de Yeats (To a shade):

To drink of that salt breath out of the sea

[...]

Go, unquiet wanderer

3.

Echaba de menos esto, sí:

Saberme el primero de los hombres, despierto ahora, mientras todos duermen, mientras ella duerme… mientras tú duermes.

Sentirme soberanamente feliz por estar en ese no-lugar donde, a veces, incandescente y fugaz, aparece la poesía,

en esa ilusión de espacio que sólo habitan las gentes nómadas:

los repartidores de periódicos, unos pocos panaderos, las prostitutas y algunas afortunadas reporteras de informativos.

Y yo.

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