1.
Dice Marcuse que ya no es posible el pensamiento negativo, ese que de veras puede afectar las estructuras de base de la sociedad postindustrial; es decir que no es que la libertad individual esté diezmanda sino que el pensamiendo y modo de vida se han convertido en algo unidimensional y, por lo tanto, no queda hueco.
Lo dije hace mil años, el logos se ha convertido en logotipo: palabra callada.
2.
Callados se quedaron también mis mocasines blancos. Fueron un regalo de mi mamá. Los despedí en Santander. Miento, los dejé deliberadamente olvidados.
El viaje se hizo para eso, para perderse de vista a uno mismo. Y hay partes de uno que es mejor ir dejando de lado, que la nostalgia es cosa que afecta a la moral, que la nostalgia es para los cobardes.
Y así siempre se reserva uno el derecho a volver a un lugar.
No sentí una despedida, como suelo acostumbrar, con Santander.
Me temo que volveré.
3.
El hábito acaba convirtiéndose en norma, la casualidad al final construye normas.
Así siempre llego a Madrid sin calzoncillos.
Y ello no solo porque sea la segunda parada en el camino. Esta vez no fue una excepción.
Llegué a Madrid el viernes, sin calzoncillos, pero con el alma elástica.
Una norma acaba siendo siempre comprar calzoncillos en Madrid. Compré unos cuantos.
Vi una exposición que me produjo tanto estupor como indignación, pero que en el fondo me ratifica (la verdad es el único requisito para el arte) en el Reina Sofía (Máquinas & Almas) y el Guernica.
Últimamente tengo algo personal con Picasso.
Después el Buckowski Club -aunque lo del aire acondicionado es mentira-.
Me hicieron bien las terrazas llenas del dos de Mayo y sus cubetas de libros viejos.
Los mayores descubrimientos de mi vida han sucedido en este tipo de tiendas, tanto callejeras como al uso (librerías de viejo). Descubrí a Cheever en una tienda cercana a la catedral de Granada. A Juan Carlos Onetti en Cuesta Moyano, a Alice Munro en Charing Cross, a Rilke en Ruzafa, a German Espinosa en Ctg, a Stendhal en Princep de Viana, etc etc etc
Y luego todo tipo de libros en la Plaza de la Virgen (Valencia): atlas, diccionarios, tratados de todo y nada, obras culinarias, antologías, historias particulares, libros de pintura, hagiografías, biografías, memorias, etc
Todo ello mezclado por el azar más misterioso.
Miscelánea.
Esto lo aprendí muy pronto, que la literatura iba a ser miscelánea o no iba a ser nada. Ni metaliteratura ni realista ni postmoderna ni leches. Miscelánea. El único que ha entendido esto en España es Julian Rodriguez.
4.
Y como todo no podían ser felicidades, pues llegar a Barajas y enterarme de que mi reserva no valía para un culo. Tener que comprar otro billete, demorar diez horas porque sí y al llegar a Bcn enterarme de que mi maleta está Roma.
Y ahora, martes a la tarde seguir sin mis cosas… no sólo la ropa, sino la pda, mi necesser, las libretas de notas para los essays, zapatos, chancletas, toallas, mi americana blanca, los libros, ¡mis calzoncillos nuevos! etc etc etc
Lo irónico es que es como si los objetos supieran de su suerte:
éste era el último viaje de esa negra y ya vieja maleta Samsonite.
El sábado pasado me regalaron una nueva Samsonite, rígida.
Por favor, si estás en Fumichino y ves a mi maleta, dile que vuelva, por favor, díselo.