Al respecto de lo que dirimíamos el otro día, sobre el futuro de la literatura, tiene razón Darío Rodríguez -aquí- cuando dice que: “La literatura no murió. Sólo está muy ocupada como para acudir a tantas insulsas y estridentes fiestas”.
En esto pensaba mientras leía un poemario de la nicaragüense Claribel Alegría que compré esta mañana, se llama Otredad (Visor, 2011) y en él hay un poema que lleva por título “Invocaciones”. Dice así: “Invoco a la muerte / sin cesar / pero también invoco / a la poesía / que sé que me aleja / de la muerte”.
Moraleja: pues que lo que se ha muerto -si acaso- es una cierta concepción de la vida, no la literatura.
Entonces me he acordado de aquella serie que hicimos en La soledad del deseo -aquí-, la de Especulación del talento, al leer un extracto del dietario Ratas en el Jardín (Libros del asteroide, 2012) de Valentí Puig y que dice así:
“el nuevo rico nunca elige el esnobismo de la literatura porque eso le obligaría a leer. Se pierde demasiado tiempo. Vale más interesarse por la pintura actualísima: es más cómoda, también es decorativa y tiene un valor especulativo. No hace falta saber nada más: solo pagar y colgar el cuadro en casa” (p. 40)
Y leyendo un poco más, me encuentro con la siguiente solución:
“la cultura, como organismo, no vive de sustituciones ni de progresos que desplazan efectos anteriores. En la cultura siempre hay un ricorso, un retorno a las cuestiones esenciales del hombre ” (p. 68)
O sea, que es algo muy sencillo, se trata de hablar de esas cosas que nos son fundamentales, del amor y la muerte, los afectos, la ilusión, el goce, el deseo, la alegría y las penas, las incomodidades y el bienestar efímero y dejarnos de tanta cacharrería meta-conceptual y tanto victimismo latoso.
En tanto que haya un solo hombre o mujer preocupados por las inclemencias del estar vivo y se decida a indagarlas y piense sobre ellas y decida comunicarlas de una forma bella y verdadera (es decir, honrada), seguirá existiendo una literatura que de veras merezca llevar tan ilustre nombre; todo lo demás son monsergas y distracciones.







