Volvemos a lo arcaico.
A la esencia; ni florituras ni pamplinas. ni adornos ni nada.
Después de quemar todas las naves, volvemos a nado al gran Océano.
Lo ardido, por bien satisfecho lo tenemos.
Y ahí quedó: en el olvido. El trabajo de un año entero en Virtudes decadentes.
No importa.
Estoy satisfecho de todas las palabras que allí quedaron. Pero ni quiero recordarlas ni quiero que sigan existiendo.
No guardé copia. No soy tan menestereso.
Me gobierno al decir de los antiguos: la gloria es cosa de revalidarse a diario.
Así que nada del latoso compadecerse por esto y por aquello.
No, fue fácil hacerlo durante esos casi catorce meses, prácticamente cada día.
Será sencillo volver a hacerlo.